Capítulo 34

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Último capítulo


Perspectiva de Isadora White


Después de la guerra, Theo y yo decidimos no volver a Hogwarts.

No fue una decisión sencilla, pero tampoco lo discutimos demasiado. Ambos sabíamos que ya no podíamos encajar entre las paredes del castillo como antes.

No después de todo lo que habíamos perdido.

Además, la situación de Theo no lo habría permitido, incluso si hubiésemos querido volver.

Su padre fue llevado a Azkaban. Uno más de la larga lista de mortífagos caídos cuando Voldemort fue vencido.

No peleó. No negó nada.

Se rindió sin decir palabra, como si ya supiera que no merecía otra cosa.

Y aunque Theo había estado del otro lado, aunque tenía la Marca, no fue encerrado.

El Ministerio debatió durante semanas qué hacer con él y con otros como Draco, Blaise, Mattheo y Enzo.

Jóvenes arrastrados por las decisiones de sus padres, marcados demasiado pronto, obligados a obedecer por miedo, por deber, por sangre.

Les levantaron todos los cargos.

Dijeron que fueron víctimas también.

Pero las marcas no desaparecieron con los juicios.

Y el peso de la culpa tampoco.

Theo no hablaba de ello.

Yo tampoco preguntaba.

Pero algunas noches lo veía contemplar su antebrazo con una expresión vacía, como si aún no comprendiera por qué lo habían perdonado.


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El olor a tostadas llenaba la cocina, y el ruido suave de una sartén sobre la hornalla me hacía sentir, por primera vez en mucho tiempo, que la vida podía ser algo simple.

Theo estaba descalzo, con una remera vieja y el cabello revuelto. Revolvía unos huevos con concentración excesiva, como si de eso dependiera la paz mundial.

-¿Vas a mirarme hacer esto todo el día o vas a darme una mano?- preguntó sin apartar la vista de la sartén.

-Estoy supervisando. Es una tarea importante.

Sonrió por lo bajo.

En ese momento, tocaron la puerta. Antes de que alguno de los dos pudiera moverse, se abrió sola. Y entró Luna.

-Hola- saludó, como si viviera en nuestra casa desde hacía meses- Huele a desayuno feliz.

-O a desayuno que probablemente se queme- dije con una sonrisa.

Enzo entró detrás de ella, con una caja de pastelitos en la mano y el cabello mojado por la lluvia.

-Encontramos esto en una panadería que Luna dijo que tenía "buena energía de harina".

-Y tenía razón- añadió ella, mientras se sacaba los zapatos mojados sin ningún apuro- También vi una urraca en el camino. Eso trae suerte. O caos. No estoy segura.

Theo rio, con esa risa baja que solo le salía cuando estaba entre personas que realmente quería.

-¿Desde cuándo vienen juntos?- preguntó él, sirviendo el desayuno en platos.

Luna y Enzo se miraron un segundo.

-Desde hace poco- respondió Enzo, encogiéndose de hombros.

-Sí- añadió Luna- Me gusta su forma de mirar cuando está pensando en muchas cosas. Es como ver un incendio detrás de una ventana, y también me gusta su silencio, no me pesa.

Yo parpadeé.

-¿Están... juntos?

Luna asintió, como si hablara del clima.

-A veces las personas tristes encuentran calma cuando están cerca. No siempre hace falta entenderlo, solo sentirlo.

Enzo bajó la mirada, con una pequeña sonrisa. Theo le dio un codazo, de esos que son medio golpe, medio abrazo entre amigos.

-Te lo dije- dijo Theo- Siempre fuiste raro. Solo era cuestión de tiempo para que encontraras a alguien más raro que tú.

-Gracias por el apoyo- gruñó Enzo, aunque no parecía molesto, de hecho, sonreía.

Nos sentamos todos alrededor de la mesa, y durante un rato comimos en silencio. No de esos silencios incómodos, sino de los que se sienten llenos. Había migas, tazas tibias y miradas suaves.

Luego Luna hablaba sobre constelaciones y teorías imposibles mientras jugaba con una miga de pan entre los dedos. Enzo asentía con media sonrisa, como si llevara años escuchándola, como si eso le hiciera bien. Theo tomaba su té con calma, apoyado en el respaldo de la silla, como si supiera que no necesitaba decir nada más.

Yo los miraba.

La luz del mediodía entraba tibia por las ventanas, iluminando los platos vacíos y las marcas de dedos en las tazas. Había algo en esa imagen, algo tan cotidiano, tan real, que me hizo respirar hondo por primera vez en días.

Por primera vez en meses.

Recordé todo lo que habíamos perdido. Todo lo que nos arrancaron. Charlotte. Penny. El bebé que nunca llegué a conocer. Recordé el miedo, la ira, la oscuridad.

Pero también miré lo que aún tenía.

Theo, que seguía ahí incluso cuando yo no podía sostenerme sola. Luna, que entendía el dolor desde un lugar silencioso. Enzo, que siempre había estado, incluso cuando no lo veía.

Y entonces lo supe.

No estábamos rotos. Estábamos cambiados. Marcas en la piel, en el alma, en los ojos. Pero seguíamos. Caminando. Riéndonos de vez en cuando. Aprendiendo a respirar distinto.

Me acomodé en mi silla y apoyé la cabeza contra el respaldo. Cerré los ojos un segundo.

Y por primera vez en mucho tiempo, sentí que estábamos sanando... aunque fuera lento.

Todo ya estaba bien.

O iba a estarlo.

Y eso... por ahora, era suficiente.










Nota de la autora:

Holiss, se terminoooo, voy a llorar.

Realmente quería agradecerles por todo el apoyo que le dieron a esta historia, de verdad nunca pensé que tanta gente iba a leerlo.

Les agradezco a las que estuvieron desde que subí el primer capítulo, al igual que a las nuevas que empezaron a leerlo hace poco, gracias por seguir ahí, incluso cuando pasaba meses y meses sin actualizar.

Hoy por fin este fanfic tan hermoso llega a su fin, voy a extrañar muchísimo escribir y darle vida a mi Isa y a Theo.

A pesar que hoy en día leo los primeros capítulos y me doy cuenta que hay cosas que no están muy bien escritas, o cosas que agregue que no tienen ni un poco de sentido jsjsjs, a pesar de todo eso le tengo un cariño muy grande a esta historia.

Espero que hayan disfrutado leer este fanfic tanto como yo disfrute escribirlo.

Las amo, gracias por todo, y no vemos en mi nuevo fanfic que ya está en mi perfil<3

Ya está el primer epilogo de esta historia publicado.

Nuestro último adiós, byee.

𝐎𝐉𝐈𝐓𝐎𝐒 𝐕𝐄𝐑𝐃𝐄𝐒 | 𝑻𝒉𝒆𝒐𝒅𝒐𝒓𝒆 𝑵𝒐𝒕𝒕Donde viven las historias. Descúbrelo ahora