Side Story 1.1 [Shin Soukoku]

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El eco de los pasos de Akutagawa resonaba en las escaleras del viejo edificio donde había crecido. A veces, los recuerdos parecían tener su propio sonido, su propio olor, su propio peso. Entre todos, uno regresaba con una nitidez dolorosa, el niño peliblanco sentado en el último escalón, acurrucado contra la pared, con la mirada perdida en algún punto que solo él podía ver.

Aquel día, Akutagawa solo había bajado por su pelota. No imaginaba que encontraría algo más que eso.

—Oye... ¿por qué siempre estás aquí solo? —preguntó, sin atreverse a acercarse demasiado.

El niño levantó apenas la cabeza. Sus ojos violetas con destellos dorados estaban húmedos, pero en ellos había una belleza que dolía. Por un instante, Akutagawa se olvidó de respirar.

"Qué bonito es", pensó inocentemente, sintiendo cómo algo extraño y cálido le oprimía el pecho. Era apenas un niño de tres años, pero supo que esa imagen se quedaría con él por mucho tiempo.

Los años pasaron. La vida cambió, los rostros se desdibujaron, pero no aquel.

Cuando volvió a verlo en la preparatoria, Akutagawa lo reconoció de inmediato, aunque el otro no pareció recordarlo. Seguía teniendo los mismos ojos tristes, la misma forma de replegarse sobre sí mismo como si el mundo fuera un lugar demasiado grande para él.

Y ahora, muchos años después, el destino volvía a jugar con ellos.

Aquel peliblanco que alguna vez le había estremecido el cuerpo con una simple mirada se encontraba ahora tirado en la cama, evitando la suya.

Akutagawa lo observaba de pie, con las cejas apenas visibles, levantadas, como si lo juzgara en silencio mientras aflojaba el nudo de su corbata.

"Puedo ver el arrepentimiento en su cara", pensó, con una calma que apenas contenía su temblor interno.

—Mírame —dijo con voz baja, acercando su mano a la mejilla del otro, obligándolo a alzar el rostro.

—Esto está mal —susurró el chico, mirándolo al fin. Sus ojos titilaban débiles, cargados de duda e inseguridad.

Los ojos grises de Akutagawa se enturbiaron. No respondió. Solo empezó a desabotonarse la camisa lentamente, cada movimiento tan medido que parecía ensayado.

—No es que no esté de acuerdo con esto —dijo al fin—. Pero manejemos esto como adultos y confiemos en lo que hemos hecho.

Posó las manos a cada lado del cuerpo del peliblanco, inclinándose lo suficiente para que su respiración se mezclara con la del otro.

"Siempre has tenido que ser un adulto... lo que significa que apelar a tu lado responsable debería ayudarte a cambiar de opinión", pensó Akutagawa, con una media sonrisa apenas visible.

El chico desvió la mirada, nervioso. No podía sostener esos ojos grises que lo atravesaban.

"¿Ves? No puedes evitar ser influenciado", pensó el pelinegro con una calma peligrosa. "No sabes nada de mí", pensó mientras deslizaba la camisa del otro con movimientos lentos, arrastrando los dedos sobre su piel pálida y helada.

"Pero yo sé todo sobre ti", se inclinó hasta lamerle su cuello. Sintió el estremecimiento del cuerpo ajeno, un temblor leve que lo delataba, y antes de que el peliblanco pudiera alejarse, su aliento volvió a rozar su piel.

"¿Crees que esto es injusto?", pensó mientras su mano descendía hasta la entrepierna del chico. Este lo detuvo con una mano temblorosa, queriendo frenar la situación sin atreverse del todo.

FULL VOLUME || SoukokuHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora