—Hay un buen bar en este edificio —dijo Akutagawa, apretando con más fuerza la mano de Atsushi—. Podemos hablar allí.
El agarre era tan firme que Atsushi bajó la mirada, confundido. Sentía el calor de la piel de Akutagawa envolver la suya, esa presión tensa, casi impaciente. No entendía por qué lo sujetaba así, con tanta insistencia, como si temiera que se escapara.
Instintivamente, se soltó.
—¿Vamos a seguir tomados de la mano todo el camino o qué? —preguntó, algo avergonzado y con una pizca de molestia.
—Supongo que no —respondió Akutagawa sin siquiera mirarlo.
El silencio entre ambos se volvió espeso. Atsushi lo observó de reojo mientras caminaban uno al lado del otro, sin hablar, con la distancia física que había creado entre ellos.
—¿He venido en un mal momento? —murmuró Atsushi.
—No. —La respuesta de Akutagawa fue seca.
Atsushi desvió la mirada. "¿Por qué quiere hablar en otro lugar hoy? ¿Por qué no me invitó a su departamento, como la última vez?", pensó en el apretón de manos. "¿Por qué me sujetó así? Ni siquiera me miró a la cara...". Miró su palma, aún enrojecida por la fuerza con que lo había sostenido. "Ahora que lo pienso, realmente no sé mucho sobre él", pensó, observando la espalda del pelinegro mientras subían las escaleras del edificio.
El bar era tan lujoso como el resto del lugar, luces cálidas, madera pulida, música tenue. Se sentaron frente a frente. Atsushi, incómodo pero curioso, se quitó el abrigo y lo dejó a un lado.
—Creo que es la primera vez que vengo a un lugar así —dijo con una sonrisa tímida.
—¿En serio? Pero si antes trabajabas en un bar de acompañantes —respondió Akutagawa sin apartar la mirada.
—Sí, bueno... sé cómo servir champán, pero no sé nada sobre cócteles —rio Atsushi, nervioso, con las mejillas apenas rosadas.
Akutagawa lo observó detenidamente. El brillo suave del bar iluminaba la piel de Atsushi, resaltando cada pequeño gesto. "Mierda, hasta su sonrisa me pone caliente", pensó, notando cómo el joven jugueteaba con la manga de su camisa, sin saber qué hacer con las manos.
—En ese caso... ¿quieres que te recomiende uno? —dijo Akutagawa, inclinándose un poco hacia él.
—Sí —respondió Atsushi, más animado.
Akutagawa se levantó y se dirigió a la barra.
—¿Qué desea tomar, señor? —preguntó el bartender.
Akutagawa se tomó unos segundos.
—Prepáreme un sidecar, hecho con coñac.
—¿Está seguro? El coñac puede ser un poco excesivo.
—Lo sé —dijo Akutagawa, sin titubear.
Regresó con dos copas, colocándolas con cuidado sobre la mesa.
—¿Cómo se llama esta bebida? —preguntó Atsushi mirando el color ámbar del líquido.
—Sidecar. Se elabora con un tipo de brandy llamado coñac —explicó Akutagawa, tomando un sorbo.
Atsushi lo imitó. El sabor fuerte le sorprendió, pero no era desagradable, había algo elegante en la calidez que dejaba al pasar.
—¿Por qué el bartender dijo que el coñac puede ser un poco excesivo? —preguntó.
Akutagawa lo miró de frente, con una media sonrisa.
—Porque pedí el coñac más caro que tienen. Básicamente te preparó un cóctel que es demasiado bueno para lo que es.
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FULL VOLUME || Soukoku
FanfictionDazai descubre que su malhumorado (y demasiado atractivo) vecino, Chuuya, es en realidad su camboy favorito. Desde entonces, cada transmisión se convierte en una provocación imposible de ignorar. Ahora Dazai solo tiene una pregunta rondándole la me...
