Unos días después, Dazai se encontraba frente al departamento de Chuuya, presionando el timbre sin obtener respuesta.
—Hey, Chuuya, ¿estás ahí? Estoy preocupado por ti.
El silencio lo devoró. Golpeó la puerta con el puño, frustrado.
—No respondes llamadas ni mensajes... ¿qué se supone que haga?
Frunció el ceño. Desde hacía días no lograba comunicarse con él, y sus transmisiones recientes habían tomado un giro alarmante. No era el estilo de Chuuya, mucho menos hacerlo al aire libre. "Definitivamente alguien más está detrás de todo esto", pensó, y un mal presentimiento le erizó la piel.
Bajó al auto y encendió el motor. Su mente ya trabajaba a toda velocidad. Considerando la red de contactos que había construido a lo largo de su carrera... si lo deseaba, podría destruir por completo a ese jefe sórdido que estaba explotando al pelirrojo.
—Debería hacerlo... —murmuró, con una sonrisa amarga.
El brillo cálido de sus ojos miel se tornó opaco, rojizo, casi demoníaco. "Si hablo con las personas correctas... incluso podría hacer que lo maten. Nadie sabría nada". El pensamiento lo estremeció, pero no lo desechó. Su mano apretó el volante con violencia hasta que los nudillos se le pusieron blancos. Finalmente dejó caer la frente contra el timón, respirando con pesadez.
—Quizás eso sería lo mejor —susurró con los dientes apretados—. Y después solo fingiría con Chuuya que no tuve nada que ver.
Una risa rota escapó de su garganta.
—Me pregunto qué tan feliz estarías de escuchar eso... Haría cualquier cosa para hacerte feliz, Chuuya...
Pero esa devoción lo estaba arrastrando hacia un abismo, hacia un conflicto interno de si abrazar su lado oscuro para salvarlo o intentar ayudarlo sin destruirlo. Se odiaba por siquiera pensarlo.
—Nunca imaginé que tendría que usar a mis amigos para algo tan horrible... —murmuró, con la voz ahogada.
Entonces levantó la vista y se quedó helado. Por la vereda, a unos metros de su auto, vio a Chuuya. Vestía ropa deportiva: pantalones ajustados, camiseta pegada al cuerpo, gorra y mascarilla. Su andar era tambaleante, agotado, y detrás de él, un hombre lo seguía con una cámara, grabando cada paso.
Dazai salió del auto de inmediato, siguiéndolos hasta un centro comercial cercano. Chuuya se detuvo, respirando con dificultad.
—Por favor... solo un minuto. Necesito un descanso para ir al baño —pidió con voz quebrada.
—Por supuesto, adelante —respondió el camarógrafo con desinterés.
Dazai lo observaba todo desde la distancia, con una furia helada corriendo por sus venas. Cuando Chuuya entró al baño, tambaleándose, aprovechó para acercarse.
"¿Hace cuánto estoy caminando así? Ya no puedo más. ¿No tienen suficiente con lo que ya grabaron?", pensaba Chuuya, temblando. Mojó su rostro frente al espejo, intentando no desmoronarse.
De pronto, una voz familiar lo sobresaltó.
—Hey, Chuuya.
Dazai estaba detrás de él, la mirada fija, penetrante.
—¿Qué estás haciendo aquí? —preguntó nervioso Chuuya.
—Solo estaba pasando... —respondió, pero la forma en que lo observaba lo hacía sentir desnudo.
El rostro de Chuuya estaba demacrado, con profundas ojeras y un tono de piel pálido. Dazai chasqueó la lengua con fastidio. De un tirón lo llevó hasta uno de los cubículos, cerrando la puerta tras ellos. Lo empujó suavemente contra la pared y empezó a bajarle el pantalón.
ESTÁS LEYENDO
FULL VOLUME || Soukoku
FanfictionDazai descubre que su malhumorado (y demasiado atractivo) vecino, Chuuya, es en realidad su camboy favorito. Desde entonces, cada transmisión se convierte en una provocación imposible de ignorar. Ahora Dazai solo tiene una pregunta rondándole la me...
