-Vega.. -repito su nombre en lo que camino hasta ella.
La chica aún está parada en medio del pasillo, se ve le ve la expresión de alguien triste y enojada al mismo tiempo. Llevo mis manos a los bolsillos de mi cargo, y me encojo los hombros como buscando concentrar la tensión de mi cuerpo allí y rogando que no sea de las que se ha dado cuenta.
-Hoy sí me vas a hablar... -Suelta y la daga de sus frias palabras va al pecho
-Yo siempre estoy para hablar...
Me ofrece una mirada retadora, el enojo se acrecenta en ella, lo sé porque su ceño se frunce con mayor profundidad. Cuando estoy a unos a unos pasos a que la distancia sea peligrosa para mi, me detengo y le ofrezco una sonrisa que busca ser conciliadora, pero no hay nada que relaje la expresión de mi jueza.
-Mentiroso, eres un gran mentiroso... Y estúpido, con cero responsabilidad afectiva, con la actitud más desesperante e intratable -me duele escucharlo, pero es verdad, soy todo eso ahora mismo, creí que sería diferente con ella, pero soy el mismo patán -. Digno heredero del apellido Gianti...
El remate perfecto, lo que menos quería ser, igual que mi padre... Solo respiro profundo, este no es el momento de defenderme, solo puedo ser acusado y debo aceptar los cargos.
-Vega... Lo siento -suelto y eso la enfurece mucho más
-Maldito hijo del añakua, es todo lo que vas a decir... Después de que vienes y te haces el macho alfa, pavoneandote en mi habitación, presumiendo tu estupida labia, tus juegos al gato y al ratón, haciéndome creer que de verdad buscabas tener algo conmigo...
-Eso no es mentira -interrumpo-. Me hubiera encantado tener algo contigo...
Ella queda en silencio, su rostro se tiñe de decepción, analizando mis palabras, la veo respirar con mayor fuerza, suelta un suspiro y esta vez gesticula con energía hacia mi.
-HUbiera... Esa es la palabra que usas ahora, Hubiera... ¿Qué está pasando Gianti?
-No... No es que no quiera... Es que, no se puede, y lo sabes
-¿Lo sé? ¿Yo lo sé? -lanza una risa cargada de nervios y se que también de rabia- Esto es demasiado para mi, creo que fue un error hablar contigo esta noche. Lo siento, yo voy a ir a mi habitación... -Doy un paso hacia ella y al instante levanta ambas manos para detenerme -No, ni se te ocurra, no estoy dispuesta a jugar esto que estás planteando aquí... Mejor, ve a hacer lo que se supone que ibas a hacer, estoy harta de que tus amiguitos te encubran, de que actuen como cuando estabas en misiones del justiciero, de que borren tu rastro, de sus movimientos precisos e incisivos de su estúpida forma de... Cubrirse sus fechorías.
-Vega... -de nuevo su nombre en mis labios me duelen -No es lo que yo quiero, esto que está pasando, pero...
-El pero lo deja sin efecto- me interrumpe-. Tú, quien prácticamente toma al destino y le dice como y cuando tú quieras, me vienes a decir que no es lo que deseas... Y lo haces de igual manera.
-Esto es diferente... Es importante...
-Enamorarme, ignorarme, desecharme, y ocultarme lo que sea que piensas hacer, luego de ofrecerme hasta tu reino... Es importante. Lo entiendo, lo entiendo. Anda, ve a lo que ibas...
Ella se voltea, la iba a tomar de la muñeca, juro que mis impusos la quieren atajar, abrazarla y besarla, pero las palabras de Porasy vuelven a sonar en mi cabeza. Me balanceo, dudo, doy unos pasos hasta ella, pero se voltea y me detiene con un bloque de magia que se interpone entre los 2.
-No, no y no -dice como si estuviera entrenando a un perro-. Te quedas ahí, lejos de mi, no quiero que te acerques. -respira profundo y luego agrega-. Sabes que soy tu mejor soldado, y que te hubiera cubierto, que te serviría incluso poniendo en riesgo mi vida, pero decidiste no confiar en mi... Así que, hazte responsable de esas decisiones... Igual, cuando llegue el momento, sabes que me puedes llamar al campo de batalla... A pelear, Luriel Soldier Gianti Merlis, solo a pelear, desde hoy... Te olvidas de mi.
-Vega, espera -digo, y aunque el bloqueo sigue entre nosotros, no retrocedo-. No te estoy subestimando. Es al revés.
Ella entrecierra los ojos, desconfiada, pero no se mueve para irse. Todavía no.
-Es al revés - Repite con indignación- ¿qué es lo contrario de subestimar? ¡Dices que me valoras! Pero soy el peon de tu juego...
-NO, no es así Crux
-Es mi destino y lo sé -agrega en lo que siento una punzada en el corazón-. La hija de la villana, la que vino a sanar tus heridas, Yo se que no soy realmente importante... Y no creas que me victimizo - su rostro no refleja ni un gramo de tristeza, lo que dice lo hace desde la convicción-. Solo se cuál es mi lugar... Al mismo tiempo, se que puedo ser un arma mortal, que puedo cumplir con cualquier misión. Y eso sí me enfurece, ser desplazada como si fuera una frágil paloma, que merece de tu compasión...
-Estás equivocada... Esa no es la razón por la que no puedo...
-¿Por qué no? -la voz le tiembla, por primera vez no de rabia-. ¿Porque soy débil? ¿Porque no confías en mi poder?
-Porque ya vi morir a demasiada gente que quise, Vega. Vi a mi madre irse, vi a Zunú... -Y por un segundo, sin querer, pienso en lo otro que se rompió y que juré que sería eterno. Me lo trago antes de que llegue a la lengua-. No tengo miedo de que seas débil. Tengo miedo de que seas una más en esa lista... A que yo no sea lo suficiente para cuidarte, o a cualquiera que quiera seguirme... Yo no soy sufuciente.
Vega se queda callada. El bloqueo entre nosotros tiembla un segundo, como si su propia magia dudara junto con ella.
-Eso no es una excusa, Luriel. Esa es la razón por la que deberías confiar en mi... Y recordar que tú nunca fallaste, hiciste lo que debiás hacer...
-Nunca fallaste -repite, más bajo esta vez, como si la rabia se le hubiera gastado de golpe-. Hiciste lo que debías hacer. Siempre. Por eso confío en ti, aunque ahora mismo te odie con toda mi alma.
Eso me rompe más que cualquier grito. Un insulto lo hubiera podido sostener. Esto no.
-Vega...- he perdido la cuenta en la que he suspirado su nombre.
-No -corta, y baja las manos. El bloqueo entre nosotros se disuelve como si nunca hubiera estado ahí, pero ninguno de los dos avanza-. Ya dije lo que tenía que decir. Anda, Luriel. Antes de que me arrepienta de dejarte ir.
-¿Me dejas ir? -pregunto, casi sin voz.
-No porque quiera. Porque si te pido que te quedes, y te quedas, nunca me lo voy a perdonar si el mundo se termina de romper por mi culpa.
Se da la vuelta. Esta vez no hay magia que me detenga, no la necesita, sus propios pasos alejándose son la barrera más efectiva que pudo haber puesto.
-Vega Crux -digo, su nombre completo pesándome en la lengua como una despedida que no quiero que sea eso.
Ella no voltea. Solo levanta una mano, un gesto pequeño, casi de rendición, antes de perderse por el pasillo.
Me quedo solo, con la mochila todavía al hombro y el pecho vacío de un modo que ningún entrenamiento me preparó para sentir. «La llave dorada, la promesa a Hisa, y ahora esto que ni siquiera tiene nombre. Todo pesa al mismo tiempo, todo en el mismo lugar del pecho.»
Respiro hondo, una, dos, tres veces, hasta que el aire deja de temblarme al entrar.
«Quedarme un segundo más significa no irme nunca.»
Y entonces camino hacia la puerta. Al fin, con el corazón hecho añicos ¿Cómo es posible que el dolor se vuelva una carga?. Lastima que no hay tiempo para averiguarlo.
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Los Dioses del Panal [Libro 5]
FantasiLas reglas ya no existen desde que los 7 se dividieron. Los dioses dejaron de ser Neutrales y eligieron bandos. Luriel y todos los que alguna vez fueron de La Colmena se enfrentarán no solo a los mosntruos y enemigos que ahora se quieren aprovechar...
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