vingt

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—¿Seguro que estás bien?

—Seguro, Amy —dijo con la voz ronca, pero con una sonrisa, Frank. Amelie torció el gesto.

—¿Sabes qué? —alzó sus manos y las sacudió, quitando importancia—. Me quedo, me quedo.

—Amelie... —trató de decir Frank, siguiéndola con la mirada cuando está se levantó—, estoy bien.

—Si, pero el Enduro es para perdedores —aseguró para después agarrar el mando que estaba en el colchón y encender la tele, volviéndose a sentar en la cama—, y como no lo somos...

—No me voy a morir en lo que tardes en volver, Amelie.

Los ojos de la chica dejaron de mirar los dibujos animados que hablaban entre ellos y se giró a su padre. Un nudo en su garganta se hizo presente.

Frank Wilkinson desde hacia dos meses había tenido una recaída bastante grande, tanta que él cáncer se había propagado por el cuerpo del hombre. Y, desde hacia un par de semanas, su cuerpo rechazaba cualquier tratamiento. Había llegado a un punto donde no tenia fuerzas para comer solo, y a duras penas podía comer alimentos sólidos. Se pasaba el día medicado para el dolor y medio ido.

Jane, desde entonces, no había vuelto a irse a ningún viaje. Amelie sintió un mal augurio cuando gente que no conocía comenzaba a aparecer en su casa, yendo a la habitación de su padre para despedirse de él.

—Te lo juro —sonrió levemente y trató de mover su mano sin mucho éxito—, estaré aquí, drogado y vivo.

—Frank...

—Nunca me iría sin despedirme de ti, mi vida —susurró, su meñique rozó el de Amelie, que los miró un segundo. La mano de su padre, que una vez fue grande y ancha, ahora era más fina que la suya. Tenia las mejillas hundidas, estaba pálido y sus labios estaban resecos, pero la miraba con amor.

—Igual... igualmente me quedaré —dijo tras unos segundos, su voz un poco ronca—. Por si hay que acompañarte al baño, o darte alguna pastilla o...

—Jane esta aquí —tranquilizó el hombre, el sonido de la ducha se escuchó y Amelie pasó la lengua por sus dientes dando una rápido vistazo a la puerta—, ve.

—Yo...

—Estaré aquí —susurró, antes de que la puerta se abriera y Jane, con su pelo envuelto con una toalla y un albornoz cubriendo su cuerpo, se viera—, muy bien acompañado.

De los labios de Jane salió una risa cantarina, casi de adolescente, y Amelie dejó salir una mueca un poco asqueada. La mujer sujetó la toalla en su pelo y bajó su cabeza para dejar un beso en los labios resecos del hombre, que sonrió con sus ojos cerrados.

—De hecho... —abrió sus ojos y miró a su hija, que tenia una mueca que le divirtió ver—, agradecería que te fueras para que tu madre pudiera cambiarse delante mía.

—Frank —dijo con las mejillas rojas la mujer, él le guiñó el ojo y Jane se sonrojó aun más.

—Está bien —aceptó Amelie tras unos segundos, levantándose de la cama—, solo porque me asqueais un poco.

—No seas envidiosa —se burló el hombre, Amelie abrió su boca con ofensa un poco fingida—. ¡Vete ya, mujer!

Amelie alzó las manos y dio unos pasos hacia atrás, antes de darle una mirada a ambos y salir finalmente. Una sonrisa salió de sus labios cuando escuchó una prenda caer y a Frank decir algo a lo lejos.

—¡Que la casa no es tan grande! —exclamó Audrey alzando sus brazos, apoyada en la moto con el móvil en la mano derecha—. Te llevo esperando hace una hora.

ᴀɴɢᴇʟ // ᴊᴊ ᴍᴀʏʙᴀɴᴋDonde viven las historias. Descúbrelo ahora