vingt-huit

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5124 PALABRAS DEL PRESENTE

Los ojos de Amelie contaron estrellas en el cielo, la brisa de la noche le enfriaba la punta de la nariz. Los ojos de Audrey la miraron. La castaña había llegado a su casa haría unos veinte minutos, y ante la presencia de sus padres, la invitó al nuevo coche; un descapotable de segunda mano, que estos le habían regalado ante ser aceptada en la universidad: como regalo de despedida.

Y ahora la ansiedad y preocupación de Audrey crecía en miles de kilos por minutos que su amiga pasaba en silencio, reclinada en el asiento de copiloto.

—Ames, ¿Qué ha pasado?

—Nada —murmuró sin mirar a Audrey, que estaba apoyada en su costado, mirando a su amiga.

—¿Estaban mal?

—No.

—¿Qué ha pasado, Amelie?

La chica, ante el tono desesperado de Audrey, giró su rostro y una mueca salió de sus labios, curvando hacia abajo a la vez que sus cejas se arrugaban.

—Solo me quieren por el dinero —se le quebró la voz sin poder controlarla. La mayor no tardó en rodear a la chica desde el asiento del piloto. Amelie soltó un par de lagrimas gruesas.

—No...

—Si —lloriqueó la castaña, la frente de su amiga se apoyó en su hombro y apretó la mano en el brazo de la castaña, con su propio brazo rodeando el pecho de Amelie.

—¿Cuál es su problema? —se quejó Audrey, alzando su cabeza hacia Amelie, que miraba el cielo—. Son unos idiotas.

—Me duele muchísimo —se quejó dando un golpe encima del brazo de la mayor, justo encima de su corazón—. Creía que ellos... joder, me arde el pecho.

—Lo sé, cariño —susurró Audrey, su mano bajó al pecho de Amelie y se aplanó con cuidado—, puedo sentirlo, y... —mordió su labio y la miró—, y va a ponerse mejor.

—¿Si?

—Si —asintió cuándo Amelie la miró. Audrey sonrió un poco—, y vas a tener una vida tan llena de amor, Amy... Y mucha gente en tu vida, y van a tener mucha suerte de tenerte.

—No, no lo haré.

—Pues claro que lo harás —susurró ella de manera dulce—, y nunca querrán separarse de ti, jamás —animó—. Y tendrás miles de novios. Altos, guapos... todo.

—No es verdad —rio entre lagrimas la castaña, su amiga asintió—. No lo haré.

—Claro que lo harás —aseguró entre otra pequeña risa—. Tendrás miles de chicos, y sabrán lo mucho qué vales.

Amelie soltó una risas tontas, pasando las manos por sus mejillas mojadas y negando. Audrey subió la mano a la mejilla de la castaña y sonrió un poco.

—Si que lo harás.

—No, Audrey, no lo haré —contradijo esta con un poco más de tranquilidad, pero con el dolor en su voz. La comisura de su labio se alzó—. Nadie será capaz de quererme para siempre, y lo he aceptado.

Las cejas de Audrey se arrugaron con pena ante aquello y Amelie soltó el aire por la nariz. Sintió tanta pena por la castaña que quiso romper a llorar como nunca. La preocupación de separarse, ella a Londres y su amiga a Francia, le apretó el pecho con tanta fuerza que su voz salió en un susurro.

—No digas eso.

—No pasa nada —susurró, casi pareciendo ser ella quien animaba—. Todos se van, o se mueren... —negó con suavidad y sonrió con la misma—. No me importa, lo he aceptado.

ᴀɴɢᴇʟ // ᴊᴊ ᴍᴀʏʙᴀɴᴋDonde viven las historias. Descúbrelo ahora