La luna de miel quedaría para más adelante, para cuando Sofía (nuestra hija) naciese y tuviese unos meses más de madurez.
El sexo seguía siendo hermoso, pero ahora se había vuelto un poco más suave, más delicado. Mi estado avanzado del embarazo no permitía locuras u ocurrencias como tanto nos gustaban, pero podíamos improvisar.
"¡Juan! ¡No me voy a romper!" Jadeaba divertida mientras él hacía un esfuerzo sobrehumano por no aumentar el ritmo de las embestidas.
-¿Y si daño a Sofi?- contestaba con voz entrecortada por la agitación y el deseo.
-No le... mmm... no le pasará... ¡Ah, Dios! ¡Esto es delicioso!-trataba de explicarle entre gemidos y algunos gritos.
-¿Decías?-y me miraba entre pícaro y perdido en la excitación.
-¡Que no le pasará nada a nuestra hija!-apuré en decir mientras el segundo orgasmo llegaba.
Llegábamos juntos, algo dolorosamente bello, pues jamás había sucedido eso con Nam. Por eso era doloroso, pero era bello porque era con Juan Sebastian Kim, mi Jin oppa, mi alma gemela.
Se muy bien que comparar no era sano, para nada, pero las circunstancias y la vida me llevaban a pensar en Kim Namjoon, esa herida abierta que, al parecer, no sanaría jamás. Debía vivir con eso, debía enterrarlo en lo más profundo de mí; ahora, en mi presente, existía alguien que me había rescatado, y ese alguien estaba dispuesto a dar todo por mí. Entonces, ¿por qué el sentimiento mezquino de solo entregar la mitad de mi todo me asaltaba siempre?
Dejé de pensar en aquello y en Namjoon para dedicarme a pensar y entregar todo de mi al pequeño ser que crecía en mi vientre: a mi diminuto cristal de nieve; mi Sofía, la mejor mitad de Seokjin y mía.
Mientras acaricio la redondez de mi embarazo, imagino y dibujo el rostro de mi hija: redondo como una pequeña luna, ojos rasgados y color miel, piel blanca como la leche y una mínima boca de labios carnosos como los de su padre. Mi sonrisa se ensancha y mi pecho se aprieta de tanta felicidad.
Nuestra actividad nocturna ha cesado debido a que mi estado está avanzado y cada vez es más incómodo y complicado. Duermo casi sentada, mientras Jin me sostiene la mano, pues tiene miedo de no poder despertar a tiempo cuando Sofi ya quiera venir, y yo tampoco lo hago por la ansiedad de conocer a mi hija y ya no separarme más de ella.
El tiempo pasa, no se si veloz o lento, lo único que sé es que Sofi es el milagro de borrarme a Kim Namjoon de mis pensamientos y, dolorosamente, ya no pienso tanto en mi pequeño Botón de oro. Muchas veces me he descubierto reemplazándolo por la figura y la personalidad que podría tener mi pequeña y... y me siento culpable. "Tu pequeño no se fue por tu culpa. Quizás su vida fueron solo esos instantes" y las palabras de Jin me dan un consuelo extraño.
Las doce de la noche de un sábado comencé a sentirme rara. Un cansancio profundo no me dejaba dormir y los músculos dolían horriblemente.
-Jin, creo que Sofi ya está por venir - dije a mi esposo conteniendo un gemido de dolor y apretándole la mano para despertarlo.
-¿Qué? ¿Qué? ¿Dónde? - contestaba entre alarmado y dormido.
Me reí dentro de mi padecimiento: era encantador verlo desorientado, alarmado y algo asustado.
Se levantó rápido, casi perdiendo el equilibrio, directo al vestidor donde supuestamente estaba el bolso listo con todo para este momento, sucediendo el suceso más divertido y tierno: mi Jin sacando todo de la maleta para poner...vaya uno a saber qué.
-¡Amor! ¡Amor! ¿Qué haces? - y una carcajada se me soltó -El bolso ya estaba listo, ¿por qué sacas todo?
Seokjin se quedó unos segundos quieto, mientras me miraba y miraba lo que estaba haciendo. Se pegó un golpe en la frente con su mano y volvió a armar todo.
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EL GRAN PREMIO
FanfictionSolo unx sabe lo que habita muy adentro del ser. Alma sabe lo que su esencia esconde, mientras cubre con habilidad su amor y deseo por Namjoon. Nam no sabe que su compañera y subalterna es aquella mujer que lo excita y lo lleva al borde del delirio...
