quatorze

2.7K 257 92
                                        



4485 PALABRAS DEL PRESENTE

—Eres muy guapa.

Los ojos de Amelie dejaron de mirar la televisión de la sala y se giró hacia Rose, que la miraba con atención. La chica sonrió un poco y negó con su cabeza.

—No lo soy.

—Lo eres —aseguró, sus ojos pasando por el rostro de la joven, que no supo que decir—, yo suelo maquillarme más, ¿Sabes?

—¿Si?

—Ujum... —asintió—, le gusto mucho a los chicos de mi barrio.

—¿Y Alex no se pone celoso?

—¿Alex? —preguntó entrecerrando sus ojos. Amelie sintió un vuelco en su estomago—. No conozco a ningún Alex.

La joven pestañeó con impresión para después carraspear. No quiso pensar en aquello. No quiso pensar en qué ya había olvidado a Alexander. En que había muchas veces que ya no recordaba cómo agarrar el tenedor, o ir al baño.

—Me he confundido, perdón.

—¿Es tu novio?

—No, yo... —negó con su cabeza y quitó la mirada—. No tengo novio.

Rose no dijo nada, y Amelie miró el programa en la televisión de la sala de estar de la residencia. Un mes había pasado desde que se había ido, desde que había dejado el negocio, a sus amigos. Treinta días desde que su vida había un giro tan grande que seguía mareada y con nauseas, sin poder ver bien lo que tenía al frente. Una sensación de inestabilidad total.

—¿Cuántos años tienes?

—Dieciocho —sonrió un poco y Rose asintió lentamente—, ¿y tú?

—Dieciséis —dijo con un matiz de obviedad, Amelie dejó de respirar—, eres mas mayor.

—Si... —murmuró mirando a la mayor—, solo un poco.

—Creo que... —dejó salir el aire por su nariz y la miró con una timidez propia de una adolescente—, que de mayor quiero ser guapa como tú.

Amelie ladeó un poco su cabeza y sonrió con ternura. Su mano dejó de apoyarse en el brazo del sillón y fue a la mano de Rose que sonrió un poco. La castaña sacudió la cabeza y apretó la mano con cariño.

—Yo soy guapa como tú, Rose.

Una sonrisa salió de los labios agrietados de la mayor y su nariz se arrugó un poco. Amelie la imitó y Rose se sonrojó un poco.

—¿Y...? —comenzó a decir lentamente la mujer—, ¿Y vives sola o con tus padres?

—Sola —Rose alzó sus cejas con impresión—, en una casa muy bonita.

—¿De verdad?

—De verdad.

—¿Y crees que... —miró a los lados para después acercarse un poco a la castaña— que podríamos ir?

Amelie sintió un vuelco de emoción en su estomago. Desde que Rose había sido ingresada en la residencia, hacia casi un año, no había vuelto a casa. Nunca había pedido volver, ni cuando su memoria era mejor que ahora. La castaña tampoco había brindado la posibilidad, más que nada por qué había dejado de reconocerla, y quizás invitarla a su casa seria algo que asustaría a su abuela. En parte, si era sincera consigo misma, la idea de qué Rose volviera le emocionaba y, a su vez, era algo que no quería hacer.

La ultima vez que Rose estuvo en casa todo era mejor. La reconoció antes de irse, le dio las gracias, pese que después la olvidara camino a la residencia. Amelie le gustaba pensar que esa parte de su abuela, donde aun sabia quienes era, se había quedado ahí. Pensaba que si ahora iba con su abuela, que ya no recordaba ni a Alexandre, todo lo vivido ahí dentro se borraría. No quería aquello, no quería emborronar todos esos recuerdos donde volvía casi todos los días, sobretodo en aquel ultimo mes donde la casa estaba completamente vacía.

ᴀɴɢᴇʟ // ᴊᴊ ᴍᴀʏʙᴀɴᴋDonde viven las historias. Descúbrelo ahora