Capítulo 31

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Perspectiva de Theodore Nott


El humo de mi séptimo cigarrillo de la noche se disolvía en el aire frío de la mansión Malfoy. El cenicero estaba repleto, el aire espeso. Me pasé una mano por el rostro. No había dormido. Después de lo que había ocurrido, la culpa no me dejaba hacerlo. Estaba al borde del colapso.

-Theo- la voz de Mattheo me sacó del abismo de mis pensamientos.

Me giré bruscamente.

-¿Qué?

Draco estaba detrás de él, con el rostro pálido y los ojos bajos.

-Bellatrix nos está llamando- dijo Mattheo, sin rodeos- Dice que es urgente.

Mi cuerpo entero se tensó.

-¿Por qué?

Draco intercambió una mirada con él. La incomodidad era evidente.

-No lo dijo, solo que fuéramos a la sala. Ya.

Arrojé el cigarrillo a medio consumir al piso de mármol, aplastándolo con rabia. Caminamos por los pasillos oscuros de la mansión, donde el silencio pesaba más que el lujo. Sentía el corazón como un tambor en mis oídos. Algo estaba mal, muy mal.

Y lo confirmé apenas entré a la sala.

Mis pasos se detuvieron en seco.

Delante de mí, en el centro del salón, estaban varios rostros conocidos.

Granger y Weasley estaban en el suelo, sujetados por dos carroñeros. Potter... o lo que quedaba de su rostro, distorsionado por un hechizo.

Y entonces la vi.

Isa también estaba retenida, su rostro sucio, sus labios partidos, el miedo reflejado en cada parte de su cuerpo.

Mis pulmones se vaciaron.

-¿Es él?- preguntó Bellatrix, con voz cortante, tirando del cabello de Harry para levantarle la cara- ¡¿Es Harry Potter?! ¡Alguno responda!

Mattheo bajó la vista. Draco se quedó quieto como una estatua. Y yo sentía cómo mi corazón se rompía al ver a Isa luchando contra las manos que la sujetaban.

Sabía que si decía la verdad, todos morirían. Pero si mentía... podría tener una oportunidad de salvarla. Una última.

-No lo sé- murmure, con la voz ronca- Podría ser... pero con ese rostro...

-No lo puedo identificar- dijo Mattheo, rápidamente, como si me respaldara.

Draco no dijo nada. Solo negó con la cabeza.

Bellatrix nos miró, furiosa, insatisfecha. Aún no estaba segura.

Y mientras eso ocurría, yo solo tenía un pensamiento en la mente: tenía que encontrar una forma de sacarlos de ahí. O al menos, a Isa. Antes de que fuera demasiado tarde.

-Vengan, acérquense- nos llamó Bellatrix- No sean tímidos.

Mattheo y Draco la obedecieron, pero yo me quede en mi lugar.

-Obsérvenlo bien- dijo tomándolos de los brazos a ambos- Necesitamos estar seguros.

Unos segundos después, Draco con la voz temblorosa habló:

-¿Qué le paso en la cara?

-Sí, ¿Qué le paso en la cara?- replico Bellatrix.

-Así lo encontramos, suponemos que algo le pasó en el bosque- respondió el carroñero que sujetaba a Isa por los brazos.

𝐎𝐉𝐈𝐓𝐎𝐒 𝐕𝐄𝐑𝐃𝐄𝐒 | 𝑻𝒉𝒆𝒐𝒅𝒐𝒓𝒆 𝑵𝒐𝒕𝒕Donde viven las historias. Descúbrelo ahora