Tengo la necesidad de llorar, pero me trago mi llanto y continúo caminando. Meto
las manos en las bolsas de la chamarra, presiono el mango de la navaja para sentirme fuerte. Respiro profundo.
Antes de llegar al vecindario, miro a todas partes, asegurándome de que Jackson no me haya seguido, pero después tratarlo como lo trate, no creo quiera saber de mi, por el momento.
Entro rápidamente, saludo a Héctor que como siempre esta vigilante viendo televisión y sorbiendo café. Entro a mi departamento y cierro la puerta rápidamente. Saco la navaja y deslizo el botoncillo. Cuando sale la hoja, respiro aun mejor. Me siento en la cama y me quedo un buen rato mirando la navaja, no puedo evitar dejar de tocar el filo de la hoja. Veo la pared que esta frente a mí. Coloco una silla de madera delante de mí a una distancia máxima de metro y medio. Me siento en la cama y lanzo la navaja; pero esta se va por encima. Voy por la navaja y continuo lanzándola, esperando así perfeccione mi puntería.
Después de muchos intentos di en el centro de la silla, seguí con la misma estrategia y procure dar en el mismo sitio, para mi suerte, ahora todas dan ahí.
Coloco un cono de leche en la silla, lanzo la navaja y la hoja traspasa el cartón clavándola en la madera. Voy por una manzana, la coloco en medio, lanzo la navaja y la hoja la traspasa, aunque esta no se clavo en la madera.
Los días pasan y yo continúo perfeccionando mi puntería. Esta semana he fingido que me da igual si me descubren; pero en realidad temo que lo hagan. Si voy a prisión, no protegeré a Jackson. Como poder imaginar que la gente cuestiona por su pasado, por lo que aparentan o cosas tan estúpidas e incoherentes. Se basan en lo que escuchan, de lo que hablan, de lo que según es; dejan libre al agresor por
tenérmele más al defensor. Puede que no sea una defensora, pero, me temerían
más a mí por ser hija de un asesino, que a los que les disparan por una billetera.
Eh visto a Marcos, pero cada vez que tomo el taxi, procuro que no sea él, por su
protección y por la mía. Las camionetas de Gustavo no las eh vito, pero sé que regresara cuando se dé cuenta que no me provoco ningún daño grave. Sé que el hacerme volcar fue una advertencia. Si me hubiera querido matar, sus camionetas no se abrían ido sin antes tritúrame entre las dos. Procuro mantenerme lo más lejos posible de los policías. No ha salido nada en los periódicos, se que Jackson hace lo posible por mantenerme cubierta. Me protege como yo a él. Seriamos buen equipo, pero es mejor estar separados.
Creo que soy buena para la defensa personal, solo necesito aprender nuevas
tácticas de defensa. Así que todas las noches coloco una pera de boxeo que compre,
puedo perfeccionar mis golpes o dar patadas altas veloces y fuertes. Siempre que camino por la calle, llevo conmigo la navaja, siempre presionando el mango para
darme fuerza. Como si fuera un tipo de imán que absorbe mis miedos y a cambio me deja valor.
Soñar con mi padre, no me trae control, me da ideas de lo que puedo ser si me
descontrolo. Eh soñado que mi padre asesina a muchas chicas, pero antes de terminar el sueño, soy yo la que corta sus cuellos, o les dispara en la cabeza. Y entonces, despierto. Con un grito en el pecho paso las horas. Con ideas de cómo será el próximo ataque de Gustavo hacia mí, y que hare al respecto. Cada vez que se
me viene a la cabeza su rostro, lanzo la navaja, dando en la silla ya marcada, o en
algún punto deseado del departamento. Como si al lanzarla me trajera bienestar, o me diera la impresión de que se la he lanzado a Gustavo.
ESTÁS LEYENDO
La hija de un asesino
ActionEl peligro te asecha, donde quiera que estés. La vida sabe como recompensar lo malo que te paso en algún momento. Lágrimas, gritos, dolor; el cortaba su cuello lentamente y ella quería escapar, pero no podía, tenía las manos y los pies atados. Gr...
