Sus manos me rodeaban tiernamente como si me quisiera apretar pero, a la vez, solo quisiera rozar mi piel. Cuando abrí los ojos, algunos rayos de sol se escabullían a través de la delicada cortina blanca. Miré el reloj y tan solo iban a ser las siete de la mañana.
Sus brazos captaron mis movimientos y se removieron, apretujándome contra su pecho. Sonreí y me dejé apretar contra él. Besó mi hombro antes de que su nariz me acariciara el cuello de forma exquisita, haciendo que mis piernas temblaran.
-Buenos días.- dije, suavemente.
-Todavía no quiero decir esa frase. Es muy temprano.- dijo, sonriendo. Su pecho chocaba contra mi espalda pero, me giré para observarle mejor.
-Tenemos que levantarnos...- le susurré, empezando un camino sobre su cara y clavícula.- Tenemos que volver a Seattle.
Le acaricié el pequeño lunar que tenía justo encima del hueso y subí mis ojos cuando él abrió lentamente los suyos. Sonrió alegremente y se acercó hacia mis labios entreabiertos.
-¿He dicho que te quiero?- preguntó de repente, cuando lamió mi labio inferior.
Asentí sonriendo, sintiendo como mi espalda quedaba recta entre las sabanas. Su rostro estaba encima del mío y su brazo estaba tenso al estar recargando todo su peso en él.
- ¿Y yo?- le pregunté, perdiéndome en el roce de mi nariz con la suya.
-Tal vez...- dijo, calmadamente. Me reí y a él, se le formaron las líneas alrededor de su boca que me hacían suspirar.
Dejó de estar encima de mí, besándome y se dejó caer en el colchón nuevamente. Se dio la vuelta hacia mí y me tomó la cintura, haciendo que mi cabeza quedara en su pecho. Su respiración era tranquila pero, su corazón palpitaba a la misma velocidad que el mío.
-Y dicho esto... -susurró, acariciándome el pelo.- volvamos a dormir.
Apoyé mis manos en su abdomen y me separé, sentándome en la cama. Sujeté las sabanas contra mi pecho y le miré. Seguía sonriendo y estaba totalmente despeinado.
-Sabes que no podemos...- le recordé.- tenemos que despedirnos de tu madre y volver a Seattle. El viaje es largo y yo entro a las seis a trabajar.
Su sonrisa aumentó y fruncí el ceño. La mano que tenía en el colchón fue agarrada por la suya, provocando que volviera a caer al lado suyo.
-Lo sé pero, ¿podemos olvidarnos de lo que debemos hacer?- me preguntó. –a veces hay que perder el norte para saber que puedes ir en otras direcciones.
-¿Dónde leíste esa tontería?- le pregunté, riendo. Escuché su risa inundar la habitación y suspiré de pura felicidad.
-No tengo la más mínima idea pero, ¿funciona contigo?- dijo, lentamente y me perdí en el modo en que sus labios se movían y se acercaban hacia mi piel. -Solo durmamos un poco más. A las nueve, nos levantamos ¿vale?
Asentí, acariciándole las mejillas. Me acerqué y Andrew volvió a caer en su lado de la cama, llevándome con él.
-A las nueve.- estuve de acuerdo, rodeándolo. Acarició mi espalda desnuda y recordé todo lo de la noche anterior.
Mi corazón se aceleró y recordé todas la veces que nos habíamos dicho te quiero en tan solo una noche. Quisiera que el calendario tachara el lunes para poder regresar el martes. Quedarme a su lado, era lo único que quería...
Sus dedos dejaron de acariciar la curvatura de mi columna y levanté la cabeza para ver sus ojos cerrados y su boca entreabierta. Sonreí, inconscientemente.
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Durmiendo a su lado
Romance¿Qué se supone que tienes qué hacer cuando no tienes casa ni trabajo? Eso me pregunté yo. ¿A casa de tu mejor amiga? Imposible. Dafne compartía piso con unas cuatro chicas más, además de su novio, Louise. ¿Vas a donde vive tu novio? Ummm... tampoco...
