Capítulo 39. Sin sentido

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Jugar al ajedrez contra mi propia mente es lo más retador que he hecho, han sido 2 semanas pesadas, ignorando la voz de mi cabeza que insiste en acercarme a Vega. Al mismo tiempo, mi corazón se vuelca porque sabe que esta misión es importante.

Nadie sabe que haré en realidad allí afuera, y eso es lo que más le pesa a mi conciencia.

Y ha llegado la noche, la noche en que también volveré a pedir un favor al señor de la noche luego de tanto, tanto tiempo.

Miro a Orkias preparándose un whisky en la isla, papá está del otro lado leyendo no sé qué. ¿Debería despedirme? O simplemente escabullirne?

Miro mis manos, muerdo el interior de mi mejilla y me pregunto si Juanjo ya está ante la habitación de Vega iniciando el ritual de protección.

Analizo la situación, repaso mis movimientos y la ruta que decidí seguir. Respiro profundo, mi cerebro ya tomó una acción antes de que mi conciencia procese.

—Orkias, papá... —digo en lo que me apoyo en la isla.

De inmediato mi mentor y mi padre posan la mirada en mi.

—Hablando del rey de Roma —dice papá —No me creerás, pero eras el centro y motivo de esa raya de whisky—señala a Orkias y este afirma en lo que toma su vaso y lo bebe

—Wow, tengo el honor de ser la conversación de esta noche —bromeo.

Orkias solo toma su vaso y lo bebe, para luego soltarlo en la mesada de granito, volver a servirse y ofrecerme una mirada como de... sospecha. O solo es mi mente que sabe que lo va a desobedecer que me pone trampas.

Aprieto mis puños, siento que estoy traicionando a quienes respeto y aprecio, pero también tengo la certeza que lo que haré es necesario.

—¿Quieres? —pregunta Orkias

Yo estaba por negar, pero papá ya me pasa un vaso y Orkias vierte el liquido de la botella en él. El sonido es tentador, la última vez no me gustó, quizás hoy cambie mi perspectiva.

—Ya que insisten —al decirlo ambos ríen de mi.

Cuando papá le tira un cubo de hielo, tomo el vaso y lo bebo como si fuera un jarabe qué va a saber mal... el fuego que ma mi garganta, pero por los 7 ¡qué bien se siente mi espíritu ahora!

—Despacio, campeón —se burla papá, y me da una palmada en la espalda que casi me hace toser el trago—. La próxima vez no hay hielo de consuelo.

Orkías no ríe esta vez. Me mira por encima del borde de su propio vaso, y por un segundo temo que vaya a preguntar algo que no voy a poder responder sin mentirle en la cara.

—¿Vas a alguna parte esta noche? —pregunta, casual, como quien no quiere la cosa.

El vaso se me hace pesado en la mano.

—Solo vine a verlos un rato —digo, y no es del todo mentira. Solo es una verdad incompleta, que es la peor clase de mentira que existe.

—Mmmm pensé que tu madre te enseñó a no mentir y a portarte como un hombre honorable Luriel —el remate ¿y ahora como salgo de esto?

—A qué viene esa acusación? —pregunto volviendo a beber

Orkías se encoje de hombros, bebe otro trago y mira a papá como buscando aliado, pero papá está entretenido cortando otro cubo de hielo, ajeno o fingiendo estarlo.

—A nada... —dice al fin, y ese "nada" pesa como una piedra en el estómago—. Hace dos semanas que andas raro, Luriel, y te conozco lo suficiente como para saber que esto no es cansancio ni entrenamiento de más. Esta mentira te queda mal puesta, como ropa prestada.

Los Dioses del Panal [Libro 5]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora