El almuerzo estaba demasiado bueno para ser real pero, lo había sido.
Andrew había tardado más en bajar que yo pero, cuando lo hizo, ni me miró. Yo lo hice, necesitando ver alguna señal de que había encontrado la respuesta pero, no. Cuando bajé ya todos estaban en la mesa. Agarré el respaldo de la primera silla que encontré al lado de Gina y de Samantha pero, Scarlett se encargó de sentarme a su lado, dejando ese sitio para Andrew. Al lado de su hija.
Suspiré, resignada. Pero, a pesar de eso, la comida había sido agradable aunque no me atreví a mirar a la parejita feliz en todo el almuerzo.
-¡Miren lo que traigo!- anunció Ally, llegando al comedor. Traía un paquete, envuelto en papel color marrón con letras en miniatura. -Hoy fui a la dulcería y los encontré.
Lo colocó en la mesa, despejada de los platos y lo abrió, dejando a la vista unos cuantos pastelitos rectangulares.
-Uh... ¡Que pintan tienen!- dijo Samantha, acercándose. Se relamió los labios y le sonrió a Andrew. Él no hizo nada pero, sus ojos conectaron con los míos. Quité la mirada.
La manicura de Scarlett agarró un pastelito del borde con una cereza en medio. Gina agarró otro y todos los demás le siguieron. Cogí uno que era color rosa suave y con virutas de colores encima.
Ally apareció nuevamente con la nata montada en las manos. La miré e hice una mueca. Odiaba la nata montada por eso, cuando vi que Ally fue por cada uno de los pastelitos untándola, quise desaparecer. No me gustaba decir que no a algo que me ofrecían, aunque para ser más concreta no me gustaba decir que no. Tragué más fuerte cuando acabó con el pastelito de Albert y se acercó al mío. Me sonrió y le sonreí tímidamente.
-No, gracias.-me disculpé.- así está bien...
-Esto es para darle más sabor.- me informó.- Si no le echas no sabe a nada en concreto.
-Ya, pero...- susurré, viendo como la acercaba a mi pastelito.
-No lo gusta, Ally.- dijo, de repente, Andrew. Mi corazón se aceleró y levanté la mirada, encontrándose con sus ojos verdes. -le huye a la nata montada. Aunque échasela para ver la cara que pone cuando la prueba.
Soltó una carcajada y sonreí, antes de poder evitarlo. No quería sonreír, no quería mirarle, no quería hablarle pero, en ese momento, lo que yo no quería hacer era justamente lo que me encontraba haciendo. Dejé de mirarle, cuando mordió su pastel de chocolate y su labio se le manchó en la esquina...
Después de los pastelitos y de dejar de admirar como Andrew se relamía los labios cuando se manchaba, ayudé a Gina y Ally a fregar. Los padres de Samantha se fueron pero, ella no.
De espaldas a la mesa, escuchaba la conversación sin importancia de ellos. Samantha se largó al empezar el atardecer y Ally y Gina decidieron trasladar la conversación al patio trasero y allí sentarnos para seguir conversando.
La relación entre Gina y su hijo pudo haber estado en el borde del precipicio pero, como actuaban, reían y hablaban me daba a entender de que ya ese precipicio había desaparecido totalmente.
Tal vez, en la semana en la que estuvimos distanciados, Gina y él compartieron más que un par de llamadas. Estaba segura de que su alejamiento ya estaba más que cerrado y que su relación estaba arreglada y me dolió ligeramente al darme cuenta de que Andrew abrió los ojos cuando yo me fui de su lado.
El sol había desaparecido totalmente, dejando que los mechones de Andrew brillasen y el frio llegó azotando el pelo de su madre. Mi pelo estaba recogido en una media luna pero, me solté la parte de arriba y me sacudí la cabeza.
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Durmiendo a su lado
Romance¿Qué se supone que tienes qué hacer cuando no tienes casa ni trabajo? Eso me pregunté yo. ¿A casa de tu mejor amiga? Imposible. Dafne compartía piso con unas cuatro chicas más, además de su novio, Louise. ¿Vas a donde vive tu novio? Ummm... tampoco...
