Te conocí en Buenos Aires, bajo la sombra de los viejos edificios, con el canto de los aves a nuestro alrededor, la brisa de la lluvia mojando nuestros cuerpos y el destino acompañándonos.
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Te busque por toda la ciudad, Enzo te busque por cada pequeño espacio de mi vida para ver si podías encajar en algún lugar.
Después tape cada puerta y ventana de mi corazón y cuando Esteban quiso entrar yo no lo permití.
No sé quien es la persona que esta frente a mi, en ese espejo sucio que requiere un trapito húmedo con urgencia, su cabello se ve un poco más largo y las mejillas mas rosadas. No me reconozco, no sé quien soy pero me doy cuenta que jamás lo he sabido, no me importa.
No soy Emilia, tampoco soy Díaz, no soy la amiga de Bianca, ni la ex novia de Enzo, la nieta, hija, prima, conocida, nada de eso. Soy yo y al mismo tiempo no lo soy porque mañana seré diferente y hoy soy completamente distinta a la persona que era hace un segundo.
No sé quien soy, pero si sé lo que quiero y lo que ya no, sé las personas que están de mi lado y quienes no, sé a quien amar.
-¿Emi?- murmuro la madre de mi amiga y le regale una pequeña sonrisa, aun me costaba trabajo hacerlo -¿Queres que te corte el cabello como antes?-
-No, muchas gracias- respondí acariciando con las yemas de los dedos las puntas de mi cabello -Podría verse un poco diferente.
-A ti no te gusta lo diferente- mencionó Bianca sonriendo.
-Sigue sin gustarme, pero quiero hacerlo.
Termino de guardar las cosas que ya no importan en las cajas horribles de cartón mal echas, cosas cómo ropa, vinilos, trastes y fotografías.
Mi viejo sofá verde esta forrado de plástico al igual que todos los demás muebles y la mesa de café descansa sobre la basura.
-¿No tienes miedo?- murmuró Bianca mirándome.
-Bastante, no me gustan los aviones porque siempre sucedne cosas raras cuando llego a otras ciudades- respondí.
Ella solo ríe y salimos del departamento donde afuera espera mi padre.
Manejamos alrededor de dos horas por la ciudad dándole un último recorrido a las calles, Buenos Aires se ve tan susceptible, tan mágico, tan real.
Nos detenemos en un café a tomar un un poco de bebidas calientes y hablar sobre los recuerdos más lindos.
-¿Entonces te vas?- Murmura Matías.
-¿Qué paso con Enzo? Es absurdo que un día apareciera y de la nada se esfumara.
-¿Llevas sweater?
-¿Estas segura de esto?
Me asaltan con preguntas, pero Bianca hace la definitiva.
-¿Hablaras con él?- y yo sé la respuesta.
-Es aquí- dije bajándome del auto de mi padre.
-No pierdas el tiempo esta vez y dile que lo amas, ya lo acepto- grita Bianca desde la puerta.