Capítulo 41. Quebrado

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El sonido de los cuerpos corriendo uno tras otro, el orden de los soldados rodeandome hace que mi cerebro busque crear la mejor estrategia, tonto de mi.

Muevo mis brazos y hago aparecer en mi manos el Takape, me pongo de pie apoyándome contra el árbol, mientras la sangre de mi brazo corre entre mis dedos. ¿En qué momento unas simples Gotas se volvieron peligrosas?

Cuento las posiciones, dos a mi izquierda, una atrás, la cuarta se mueve en diagonal buscando el flanco que dejé abierto sin querer. Antes hubiera sido un error menor. Con esta coordinación nueva, podría ser el que me cueste el brazo entero.
No les doy tiempo a cerrar el círculo.

Me empujo con la pierna contra el árbol y salgo al encuentro de la más cercana antes de que termine de acomodarse, el Takape corta el aire con un silbido seco, y el golpe que doy no busca herir, busca romper la formación. Funciona. Rompo la simetría que tanto les costó armar, y por un segundo, apenas un segundo, vuelven a ser lo que siempre fueron, animales sueltos, no soldados.

Aprovecho ese segundo entero, invoco poder en mis manos y con un golpe seco golpeo el suelo, de él se expiden a lo alto cientos de ellas, y brujas malditas, como no... Pero estas se ven diferentes.

Estando en el aire ellas agito mi Takape, algunas se parten a la mitad, soltando ese liquido tan asquerso que las caracteriza. Las brujas malditas vuelan, levitan y rien a carcajadas, recordé mi primer año, pero esta vez me dan genuinamente miedo.

De sus manos salen hilos de color morado y se unen una con otra creando una red gigante

¡Mierda! Mascullo entre dientes ... Tome una mala estrategia.

Me adelanto a la situación invocando un escudo, como el que Anastasia usó conmigo cuando me encerró con Iracema hace tanto tiempo.

Esto me protege de las quemaduras de las que iba a ser víctima si esas cosas tocaban mi piel.

—¿Cómo voy a escapar de esto yo solo? Murmuro como si alguien pudiera escucharme

El crepitar de los hilos suenan con mayor fuerza contra mi escudo, lo veo debilitarse a medida que las brujas lanzan más y más.

El conjuro que lanzan es completamente intencional, me quieren atrapar. Clavo mi Takape al suelo y me apoyo en él. Creo que esto se está saliendo de mis manos, y me alegra que sea solo yonel afectado.

Intento hacer que mi mente trabaje que busque una salida, una estrategia, y comprendo cuanto necesitaba volver al campo de batalla ¿Cómo se supone que enfrente a los Dioses si no puedo con simples peones? Y yo que me creía invencible.

—Vaya, vaya, vaya —dice una voz familiar —. Levanto la mirada como quien sabe a lo que se va a encontrar y la miro con una sonrisa —. Nada más y nada menos que El señor Cario... el Gianti más importante

—Tanto tiempo... Jazmín ¿Me has extrañado? —pregunto de forma que sienta el peso de mis palabras. Haciéndome del fuerte, como si no estuviera atrapado.

—¡Uff! No tienes idea bebé, me hacía falta diversión.

—¿Y dónde está tu hermano cascarrabias?

—Mmmm haciendo cosas importantes también, pero eso da igual, Cario... me sorprende que alguien de la realeza de la Colmena ande solo e indefenso fuera de su castillo blindado, cuanto he intentado contactarte.

Ella camina alrededor del domo y las brujas sonriendo con más fuerza. Levanta la mirada y estas se callan en automático

—¿Tú las controlas? —pregunto, y no logro esconder del todo la sorpresa en la voz, aunque me esfuerzo.

—Controlar es una palabra fea, Luriel. Digamos que... me gané su lealtad. —Se detiene justo frente a mí, del otro lado del domo, y ladea la cabeza como si me estuviera estudiando—. Igual que me la gané yo, alguna vez, sola, sin que nadie me protegiera.

Ahí está. La cereza del pastel, con esto ya tengo claro que su bando es mi enemigo, que ahora es una mata abeja consagrada, ¿Aún existen ellos? Habrán evolucionado sus motivos, seguiremos siendo su objetivo?

—Jazmín, sea cual sea el camino que hayas elegido, nosotros ya no existimos como La Colmena, el Aregua está lejos hasta de nosotros, conmigo como tu prisionero no lograrás nada, más que solo tenerme de trofeo. Nadie responde por nosotros, ni los dioses, ni la reina.

El escudo cruje otra vez, más débil.

—¡Ay, tontito! —Rie con elegancia y se tapa la boca con el dorso de la mano, dejándome ver los tatuajes de sus dedos.

Jazmin es una bruja... ¿Los mata abejas ahora tienen una bruja? ¿De que estilo? Qué está pasando...

—Mi amor, —habla acercándose al domo—. Cuando la Colmena desapareció a causa de Franco, sentí mucha pena y dolor. Ufff y ni que decir cuando vi a Sabrina atravesaste el pecho.

>>Pensé que el fin era inminente, hasta que lo vi... el mismo señor muerte estaba interesado en que vivieras. La Colmena es verdad ya no tiene un valor por lo que nos puede entregar, ha dejado de importar, han cerrado el acceso al Yvaga y al Aregua...

>>Pero el valor de su sangre, de la sangre de cada abeja se ha triplicado en el mercado... ¿por qué crees que son casados ahora?

Mi pecho se encoge. No estoy comprendiendo, no estoy logrando atar los cabos sueltos.

—Luri, Luri, Luri... desde que saliste de tu castillo haz sido mi moneda de cambio, me has dado libertad... uff la señora Ohara me dió una hermosa misión, llevarte vivo ante el nuevo consejo de los desterrados...

—Ya no existen desterrados si ya no hay Colmena —aseguró.

—Mmm te doy en parte la razón, ya no existen desterrados, ahora somos los coronados...

Una sonrisa se dibuja en su rostro y al fin mi inteligencia decide trabajar. Ya lo estoy entendiendo.

—Los Dioses... —digo golpeando el Takape—¡Malditos Dioses!

—Uy, no blasfemes a mis protectores —ríe —. Ellos son nuestros guías. Y ustedes se quedaron casi solos...

—¿Y si ya tienen poderes a nivel de las abejas, o más,  qué pintamos nosotros? —pregunto, aunque temo la respuesta.

Algo cruza su expresión, rápido, casi invisible si no la conociera tan bien.

—Acaso no me escuchaste? Su sangre vale su peso en oro. Es verdad que los dioses nos favorecen a nosotros, pero hay un pequeño grupo que sigue obrando por los 4, obrando por protegerlos, y eso, interrumpe nuestro gran plan.

Se acerca un paso más, y las brujas ajustan la red como si respondieran a un gesto que yo no llegué a ver.

—Pero ahora eso da igual. La Señora va a estar feliz de saber que te encontré primero —dice, casi cantando las palabras—. Y yo voy a estar más feliz todavía de ser quien te entregue.

¿Quién demonios es la señora? ¿Y como se supone que me pueda levantar en medio de tanta desventaja divina?

Cierro mis ojos, y una luz de esperanza viene a mi cuando vuelvo a escuchar el crepitar de mi escudo. Miro arriba, luego abajo.

No puedo creer que ya tenga mi ruta de escape, y que la misma, me lleve a una prisión que yo mismo diseñé... sin embargo, es al fin y al cabo a lo que vine.

—¡Rompan el escudo de una buena vez! O llamare a Viudas negras que hagan el trabajo por ustedes, inútiles —ordena Jazmin

Y aunque parezca terrible, es justo lo que necesito para realizar mi invocación,  la última usé la energía de Vega para esto. Hoy usaré la de mis captoras.

Cuando la luz morada se pone intesa, con una mano toco mi escudo y con la otro mi takape y digo:

—Che gueraha, pe ra'anga renda, pe itaguecha ajapova'ekue

El domo se rompe y mi cuerpo se vuelve de goma, comiendo a ver todo en espejo y a escuchar el sonido del vidrio cerrarse al rededor de mi... ¡mierda! Entré en la jaula que cree a Irasema... y esta no era ni por si acaso, la idea que tenía. Pero al menos estoy a salvo... por ahora

Los Dioses del Panal [Libro 5]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora