Perspectiva de Isadora White
Los días comenzaron a mezclarse como si fueran parte de un mismo hilo gris y silencioso. El primero de julio de 1997 fue la última vez que sentí que el mundo tenía una especie de forma. Desde entonces, todo cambió.
Vinimos a esta cabaña escondida en el Bosque de Dean con la promesa de que aquí estaríamos seguras. Theo cumplió su palabra. Nos visitaba tres veces por semana, a veces de noche, a veces por la mañana, según lo que podía. Se las arreglaba para llegar sin que nadie lo note, para traernos provisiones, alguna que otra noticia del mundo exterior...
La cabaña era pequeña, pero habitable. Tenía agua, aunque a veces teníamos que calentarla a mano. En el fondo había una huerta que Theo plantó hace años, y que aún daba algunas verduras y hierbas. Charlotte se pasaba horas cuidándolas.
No teníamos noticias. No había diarios, ni cartas. Solo Theo, cuando podía, nos contaba lo que pasaba allá afuera. Decía que Potter, Granger y Weasley estaban siendo perseguidos. Que nadie sabía dónde estaban. Que el Ministerio ya no era seguro. Que había miedo, traiciones, y oscuridad en todas partes.
El 20 de noviembre fue mi cumpleaños. Nunca pensé que iba a pasar mi cumpleaños escondida en una cabaña, rodeada de árboles.
Charlotte me dejó una carta sobre la mesa de madera por la mañana. No decía mucho, apenas: "Feliz cumpleaños Sissy." Pero verla firmada con su letra me hizo un nudo en el pecho.
Cuando el reloj marcó las seis de la tarde, la puerta sonó con tres golpes suaves y una pausa. El patrón que Theo siempre usaba.
Corrí a abrir.
Ahí estaba. El pelo más largo, ojeras más marcadas, pero los mismos ojos intensos que me habían rescatado de mí misma tantas veces. Llevaba una bufanda oscura y una pequeña caja envuelta con papel viejo en la mano.
-Hola, bonita- dijo, sonriendo con dulzura.
No dije nada. Solo me lancé a abrazarlo con todas mis fuerzas. Sus brazos me rodearon como si también lo necesitara tanto como yo.
-Pensé que no vendrías- susurré.
-Jamás me perdería tu cumpleaños- dijo, y besó mi frente.
Entramos. Charlotte levantó la mirada desde el sillón. Su expresión se suavizó apenas al ver a Theo.
-Hola, pequeña White- le dijo él, guiñándole un ojo.
-Hola, Theo- respondió ella, con una sonrisa tímida, y volvió a concentrarse en su libro.
Theo se acercó a la chimenea y dejó la caja en la mesa.
-Sé que no es gran cosa... pero no tuve tiempo de comprar nada más.
Abrí el papel con cuidado. Dentro había un pequeño colgante plateado, simple pero hermoso. Un círculo con una pequeña piedra en el centro. Tenía grabado en la parte de atrás: "te amo isadora".
-Theo...-susurré.
-No quiero que jamás te olvides de eso- dijo dejando un beso en mi frente.
El resto del día se sintió como una pequeña burbuja suspendida en el tiempo. Theo se quedó todo el día conmigo, como si no existiera nada más allá de esa cabaña de madera y el olor a tierra mojada que se filtraba por las ventanas.
Hicimos sopa juntos, aunque, él cocinó, mientras yo me sentaba a mirarlo robando pedacitos de pan. Después jugamos un rato con Charlotte al ajedrez mágico (aunque, como siempre, ella nos ganó a los dos sin mucho esfuerzo). Fue uno de esos raros días en los que mi hermana no parecía odiarme, o por lo menos no me lo demostraba. Incluso la vi sonreír un par de veces.
Cuando la noche cayó y Charlotte se fue a dormir a su habitación, Theo me tomó de la mano y me llevó al pequeño comedor que estaba medio a oscuras, iluminado solo por la chimenea encendida.
-Espera aquí- me dijo, con una sonrisa traviesa- No te muevas.
Volvió al minuto, escondiendo algo detrás de la espalda.
-Theo, ¿qué estás haciendo?- pregunte sonriendo al ver como se comportaba como un niño.
-Shhh- susurro con un dedo en sus labios y luego me mostró lo que traía.
Era un pequeño cupcake. Hecho con masa de pan y algo de chocolate que seguramente había traído él. Tenía una vela vieja clavada en el centro, encendida y temblando como si fuera mágica.
-No es una torta de Honeydukes, pero... tiene todo mi amor- dijo, con una sonrisa ladeada.
No pude evitar reírme. Me tapé la boca con la mano, emocionada, mientras él se acercaba y lo dejaba sobre la mesa.
-Feliz cumpleaños bonita, pedí un deseo- susurró.
Cerré los ojos. Respiré profundo. Y solamente pude desear que todo terminara pronto. Que todos estuviéramos a salvo. Que alguna vez... pudiéramos volver a vivir en paz.
Soplé la vela. Y Theo aplaudió bajito, como si de verdad hubiera sido un festejo de verdad.
Después, subimos a mi habitación. Me acosté en la cama mientras él se sentaba a mi lado, apoyando la espalda contra la cabecera. Me miró, como si necesitara guardar ese momento en su memoria.
-¿Sabes qué pensé cuando te vi hoy?-dijo.
-¿Qué?
-Que tienes más arrugas de las que deberías a tu edad- respondió, totalmente serio.
-¡Idiota!- le pegué en el hombro, entre risas.
-¡Es enserio!- dijo, aguantándose la risa- Hay una justo acá, justo en el ceño. La vi mientras soplabas la vela. Ya estás vieja.
-Eso te pasa por seguir saliendo con una anciana como yo- le dije, dándole la espalda con dramatismo fingido.
-Siempre me gustaron las mayores, ¿no te lo dije?- contestó, y se acercó un poco más.
Me reí bajito, girando apenas el rostro para encontrarme con sus ojos. Estaban suaves, cálidos... llenos de algo que no necesitaba traducción.
-Gracias por venir hoy- le dije en voz baja.
-No iba a dejarte sola hoy, hoy no.
Sus dedos me rozaron la mejilla. Se acercó a mi juntando sus labios con los míos.
Fue un beso lento, dulce al principio, como si tuviera todo el tiempo del mundo para recordarme cuánto me quería. Pero después, sus labios se volvieron más urgentes, más decididos.
-Isa- susurró contra mi boca- Te amo.
Mi corazón dio un vuelco. Cerré los ojos, y sin pensarlo, lo dije también:
-Yo también te amo, Theo.
No hubo más palabras. Solo caricias suaves, manos temblorosas encontrándose, ropa que se deslizaba con cuidado al suelo, susurros entrecortados bajo la manta. Todo fue lento, tierno, lleno de esa mezcla de nervios y amor que sólo se tiene cuando realmente se siente algo profundo por alguien.
Fue mi segundo regalo de cumpleaños, según Theo...
Después, me quedé acurrucada contra su pecho, sintiendo su respiración calma bajo mis dedos, el calor de su cuerpo protegiéndome del mundo.
Nota de la autora:
Holii, se que es un capítulo corto, pero aprovenchenlo.
Porque los capítulos que se vienen, van a hacer que lloren.
ESTÁS LEYENDO
𝐎𝐉𝐈𝐓𝐎𝐒 𝐕𝐄𝐑𝐃𝐄𝐒 | 𝑻𝒉𝒆𝒐𝒅𝒐𝒓𝒆 𝑵𝒐𝒕𝒕
Fanfiction¿Qué pasaría si existiera una prostituta en Hogwarts? Y peor aún... ¿Qué pasaría si Theodore Nott se enamora de ella? Historia Completa. Queda prohibida cualquier copia o adaptacion sin mi permiso‼️ No hay historias de este estilo en la comunidad de...
