CAPITULO 43

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-Número ocho.- susurré, al leer mi nombre. Miré a Dafne sintiendo mi visión nublarse a causa de las lágrimas de emocionada.

No iba a llorar porque ese era uno de esos momentos en el que la emoción te invade de una forma aterradora. Mi cuerpo no sabía qué hacer. Tan solo, giré la cabeza hacia mi amiga. Su sonrisa hizo que mi visión se borrase más y estudié el modo en el que se mordía la uña de su dedo.

-¡No me lo puedo creer, Lea!-gritó, respirando pesadamente. Quise decirle que yo tampoco lo creía. Que yo tampoco podía creer que iba a trabajar en una de las sedes de una de las editoriales más importantes del país. No lo creía. No podía ser cierto pero, cuando volví a mirar la lista lo comprobé. 

-Soy el número seis.- comunicó, agarrándome de los hombros. –Creo que el seis se va a convertir en mi número de la suerte... ¿qué crees?

-Esto es una locura.- solté, incrédula. Dafne rió y sonreí. Mi respiración era igual a la suya y mi visión estaba aclarándose. Sentía que mi interior iba a explotar de un ataque de emoción espontáneo. Mi estómago se contraía fuertemente en cada bocanada de aire puro e intenté controlarme. ¿Lo que estaba sintiendo era normal? 

Suspiré y me mordí el labio al pensar en los próximos días...

-Lea.- me llamó.- tenemos que ir al mostrador de la entrada.- me miró y me acerqué a ella. Fruncí el ceño y continuó.- lo dice aquí. Creo que es para rellenar los papeles necesarios para... ¡Oh dios! –exclamó, de repente haciéndome reír.- tienes razón...Esto es una locura, Lea. Pellízcame a ver si no estoy soñando...

Alzó su brazo y me miró. Reí ante sus ojos y tragó saliva.

-¡Ni siquiera recuerdo en qué sentido está la entrada!-volvió a chillar, echándose a reír.

Caminamos y delante del mostrador de información, habían unos quince estudiantes. Miré cada uno de los rostros y sonreí al saber que no era la única que estaba a punto de explotar de pura emoción incontrolada.

El profesor West me sonrió en cuanto me vio y asintió. Delante de él, había un alumno frustrado. Sus mejillas estaban coloradas y le estaba hablando al profesor de una forma poco adecuada.

Ese no está en la lista...

-Dafne Rogers.- le dijo a la señora que estaba enfrente de ella. La señora canosa pero con una piel brillante, se quitó las gafas y buscó entre unos papeles en su escritorio. Repasé nuevamente el lugar y emoción y frustración reinaban la estancia. Mis ojos se toparon con los de Simon y me sonrió levemente.

En las últimas semanas, él había intentado hablar conmigo pero, realmente no sabía qué sentido tenía hacerlo. No quería saber de él, ni hablar con él ni de él y me afectaba verlo pero, en ese momento no me importó.

Con un paso lento, caminó entre la gente hacia mí. Siguió sonriendo y me dije a mi misma que podía hacerlo. Guardarle rencor a alguien no me iba a servir de nada en un futuro, aunque él se mereciera mi ignorancia. Yo no era así, a parte... de alguna forma, gracias a él estaba cómo estaba en ese momento, con Andrew... tal vez, tenía razón eso que decía que las cosas malas suelen dar lugar a las buenas.

-Número cuatro.- me informó, mirándome con timidez. Le sonreí como hacía cuando salíamos juntos y sus labios se curvaron.

-Ocho.- le dije, suavemente. Me miró incomodo y seguí sonriendo, intentando mejorar el ambiente negativo. -Felicidades.- volví a hablar. Su expresión cambió de estar rígida a suavizarse y tragó saliva, antes de suspirar.

Durmiendo a su ladoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora