Capítulo 26

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Perspectiva de Isadora White


Habían pasado horas desde aquella discusión con Theo, y aún podía sentir el peso de sus palabras en mi pecho.

"Te estoy cuidando", había dicho. Pero no sentía protección, sentía presión. Como si en cualquier momento fuera a romperme.

Esa noche no fui a su habitación. No porque no quisiera, sino porque necesitaba espacio. Espacio para pensar, para respirar sin que su sombra estuviera pisándome los talones. Sabía que algo lo estaba atormentando desde la pelea con Mattheo, pero ¿por qué no podía simplemente confiar en mí?

Me quedé despierta hasta tarde. Luna había regresado de la biblioteca. Intenté leer, pero las palabras se desordenaban en la página. Al final, dejé el libro a un lado, apagué la luz y me acosté. A oscuras, con la mente a mil.


Perspectiva de Theodore Nott


Isadora no fue a mi habitación esa noche.

Caminé de un lado al otro como un imbécil, mirando la puerta cada cinco segundos, esperando escuchar su toque. No llegó.

Y lo peor era que lo entendía. La forma en que la había manejado la situación... no había sido la mejor. Pero ¿cómo explicarle que desde que Mattheo mencionó esa maldita apuesta, no podía dejar de pensar en ella en peligro?

Pensar en él tocándola.

Golpeé la pared con el puño. Mis nudillos ya estaban marcados desde la pelea, pero no me importó.

No me dolía el cuerpo.

Me dolía la idea de perderla.


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Al siguiente día me encontraba en el gran comedor, el lugar estaba lleno, como siempre, y sin embargo la sentí apenas entro.

Isa estaba con Luna, riéndose de algo. Me acerqué despacio, como si cada paso pudiera ser una bomba.

Ella me vio. Su risa se apagó.

-¿Podemos hablar?- pregunté, sin rodeos.

Luna miró a Isa, luego a mí, y se levantó sin decir nada.

Isadora no me respondió de inmediato. Solo asintió y se levantó también. Caminamos en silencio por los pasillos, hasta el lugar donde todo había empezado: la Torre de Astronomía.

-¿Qué quieres, Theo? - preguntó sin mirarme.

Apoyé las manos en la baranda. El viento movía su cabello y por un momento me sentí estúpido por arruinarlo todo.

-Lo que pasó con Mattheo... no fue solo una pelea por orgullo. Fue por ti.

Finalmente me miró.

-Ya lo suponía.

-Quería tenerte por una noche. Como si fueras una maldita apuesta- dije apretando los dientes- No dejé que tirara la moneda. Lo golpeé antes. Porque ni en un millón de vidas te pondría en juego.

Isadora bajó la mirada.

-¿Y crees que con eso se arregla todo?

-No. Pero pensé que merecías saberlo.

𝐎𝐉𝐈𝐓𝐎𝐒 𝐕𝐄𝐑𝐃𝐄𝐒 | 𝑻𝒉𝒆𝒐𝒅𝒐𝒓𝒆 𝑵𝒐𝒕𝒕Donde viven las historias. Descúbrelo ahora