Mis pies daban pasos lentos pero, decididos. Simon estaba de espaldas a mí y aún no notaba mi presencia.
-Hey.- dije a su espalda, tratando de sonar alegre.
Cuando se dio la vuelta, sus labios dibujaban una sonrisa. Tímida pero, una sonrisa que me daban ganas de golpearle.
-Al fin.-dijo con voz cansada, como si me hubiera esperado mucho tiempo.
-¿Llevas mucho tiempo aquí?- le pregunté, dulcemente, tragándome las ganas de gritarle a la cara.
-No.- dijo, bajándose la camiseta holgada y con cuello. Le sonreí, sin saber qué hacer aunque mi puño estaba preparado para el ataque...
-¿Nos vamos?- pregunté, de repente.
Asintió y me coloqué al lado de él. Su mano tomó la mía y entrelazó sus dedos con los míos. Me obligué mentalmente a dejarlos ahí pero, al dar diez pasos no pude más. Los quité con la excusa de que tenía frió y metiéndolos en mi bolsillo.
El ambiente de aquella cafetería corriente me embriagó al momento. Me sorprendió mucho que Simon eligiera almorzar allí pero aún así no le pregunté.
Tomamos asiento. Él enfrente de mí y agradecí que fuera así. No aguantaría si intentara tocarme por debajo de la mesa, después de todo lo que había sucedido.
-¿Qué te apetece comer?- preguntó, echándole una hojeada a la carta.- Lamentablemente, creo que he elegido mal. Aquí no hay nada que me apetezca. Solo hay bocadillos y sándwiches. ¿Quién almuerza eso?
Rió solo por la pregunta. No le miré porque si lo hacía, lo golpearía. Tenía una rabia en mi interior que pensé que no tendría. Rabia por seguir fingiendo. Rabia por no tener el valor de decírselo a la cara...
Ya estaba diciéndome: Bocadillo con lomo ahumado y alioli.
-¿Nos vamos?- preguntó.
Mi repentina rabia aumento de grado. Lo miré por encima de la carta y puse cara de un no rotundo pero, él, muy idiota no lo entendió.
-No.- dije, con voz firme y decidida. Él suspiró resignado y ojeo el menú delante de su cara nuevamente.
Cuando la camarera tomó lo que queríamos y se largó ayudando a Simon a apartar la mirada de su culo pomposo. Ni si quiera me enfadé por ese hecho, pero si lo hice al saber que lo había hecho delante de mí.
Me aclaré la garganta y volvió a mirarme a mí.
-¿Qué vas a hacer después?- me preguntó.
-No lo sé.-dije, tranquilamente.- Quizás vuelva al centro comercial con Dafne, como hice ayer ¿te lo había dicho?-terminé, a los segundos.
Su rostro se tornó de un rojo instantáneo y me devolvió la mirada.
-No, no me lo dijiste ayer.- dijo, con sus ojos en la mesa. Primer golpe.
-Pues eso- dije, admirando como llegaba mi gran bocadillo. Simon no le miró el culo porque no subió su cabeza. No me miraba y eso me estaba haciendo enfadar...aún más.-¿Sabías que en el centro comercial hay cosas que jamás había visto o imaginado?
Mi sonrisa aumentó, mientras iban pasando los segundos. Ahora, sí me miró directamente a los ojos y le sonreí.
-No, no lo sabía.- dijo. Su voz temblaba y era suave. Sus ojos me miraban con pena y arrepentimiento, lo que provocaba un revolcón en el estómago que me daba ganas de vomitar. No me gustaba como lo estaba tratando pero, se lo merecía. Me había engañado y tenía una rabia interna que la liberaba de alguna manera con él, en estos momentos.
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Durmiendo a su lado
Romance¿Qué se supone que tienes qué hacer cuando no tienes casa ni trabajo? Eso me pregunté yo. ¿A casa de tu mejor amiga? Imposible. Dafne compartía piso con unas cuatro chicas más, además de su novio, Louise. ¿Vas a donde vive tu novio? Ummm... tampoco...
