Final

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—Un cielo claro y azul —dijo Dazai, apuntando hacia arriba con una sonrisa traviesa. —Y un parque de diversiones vacío —añadió, señalando el enorme parque que tenían frente a ellos, extrañamente silencioso. —Esto es más raro que ganar la lotería —exclamó divertido, mientras avanzaba unos pasos. —Parece que las estrellas se han alineado, mi señor —susurró con tono juguetón, acercándose al oído de Chuuya.

—¿Cómo es esto posible? —murmuró el pelirrojo, sorprendido al ver el parque de diversiones completamente vacío.

—Ahora solo hay una cosa que hacer —dijo Dazai con una seriedad repentina.

—¿Y qué es? —preguntó Chuuya, arqueando una ceja.

—¡Divertirse y reírse todo el día! —exclamó Dazai, alzando los brazos como un niño emocionado.

Chuuya lo observaba en silencio. "Se ve tan emocionado... puedo decir que es un verdadero extrovertido", pensó, reprimiendo una sonrisa.

Poco después, Dazai apareció con unas orejas de gato sobre la cabeza y dos globos en forma de corazón, riendo a carcajadas.

—¡Vamos, Chuuya! —exclamó mientras acercaba una vincha de orejas de conejo. Con un gesto juguetón, la colocó sobre la cabeza del pelirrojo.

Chuuya suspiró, derrotado, pero con un brillo de alegría en los ojos.

"Supongo que ahora ya podemos ir de vacaciones juntos", pensó, feliz, mientras sentía cómo algo en su pecho se ablandaba.

—¿En qué estás pensando? —preguntó Dazai, inclinándose curioso.

—En lo feliz que soy —respondió Chuuya en silencio, sin atreverse a decirlo en voz alta, mientras lo miraba con una sonrisa tímida y el rostro encendido.

—¿Sabes qué? —dijo Dazai poniéndose frente a él y tomando sus dos manos, apretándolas con fuerza—. Me aseguraré de que hoy sea uno de los días más perfectos de tu vida.

Chuuya no pudo evitar sonreír ante la expresión tan genuina de Dazai.

"Yo también quiero darte un día perfecto... pero ¿qué debería hacer para lograrlo?", pensó mientras corrían juntos por el parque vacío.

Pasaron horas entre risas y juegos. Se subieron a la rueda de la fortuna, donde aprovecharon para tomarse fotos con el cielo de fondo. Jugaron al típico tiro al blanco, aunque Dazai no fue precisamente un prodigio.

—¿Cómo demonios eres tan bueno disparando? —protestó Dazai, decepcionado al ver que Chuuya había conseguido el premio mayor, un enorme peluche de orca.

Chuuya lo levantó orgulloso.

—¿Y tú? ¿Por qué eres pésimo disparando? —preguntó, divertido.

De repente, el cielo se iluminó con destellos de colores. Ambos levantaron la mirada sorprendidos.

—¡El espectáculo de fuegos artificiales ya comenzó! Vamos a verlos —exclamó Dazai, tirando de la mano de Chuuya para buscar un lugar mejor.

Allí, de pie bajo el estruendo y la luz que pintaba la noche, Chuuya sintió una calma inesperada.

"Qué pacífico... a pesar de todo el ruido. Nunca pensé que podría tener este tipo de libertad. Pero todo lo que tenía que hacer era alcanzarla", reflexionó.

Bajó la mirada, un poco abrumado.

"No fue fácil...", pensó decaído. "No creo que hubiera podido hacer esto por mi cuenta. No lo hubiera logrado sin ti, Dazai".

FULL VOLUME || SoukokuDonde viven las historias. Descúbrelo ahora