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Unos días más tarde, Chuuya se encontraba frente a su computadora con notables ojeras bajo los ojos cansados. Tras unos minutos de indecisión, dio clic en el botón de subir y, por fin, publicó la transmisión que había hecho con Dazai.

—Uff, por fin está hecho —murmuró, desplomándose en su silla.

"No he ido al gimnasio en días porque estaba demasiado ocupado editando el video", pensó. "Odio sentir que todos mis músculos se han desinflado."

Hizo una mueca, llevando una mano a su abdomen. "Siento que estoy ganando grasa. Definitivamente haré crossfit mañana."

Aunque, en realidad, su cuerpo seguía tan firme como siempre.

—Oh, y tengo que asegurarme de agradecerle a Dazai también —agregó antes de dejarse caer sobre la cama.

"Bien, espero que el video tenga muchas visitas."

Se quedó dormido de inmediato.

A la mañana siguiente lo despertó el sonido insistente de su celular. Contestó sin pensarlo demasiado.

—¿Hola?

—Buenos días, Chuuya, ¿cómo estás? —dijo Mori, el jefe de la compañía a la que le debía dinero.

—Oh, señor Mori... —respondió el pelirrojo, forzando un saludo.

"Debí comprobar primero quién llamaba", pensó con fastidio.

—El video que publicaste anoche es tendencia en el primer lugar de nuestro sitio —anunció Mori.

—¿En serio? —preguntó Chuuya, encendiéndose de inmediato. Se apresuró a prender la laptop y confirmó, con los ojos bien abiertos, que el video había alcanzado un número impresionante de visitas.

"Es cierto... he ganado un montón de dinero."

—Siempre lo haces muy bien, Chuuya —exclamó Mori, satisfecho—. Hablando de eso, algunos de nuestros patrocinadores realmente quieren conocerte. ¿Podrías...?

—Señor Mori, se lo he dicho, solo hago directos —lo interrumpió Chuuya con firmeza.

Un silencio incómodo reinó entre ambos hasta que Mori volvió a hablar.

—¿Quién era el hombre del último video?

La mandíbula de Chuuya se tensó.

—Señor Mori, ¿otra vez? —exclamó molesto—. Parece que está indagando en la identidad de mi invitado desde la última vez que apareció en mi programa. ¿Por qué?

—¿Qué quieres decir? —replicó Mori con tono ambiguo.

—Ya le pedí que respetara mis límites una vez —soltó Chuuya con la voz cargada—. Estoy haciendo todo lo posible para pagar mi deuda con usted, ¿no es así? Pero eso no le da derecho a interferir en mi vida privada.

Colgó de golpe y arrojó el celular contra el escritorio, con el ceño fruncido.

"Ya lo veo... hay algo raro con el señor Mori", pensó, apretando los labios. Recordó la primera vez que aceptó su ayuda, siendo demasiado joven e ingenuo como para entender lo que realmente implicaba.

"Es evidente... solo me ha visto como un producto más para su empresa. Y es exactamente lo que hace."

Un peso incómodo se formó en su pecho. "Tengo una sensación desagradable y angustiosa cada vez que hablo con él. Quiero estar con alguien que me haga sentir seguro y cómodo."

Al pensar en ello, levantó la vista con una chispa de optimismo en los ojos, como si una idea acabara de cruzar por su mente.

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FULL VOLUME || SoukokuDonde viven las historias. Descúbrelo ahora