dix-sept

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Moon river — Frank Ocean (1 hour loop)


Amelie Wilkinson había perdido el numero de veces que se había mirado al espejo y había sentido un odio profundo. Una disgusto hacia sí misma. Esas ganas de cambiar la forma de su nariz, de sus labios. Su manera de sonreír, o sus dientes. Pero nunca había sentido tanto odio hacia sí misma como lo hacia en ese mismo instante donde veía su reflejo en la gran habitación blanca con las manos de Jane Wilkinson en su pelo.

Sus ojos fueron al suelo a través del espejo. Ya no había juguetes tirados, ni el escritorio estaba lleno de hojas de hacia diez años. Cuando la mayor le juró que iría a Figure Eight hacia una semana, no mentía. La noche anterior al funeral, ayer, Jane había ido a buscarla. Amelie no recordaba muy bien aquel momento, llevaba dias en piloto automático.

—Basta —murmuró Jane cuando una lagrima silenciosa bajó por la mejilla de Amelie, que tragó saliva en silencio. La mayor agarró un papel y limpió la lagrima mirándola por el reflejo—, te acabo de maquillar.

La castaña no contestó, mantuvo sus ojos fijos en su propia imagen. No sintió odio hacia la rubia, ni pena. No sintió nada. Hacia tiempo que había dejado de sentir. Había veces que se recordaba a sí misma a Rose en sus últimos días; cuando pasaba horas sin hablar, y con su mirada en un punto fijo.

—He dicho que basta —dijo con molestia la rubia, el pañuelo pasó de nuevo bajo el ojo de Amelie—. No quiero que hagas una escena hoy, ¿me escuchas?

El silencio le pareció una respuesta suficiente. Jane suspiró bajo su aliento y peinó el largo pelo de Amelie, que seguía mirando su reflejo. Tenia la mirada vacía, a duras penas se reconocía. Jane había hecho un buen trabajo maquillandola. Sus ojeras habían desaparecido y su piel había dejado de verse pálida.

—Así estarás guapa —murmuró Jane recogiendo parte del pelo de su hija en una coleta baja. Entrecerró sus ojos mirando el reflejo y ladeó sus labios—, mejor con estos mechones sueltos... si.

Tiró de los mechones de Amelie hacia delante y los acomodó con su dedo. Asintió al mirar el reflejo de su hija. Llevaba parte del pelo suelto, a medio recoger. Su mano fue a un lazo negro un poco grande y lo enganchó justo en la coleta.

—Salimos en diez minutos —dejó saber la rubia, mirándola por el espejo—. ¿Puedo irme sin que llores?

—No te necesito a ti —susurró Amelie con la voz ronca. Jane no dijo nada por unos segundos y después sacudió su cabeza.

—Lo único que yo necesito es que no llores y estropees el maquillaje —dijo seria, la joven apretó sus dientes—. Lo digo en serio, Amelie —esta no respondió y Jane suspiró—. No hagas una escena, ahora tienes que mantener las formas.

Amelie dejó de mirarse y miró a Jane. Llevaba un vestido negro y su pelo recogido en un moño bajo. No iba muy maquillada, pero se veía bien. La castaña no quiso pensar si ella habría llorado, si quizás le importaba que su hija llorara por qué aquello le dolía, y no por el maquillaje. La rubia le dio una ultima mirada antes de salir del cuarto y ella volvió a mirarse.

Tras aquel día con JJ, no había vuelto a hablar con nadie. El chico le enviaba mensajes cada día, al igual que Cleo y Audrey. Los demás Pogues le habían enviado mensajes, pero no de la misma manera que estos tres. Parecía darle igual que Amelie no les contestara, al menos a JJ y a Audrey. Pensó que cuando este se enterase que vivía con los Wilkinson, los mensajes pararían, que la odiaría un poco, que dejaría de intentar arreglar las cosas con ella, a pesar de hacer ya un mes y medio desde que habían dejado de ser pareja.

—¿Cómo estás, miel?

Frank Wilkinson había sido un alivio sorprendente para la joven en aquellos días. El hombre, a pesar de seguir estando débil, también se había esforzado con ella. Desde mensajes a enviarle comida, a ofrecerle vivir con ellos. Amelie aun no entendía porque había aceptado aquello

ᴀɴɢᴇʟ // ᴊᴊ ᴍᴀʏʙᴀɴᴋDonde viven las historias. Descúbrelo ahora