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— ¿Y cuánto duro su relación?

La pregunta resonó en su mente como si fuera un eco, un pequeño sollozo salió de su garganta que de por si ha estado comprimida por mucho tiempo desde que él se fue.

—Ten un poco de filtro si quiera, Shoko — regaño el rubio golpeando a la nombrada con el pie. 

—Ni que haya dicho algo malo, señor perfecto — gruño la pelicastaña rodando los ojos, le tiró con una pequeña cuchara algunas ciruelas, ahora Nanami soltaba un suspiro exhausto por la conducta infantil de su amiga.

— Tres meses....Él se cambió de habitación, ya no viene a la cafetería, se alejo de todo y de todos y gracias a mí

Satoru golpeo su cabeza contra la mesa, chasqueando su caja de juego como si estuviera en un bar pidiendo otro trago, parecía esos hombres que saben que la han jodido horrible con su esposa y que tomara mil años para que los perdone o los vea a la cara.

—¿Pues que hiciste, Satoru? — preguntó burlona Shoko, viendo con cierta gracias todas las cajas de jugo alrededor de él. El rubio se acercó más para escuchar.

— ¿Por dónde empiezo? 

Y así empezó su trágico relato, sus dos mejores amigos lo observaron en silencio, estaban paralizados en sus propios asientos, escuchando los horrores que él decía entre lágrimas. Esto era duro. Ni dándole los regalos más costosos o entregándole las llaves de un lamborghini lograría obtener su perdón.

—Satoru realmente estás jodido 
— susurro la joven en un tono decaído, hasta ella se hubiera ido si alguien le dijera esas palabras.

—¿Qué mierda te pasa? Podrás ser un orgulloso, infantil, ridículo e irresponsable, ¿pero esto? ¡Fuiste una basura con él! — gritó Nanami molesto e indignado, golpeando la mesa con pena. 

Quizás no hablaba mucho con Geto, pero era un buen chico que tuvo una vida difícil y sufrió bastante para que el idiota de Satoru venga a darle esperanza y después joderlo. 

Satoru tragó con dificultad, buscando las palabras correctas para describir lo que sentía. 

— Lo herí....y no sé cómo perdonarme. Después de enterarme de que mi cáncer pulmonar se había reactivado, reaccioné como un idiota....como si todo lo malo fuera culpa de él. Lo llamé monstruo, lo dejé ir sin pensar en lo que realmente importaba....

Nanami y Shoko intercambiaron una mirada, sorprendidas por la gravedad de la situación. La pelicastaña, quien solía ser la más relajada del grupo, frunció el ceño. 

— Satoru....¿estás diciendo que tu cáncer ha vuelto? ¿Es muy grave? ¿Tú vas a morir?

La habitación se llenó de un silencio profundo. Nanami, que siempre había sido el más tranquilo y racional, ahora no sabía qué decir. La noticia era tan inesperada que no podía procesarlo por completo. Shoko se pasó una mano por el cabello, tratando de encontrar las palabras adecuadas. Las lágrimas se asomaron por las cuencas de sus ojos, tapando su boca.

El peliblanco apretó los puños sobre la mesa, como si quisiera que el dolor físico de sus manos pudiera hacer desaparecer la angustia que lo devoraba por dentro. Su rostro, usualmente tan seguro, ahora estaba marcado por una desesperación incontrolable. Su voz, aunque baja, llevaba el peso de un sentimiento que parecía consumirlo por completo.

— No me importa morir por mi enfermedad. No me importa....Si Geto no está en mi vida, ¿Qué sentido tiene seguir adelante? No sé cómo seguir sin él. Todo lo que me queda es el vacío....la desesperación de saber que he perdido a la única persona que de verdad me importaba

❝𝐀𝐦𝐨𝐫 𝐄𝐭é𝐫𝐞𝐨❞ || [𝘚𝘶𝘨𝘶𝘴𝘢𝘵𝘰]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora