¡Hola! De antemano, gracias a todos los que vengan a leer mi pequeña historia. En multimedia les dejo una canción que si esto fuera un anime (ok, eso sonó algo raro) sería el opening perfecto (excepto por la parte del kame hame ha xd) es un cover de chozetsu dynamic (el op 1 de Dragon ball Super) por Laharl square. Sin más, disfruten del capítulo y no se olviden de comentar y votar (me siento youtuber diciendo eso xd)
Ángel se encontraba completamente petrificado ante lo que estaba presenciando. Pensó que no era más que un sueño, debía haberse quedado dormido otra vez y en cualquier momento se despertaría en el campamento; pero no, esto era muy real.
Aquel ser de luz lo notó, así que comenzó a dar una explicación, una muy necesaria explicación.
—No debes temer, Ángel, soy una diosa, parte de los creadores de la vida en la Tierra, no te haré daño.
—¿Diosa? —dijo Ángel nervioso y con una voz temblorosa—. ¿Creadora de la vida?
—Así es. Mi nombre es Bastet. Éste lugar en el que nos encontramos es conocido como la Cámara del Sello.
—¿Cámara del Sello? ¿Qué es eso?, no entiendo nada.
—Permíteme contarte la historia.
Desde que el tiempo es tiempo, han existido dos fuerzas en constante choque. Dos fuerzas que habitan el espacio vacío entre miles de universos, y que a su vez dan equilibrio a éstos. Éstas dos fuerzas, de las que nadie conoce su apariencia son conocidas como Chaos, la fuerza destructora y Cosmos, la fuerza formadora.
En algún punto del tiempo, hace millones de años, uno de los eternos enfrentamientos de Chaos y Cosmos provocó el choque accidental de dos universos. La explosión resultante fue tan poderosa que dió nacimiento a un universo nuevo. El universo en el que tú, yo, y miles de millones de seres más nos encontramos ahora.
—Eso... Es increíble, señora Bastet.
—Ciertamente lo es, Ángel.
Con el nacimiento de este nuevo universo, Chaos y Cosmos tomaron una decisión que difería mucho de lo que normalmente hacían.
En lugar de usar su poder para mantener ese universo en equilibrio, decidieron que no detendrían más su eterna lucha, así que combinaron sus poderes, y dieron origen a un ser nuevo, poseedor tanto de la fuerza destructora, como formadora, quien sería enviado al interior del universo, para darle equilibrio. Éste ser fue nombrado Etymos.
Él utilizó su habilidad especial conocida como la Gravitación para formar todos los astros del universo. Así se mantuvo por millones de años hasta que, cuando surgieron los primeros planetas, Etymos decidió crearnos a nosotros: Los dioses.
—Eso significa que... ¿Los humanos fuimos creados por ustedes? ¿Y ustedes por Etymos?
—Sí. Etymos creó los dioses para que éstos le otorgaran la vida a planetas escogidos por él mismo alrededor de todo el universo.
Yo y varios dioses más fuimos asignados a este planeta. Con la ayuda de los poderes que nos fueron dados, y de algunos objetos sagrados, dimos forma a todos los seres imaginables, y tambien a los inimaginables. Todo en el primer tiempo de la Tierra era bello y pacífico. Incluso, nosotros los dioses, comenzamos a multiplicarnos y a vivir junto a los humanos como si no hubiera diferencia entre dios y humano.
—Y... ¿Qué pasó?
La expresión de Bastet pasó de estar seria a estar llena de melancolía, después de una corta pausa, continuó hablando.
—Después de eones de vivir en paz y armonía, los dioses nos percatamos de algo aterrador que sucedía en el espacio: muchos planetas comenzaron a perder su luz, en su lugar, solo quedaban tinieblas acompañadas de un enorme poder maligno. Preocupados de lo que pudiera ser, comenzamos a preparamos para lo peor, así que elegimos a cinco guardianes que custodiarían nuestros objetos sagrados en cinco puntos diferentes del mundo. Así, si la Tierra sufría un daño considerable, los sobrevivientes podrían restaurarla. Una vez hecho esto, dioses, humanos y bestias nos reunimos a esperar que la fuente de esa destrucción llegara a la Tierra. Hoy me doy cuenta que eso fue un grave error.
Aquella... Cosa, finalmente arribó, ese ser se adjudicaba el nombre de Seth. Nosotros siempre lo llamamos el Mal Encarnado.
Se trataba de un monstruo invencible, humanos, dioses y bestias le hicimos frente por igual, pero no fuimos rivales para tal atrocidad. Murieron tantos de los nuestros que en un punto de la lucha decidimos usar los objetos sagrados, creíamos que con eso podríamos vencerlo, pero solo lo empeoramos, más temprano que tarde nos dimos cuenta que los poderes de los objetos no funcionaban con él; seguramente, porque no era parte de nuestra jurisdicción al provenir de otro planeta, desgraciadamente, él si pudo usarlos en contra nuestra.
El maldito mató a Osiris, dios de los muertos y se apropió del objeto que le correspondía, capaz de dar la muerte a cualquier ser vivo, con su maligna esencia lo corrompió y lo usó para transformar en seres de oscuridad a humanos y bestias. Éste ejército de demonios diezmó a la humanidad y casi acabó con la vida en la Tierra.
—Que horrible debió ser.
—Así fue, Ángel.
Finalmente, los dioses que quedábamos utilizamos el último recurso, con todo nuestro poder, trajimos a Seth este lugar y lo sellamos en el núcleo del planeta. A consecuencia de eso, morimos y la Tierra se quedó sin dioses, como último acto, ocultamos los objetos sagrados en sus respectivos lugares. Gracias a su poder, la vida en la Tierra pudo comenzar a evolucionar sin nuestra ayuda, a partir de ahí, comienza la historia que conocen tú y toda tu raza.
—Sin duda es algo sorprendente, pero, ¿por qué me cuenta todo esto?
—Porque, Ángel, si tú has encontrado la Cámara del Sello, y has podido despertar y hablar con el espíritu que ahora soy, significa que eres digno de recibir nuestro poder.
—¿Qué?...
—La Tierra necesita a un protector, alguien que sea capaz de defenderla de una amenaza como la que en el pasado casi acabó por destruirla. Ni yo ni los dioses podemos protegerla ya, pero si tú tocas la gema del sello, recibirás nuestros poderes y te convertirás en el nuevo protector de la Tierra.
—¿Está... Segura de que quiere darme los poderes a mí?
—Sí, Ángel, estoy segura de que los usarás con sabiduría.
En ese momento, la gema comenzó a brillar mucho más, su resplandor era cálido y reconfortante. Eso mismo sintió Ángel cuando posó sus manos suavemente sobre aquella gema. Al instante sintió como el cálido resplandor bañaba todo su cuerpo, una infinita sensación de paz se desbordó en su interior, el brillo comenzó a intensificarse hasta que se podía ver a través del agujero por el que Ángel había caído. Mientras esto sucedía, sus brazos se cubrieron de lo que solo se puede describir como fuego azul, este fuego no lo lastimaba de ninguna manera, pero el resplandor se volvió tan brillante que tanto Ada como Ángel tuvieron que cerrar sus ojos. Antes de desaparecer, Bastet dedicó unas últimas palabras, esta vez a Ada, pues desde el inicio se había percatado de su presencia.
—Jovencita, si has llegado junto con él hasta aquí, significa que sus destinos están ligados, dependerá de ustedes que ese lazo que los une no se rompa.
Ada no supo como reaccionar ante tal declaración, ni siquiera tuvo tiempo de hacerlo, pues, tan rápido como había iniciado, todo se frenó.
Bastet se había desvanecido junto con el resplandor. Cuando Ada se asomó por detrás de la columna, se percató de que Ángel se encontraba inconsciente en el suelo. Rápidamente se dirigió a tratar de auxiliarlo, pero justo cuando iba a agacharse para tomarle los signos vitales, Ángel abrió los ojos y se incorporó de golpe.
—¿Te encuentras bien? —preguntó Ada preocupada.
—Eso... Eso creo —respondió Ángel confundido.
—Tus ojos... Lucen distintos.
—¡¿Qué?!
Ángel no podía verlo, pero sus ojos, que antes eran de un marrón casi negro, se habían vuelto verdes y tenían las pupilas alargadas propias de un felino o un reptil.
—Descuida, vas a estar bien. Estoy acostumbrada a tratar con este tipo de cosas.
—¿Cómo que estás acostumbrada?
—Ah... Verás, yo...
Ada no pudo empezar a dar explicaciones, pues fue interrumpida por el sonido de arena moviéndose, sonaba como si un ser gigante se arrastrara debajo. Un siseo fue el siguiente sonido que se escuchó, para luego, revelar a su dueño
Una enorme serpiente negra surgió desde debajo de la arena, su tamaño fácilmente cuatruplicaba al de la más grande de las anacondas, espinas en su cabeza que formaban una especie de cresta hacia atrás, y sus ojos daban la impresión de que el ser poseía magma ardiente en lugar de entrañas.
—¡¿Qué rayos es ese monstruo?!
—exclamó Ángel.
—¡Un SS!, ¡detrás de mí! —ordenó Ada mientras desenfundaba un arma de fuego y la apuntaba a la criatura.
—Maldición —pensó Ángel—, ¿estas eran las amenazas a las que se refería Bastet?
—Así que nuestros destinos están ligados... —pensó Ada.
—Nadie saldrá vivo de la Cámara del Sello mientras Firefang el Calcinador la custodie —dijo aquel monstruo, con una perturbadora voz antes de lanzarse a atacar abriendo su enorme boca, la cual parecía contener en su interior las llamas del infierno mismo.
Esta historia continuará.
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Angel the Cat: Dioses y Monstruos
FantasyDurante miles de años, la Tierra fue gobernada por los dioses, seres poderosos que dieron vida a todas las criaturas imaginables. Esto cambió cuando el ataque de un invencible monstruo obligó a los dioses a sacrificarse para poder sellarlo en el núc...
