Se dice que lo peor que le puede pasar a una persona es morir, donde tu corazón deja de latir y cada órgano de tu cuerpo se detiene finalmente para terminar posiblemente tres metros bajo la tierra o en alguna caja con el cuerpo calcinado, es ahí donde toda esperanza y sueño culminan. Pero nadie habla sobre las demás personas que deben despedirse de sus seres queridos, los que sufren esa perdida, esa ausencia tan profunda que no puede llenarse con absolutamente nada.
Con ocho años de edad mire como Barbara Wood mi madre de treinta y dos años de edad murió a causa de un balazo en el corazón, en una parada de semáforo. Todas las noches desde que tengo ocho años de edad el recuerdo de esa noche me atormenta de diferentes maneras, es extraño porque son trozos de ese momento pero ninguno es claro. Mi padre siempre me repite que quizá deba olvidar eso, debió ser demasiado para el mirar a el amor de su vida en una caja de ataúd.
Como regalo de cumpleaños diez y seis recibí unos boletos de avión en una caja de regalo demasiado grande para dos trozos de papel. "Los Ángeles, California" esas eran las palabras que estaban escritas en ese boleto. Daevid, mi padre había recibido una muy interesante propuesta de trabajo en esa ciudad y era como una especie de un nuevo comienzo aunque no esperaba recibir los boletos en mi cumpleaños.
Estaba por cruzar la línea a lo que seria mi nuevo instituto, llegar un mes despues de que las clases comenzaran para el segundo año de preparatoria no era muy agradable pero estaba dispuesta a hacer esto.
—Es un instituto demasiado prestigioso en esta ciudad.—Sonreí por cortesía y asentí levemente.—Solo digo que algo interesante debe tener esto ¿No?.
—Tienes razón.—Sostuve con fuerza el listón rosado sobre mi hombro y comencé a caminar.—Llegare a casa esta tarde.—Me despedí de la cara angustiada de Daevid y abrí la puerta de cristal.
Lo primero que se veía era un gran estacionamiento del lado izquierdo del edificio, unos grandes cristales decoraban las pocas paredes del instituto y eso permitía que los estudiantes o cualquier persona que estuviera dentro pudiera ser testigo de lo que pasaba fuera. Un piso a cuadros blancos y negros como un tablero de ajedrez decoraban el piso, había una gran cantidad de casilleros en el pasillo final del lugar. Del lado derecho se encontraba un gran campus de futbol americano repleto de gradas y un poco de techo para sus espectadores.
Decidí caminar y observar cada detalle del edificio, era realmente enorme y a decir verdad tenia un poco de miedo de perderme aqui. Unas escaleras de concreto llevaban al piso de arriba y por lo poco que había visto, estaba segura de que en la planta baja no estaba la oficina del director.
Cada piso de este lugar tenia algo diferente que lo caracterizaba como el color de las puertas de cada salón que marcaban una letra y un numero diferente, los casilleros eran un poco mas grandes que los primeros que había visto. La palabra "Oficinas" en tinta color blanco sobre un cartel dorado llamaron mi atención. Despues de buscar al fin las había encontrado.
Mi respiración era muy agitada despues de haber subido tantas escaleras, definitivamente necesitaba tomar clases de gimnasia para mejorar mi condición física.
—Buenas tardes linda, ¿Puedo ayudarte en algo?.—Me acerque a la secretaria de cabello rubio y rizado que mostraba una gran sonrisa. El olor a frutos me cautivo inmediatamente, había tres sectarias mas en este lugar que no dejaban de mirar su computador.
—Buenas tardes, soy _______ Wood. Soy nueva, me transfirieron del instituto de Denver, Colorado.—Expliqué.
—Wood.—Una gran cantidad de carpetas se encontraban sobre su escritorio cada una tenia una etiqueta marcada con el apellido de cada estudiante.—Aqui esta. Esta es tu lista de materias y necesito que me firmes este documento para tramitar algunos documentos mas.
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Chico Malo J.N
Roman pour AdolescentsEl juego de jenga consiste en tratar de arriesgarte e ir por una pieza sin que alguna de las demás se derrumben, logrando mantener el equilibrio preciso para que la torre se mantenga firme. Mi vida eso era, una torre firme. Hasta que cumplí dieciséi...
