CAPITULO 38

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Sus manos me rodeaban tiernamente como si me quisiera apretar pero, a la vez, solo quisiera rozar mi piel. Cuando abrí los ojos, algunos rayos de sol se escabullían a través de la delicada cortina blanca. Miré el reloj y tan solo iban a ser las siete de la mañana.

Sus brazos captaron mis movimientos y se removieron, apretujándome contra su pecho. Sonreí y me dejé apretar contra él. Besó mi hombro antes de que su nariz me acariciara el cuello de forma exquisita, haciendo que mis piernas temblaran.

-Buenos días.- dije, suavemente.

-Todavía no quiero decir esa frase. Es muy temprano.- dijo, sonriendo. Su pecho chocaba contra mi espalda pero, me giré para observarle mejor.

-Tenemos que levantarnos...- le susurré, empezando un camino sobre su cara y clavícula.- Tenemos que volver a Seattle.

Le acaricié el pequeño lunar que tenía justo encima del hueso y subí mis ojos cuando él abrió lentamente los suyos. Sonrió alegremente y se acercó hacia mis labios entreabiertos.

-¿He dicho que te quiero?- preguntó de repente, cuando lamió mi labio inferior.

Asentí sonriendo, sintiendo como mi espalda quedaba recta entre las sabanas. Su rostro estaba encima del mío y su brazo estaba tenso al estar recargando todo su peso en él.

- ¿Y yo?- le pregunté, perdiéndome en el roce de mi nariz con la suya.

-Tal vez...- dijo, calmadamente. Me reí y a él, se le formaron las líneas alrededor de su boca que me hacían suspirar.

Dejó de estar encima de mí, besándome y se dejó caer en el colchón nuevamente. Se dio la vuelta hacia mí y me tomó la cintura, haciendo que mi cabeza quedara en su pecho. Su respiración era tranquila pero, su corazón palpitaba a la misma velocidad que el mío.

-Y dicho esto... -susurró, acariciándome el pelo.- volvamos a dormir.

Apoyé mis manos en su abdomen y me separé, sentándome en la cama. Sujeté las sabanas contra mi pecho y le miré. Seguía sonriendo y estaba totalmente despeinado.

-Sabes que no podemos...- le recordé.- tenemos que despedirnos de tu madre y volver a Seattle. El viaje es largo y yo entro a las seis a trabajar.

Su sonrisa aumentó y fruncí el ceño. La mano que tenía en el colchón fue agarrada por la suya, provocando que volviera a caer al lado suyo.

-Lo sé pero, ¿podemos olvidarnos de lo que debemos hacer?- me preguntó. –a veces hay que perder el norte para saber que puedes ir en otras direcciones.

-¿Dónde leíste esa tontería?- le pregunté, riendo. Escuché su risa inundar la habitación y suspiré de pura felicidad.

-No tengo la más mínima idea pero, ¿funciona contigo?- dijo, lentamente y me perdí en el modo en que sus labios se movían y se acercaban hacia mi piel. -Solo durmamos un poco más. A las nueve, nos levantamos ¿vale?

Asentí, acariciándole las mejillas. Me acerqué y Andrew volvió a caer en su lado de la cama, llevándome con él.

-A las nueve.- estuve de acuerdo, rodeándolo. Acarició mi espalda desnuda y recordé todo lo de la noche anterior.

Mi corazón se aceleró y recordé todas la veces que nos habíamos dicho te quiero en tan solo una noche. Quisiera que el calendario tachara el lunes para poder regresar el martes. Quedarme a su lado, era lo único que quería...

Sus dedos dejaron de acariciar la curvatura de mi columna y levanté la cabeza para ver sus ojos cerrados y su boca entreabierta. Sonreí, inconscientemente.

Durmiendo a su ladoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora