Luffy estaba comenzando a odiar las plazas. Era una tontería, una de esas cosas que cualquier persona racional consideraría absurdas, pero desde que Zoro se había marchado no podía evitarlo. Cada vez que atravesaba una, cada vez que escuchaba a alguien reír cerca de una fuente o veía a dos personas compartiendo un banco bajo la sombra de un árbol, terminaba pensando en él. Siempre terminaba pensando en él. Era como si su mente hubiera desarrollado la costumbre de buscarlo incluso cuando sabía perfectamente que no iba a encontrarlo. Aquella tarde el cielo estaba cubierto por nubes grises y el viento arrastraba hojas secas por las calles. La ciudad seguía exactamente igual que antes; los mismos edificios, los mismos negocios, las mismas personas caminando de un lado a otro preocupadas únicamente por sus propias vidas. Nada había cambiado realmente. Y aun así, para Luffy, todo parecía diferente. Más vacío. Más frío. Más distante.
Se detuvo frente a una pequeña plaza que solía frecuentar junto a Zoro y observó los bancos desgastados por el tiempo. Habían pasado incontables tardes allí. A veces hablaban durante horas y otras simplemente permanecían sentados en silencio, observando a la gente pasar. Lo extraño era que esos silencios nunca habían resultado incómodos. Con Zoro nunca tenía que esforzarse para llenar el vacío con palabras inútiles. Bastaba con su presencia. Bastaba con saber que estaba allí. Por eso, cuando por un instante creyó verlo sentado donde siempre, con los brazos cruzados y aquella expresión de pocos amigos que curiosamente siempre había logrado transmitirle tranquilidad, su corazón dio un salto ridículo dentro de su pecho. Incluso avanzó un paso antes de darse cuenta de que no era él. Solo era un desconocido. Otro extraño. Otro recordatorio cruel de que Zoro ya no estaba.
Luffy bajó la mirada y apretó ligeramente los puños. Habían pasado cuatro meses desde la pelea. Cuatro meses desde la última vez que escuchó su voz. Cuatro meses desde que Zoro decidió marcharse. Cuatro meses en los que había intentado convencerse de que estaba bien, de que podía seguir adelante, de que era capaz de continuar con su vida como siempre lo había hecho. Pero era mentira. Una mentira enorme y ridícula que ni siquiera él mismo conseguía creerse. Porque algunas heridas parecían incapaces de entender el paso del tiempo. Seguían abiertas aunque los días avanzaran. Seguían sangrando aunque todo el mundo insistiera en que ya era momento de dejarlas atrás.
Lo peor era que la discusión había comenzado por algo insignificante. Al menos eso era lo que todos pensaban. Sanji decía que ambos eran unos idiotas orgullosos incapaces de resolver las cosas hablando. Nami insistía en que únicamente necesitaban sentarse y escuchar lo que el otro tenía que decir. Usopp estaba convencido de que tarde o temprano terminarían arreglándolo porque personas tan cercanas como ellos no podían separarse para siempre. Nadie entendía realmente lo que había ocurrido aquella noche. Porque el problema nunca fue la discusión. El problema fue todo lo que se dijeron durante ella. Palabras acumuladas durante años. Frustraciones escondidas detrás de sonrisas. Miedos que ninguno de los dos había sido capaz de admitir en voz alta.
Luffy todavía podía recordar el momento exacto en que todo comenzó a romperse. Recordaba la expresión de Zoro. El cansancio en sus ojos. La forma en que evitaba mirarlo directamente mientras hablaba. Como si llevara demasiado tiempo intentando encontrar una solución y finalmente hubiera decidido rendirse.
-Siempre haces lo que quieres.
Aquellas palabras seguían resonando dentro de su cabeza incluso meses después.
-Porque confío en ustedes.
-No. Porque asumes que siempre vamos a seguirte.
En aquel momento no lo entendió. O quizá sí lo entendió y simplemente decidió ignorarlo porque era más fácil fingir que no había ningún problema. Pero ahora, mirando hacia atrás, podía ver todas las señales que había pasado por alto. Todos los momentos en los que Zoro había intentado decirle algo y él simplemente había seguido avanzando sin detenerse a escuchar.
-¿Qué se supone que significa eso?
-Significa que estoy cansado, Luffy.
Aquello fue lo que terminó destruyéndolo. No los gritos. No la discusión. No la puerta cerrándose detrás de él. Fue esa frase. Porque por primera vez en toda su vida vio a Zoro completamente agotado. Agotado de seguirlo. Agotado de quedarse. Agotado de intentar entenderlo. Y por primera vez no supo qué responder.
La casa era probablemente la peor parte de todo. Porque estaba llena de Zoro incluso cuando él ya no vivía allí. Su taza favorita seguía guardada en el mismo estante. Algunas camisetas permanecían olvidadas dentro del armario. Incluso había una fotografía atrapada detrás de un mueble que ninguno de los dos había movido en años. Luffy nunca tuvo valor para tirarlas. Tampoco para guardarlas. Simplemente las dejaba donde estaban, como fantasmas silenciosos que se negaban a desaparecer.
Aquella noche llegó bajo la lluvia y se quedó inmóvil frente a la puerta durante varios segundos. Era absurdo. La casa le pertenecía. Pero ya no se sentía como un hogar. Porque cuando abrió la puerta no encontró ninguna voz preguntándole dónde había estado. No encontró ningún comentario sarcástico ni ninguna presencia esperándolo al otro lado. Solo silencio. Un silencio enorme, pesado y doloroso que parecía extenderse por cada rincón de la vivienda.
La casa misma parecía extrañarlo.
Y eso era lo peor.
Porque confirmaba que no estaba imaginando nada.
Incluso las paredes parecían notar la ausencia.
Luffy dejó las llaves sobre la mesa y caminó lentamente hasta la cocina. Todo seguía organizado para dos personas. Dos platos. Dos vasos. Dos sillas. Como si una parte de él continuara esperando que Zoro regresara en cualquier momento y se sentara allí como si nada hubiera pasado. Qué patético. Pensó eso mientras se dejaba caer en una silla y observaba el lugar vacío frente a él. Sin embargo, por mucho que se insultara a sí mismo, tampoco era capaz de cambiar nada. Porque admitir que Zoro no iba a volver significaba aceptar una realidad para la que todavía no estaba preparado.
Algunas noches soñaba con él. Era cruel. Porque en los sueños todo estaba bien. Volvían a caminar juntos. Volvían a discutir por tonterías. Volvían a reír. Y durante unos minutos olvidaba que la realidad era diferente. Luego despertaba. Y la cama seguía teniendo demasiado espacio vacío. Demasiado silencio. Demasiada ausencia.
Aquella madrugada incluso creyó escuchar su voz. Se incorporó de golpe, con el corazón latiendo tan fuerte que llegó a dolerle el pecho.
-¿Zoro?
Pero nadie respondió.
Solo había oscuridad.
Solo había silencio.
Solo estaba él.
Y eso fue cuando comprendió hasta qué punto había comenzado a perderse dentro de sus propios recuerdos.
Porque llevaba meses buscándolo en todas partes. En estaciones de tren. En cafeterías. En las plazas. En el mar. En las calles. Incluso en personas que no se parecían en nada a él. Como si alguna parte de su mente se negara a aceptar que realmente se había ido.
Quizá porque una parte de él seguía esperándolo.
Quizá porque todavía lo amaba.
O quizá porque nunca aprendió a vivir sin él.
ESTÁS LEYENDO
One Zolu Shots
Hayran KurguPuesto #6 en #zoroxluffy (23/05/25) Puesto #3 #luffyxzoro (08/10/25) Puesto #3 #zolu (25/12/25)
