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Omnisciente

Sukuna fue suave con Megumi, al menos eso considera él, lo que le dijo lo movió más de lo que hubiera pensado.

"Estoy seguro de que fue mejor que el tuyo, ¿Tú qué podrías saber de padres ejemplares?"

Por mucho menos había hecho trizas a muchos otros, hubo un momento en el que quiso hacerle lo mismo, hacerle sufrir, destruirlo, apagarlo por completo.
Ni él mismo podía decir que habría sido de Megumi si no le hubiera dejado luego de un castigo tan "simple".

Quizás fue "gentil" con él porque estaba embarazado, porque Reiji estaba llorando como loco o porque a pesar de haber estado enojado amaba esos ojos llenos de lágrimas, escucharlo rogar y sentirlo temblar por placer, tristeza o terror.

Ese es su omega, su hermoso y perfecto Megumi, ya no era solo una cuestión de gusto y desmedida atracción, era él, su aroma, ese rostro que sin importar la expresión era más que precioso, el sonido de su voz que a veces era monótona y distante, otras parecía ronronear llena de cariño, la forma en que cuida a Reiji con tanto amor a pesar de que hasta él como su padre reconoce que es un bebé difícil y no se podía ignorar el hecho de que el omega ni quería tenerlo, las veces que hace comentarios burlescos hacia quien sea y el omega ríe, la cara de pena que pone cuando le regaña, la tonta vergüenza que le daba cuando las caricias eran atrevidas, sus suaves sollozos y el miedo que podía olerse, solo Sukuna podía llevarlo a todos su extremos y tocar su alma.

Ya sea para bien o mal y eso era lo único que lo salvaba.

Pero vaya que a veces lo tentaba y esa ocasión fue una de esas, se alejó el resto del día sabiendo que eso solo preocuparía más al otro, al entrar por la noche y que Megumi literalmente rogara por perdón entre lágrimas Sukuna le ignoró cuando en realidad deseaba ver sus ojos hundirse en terror y hacerlo gritar en arrepentimiento.

Por la mañana se sentía harto de todo, la más mínima provocación o simple gesto le habrían hecho explotar así que fue directo a sus asuntos y pobre de aquel que cruzara su camino.
Cuando quiso tomar aire decidió ser él quien alimente a esos caninos que de cachorros ya casi no tenían nada, eran cuidados y comían bastante bien.

Tuvo el gusto de ser él mismo quien sacrifique a los animales que usaba como alimento, tirando trozos de carne y huesos a los lobos que no tardaban en devorarlos.

Justo terminaba cuando la canasta donde llevaba la carne le fue casi arrebatada por uno de los lobos que saltó atraído por el olor de la sangre.
Se agachó para levantarla y al blanco animal le atinó un manotazo que aparte de alejarlo le hizo chillar.

Lo siguiente ni él mismo lo recuerda con claridad, solo sabe que sucedió.

Al escuchar el berrido de su compañero, el oscuro lobo hizo lo que su instinto demandó, defender. Sukuna no tuvo tiempo de reaccionar cuando el animal se abalanzó directo a su rostro en un agresivo impulso.

La mordida acertó en la parte derecha de su cara y los colmillos se aferraron a la carne hasta abrirla, el alfa reaccionó como solo el sabe hacerlo, con violencia. Un potente golpe bastó para liberarse desgarrando su propia carne, seguido juntó ambos puños en el aire dejándolos caer con todas sus fuerzas. El canino fue derribado acompañado del sonido de huesos tronar, murió con el impacto y eso no fue suficiente, encendido en ira siguió golpeando hasta que se cansó, ni penso en su dolor, más que quejarse gruñía furioso y el lobo albino no paraba de ladrar en pánico. Para cuando Sukuna se detuvo la cabeza del otro animal era una pulpa de huesos, pelo, carne y sangre.

Loyal (SukuFushi)(omegaverse)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora