Capítulo Final: El Protector de la Tierra. (Parte I)

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Momentos antes.

El poderoso ataque al unísono había golpeado a quemarropa al rey de los demonios. Nadie pensaba que le hubiese sido posible haber sobrevivido a eso.

Pero nadie lo pensaba, porque habían dos seres que sabían a la perfección, desde el primer instante de la explosión, que el monstruo había soportado tanto poder.

Nada más explotar la onda expansiva, Shen se retiró del combate protegido por un campo de energía.

Alejándose a una considerable distancia, el maestro arribó hasta lo que quedaba de la fachada de un edificio, la cual era lo único que seguía más o menos en pie. Ahí dentro estaba lo que buscaba: el otro ser que lo sabía.

Un trío de grandes perros de color negro con ojos amarillos brillantes, y cubiertos de tatuajes del mismo color.

—¡¿Qué haces aquí?! —preguntó alarmado uno de ellos cuando Shen aterrizó en frente de la tercia, observándolos con esa expresión fría y seria a la que, a diferencia del equipo, no estaban acostumbrados.

—¡¿Acaso vienes a matarnos?! —se sumó el segundo can.

Shen no contestó, en su lugar, hizo que su mano derecha comenzara a resplandecer, denotando que estaba cargada de energía.

Los perros entraron en total pánico ante esto.

—¡Pues que sepas que si es así, pelearemos hasta el final! —declaró el líder—. ¡Ataquen, hermanos!

Los demonios saltaron al mismo tiempo sobre Shen cual jauría de lobos; sin embargo, en el aire se detuvieron de la nada y quedaron por completo paralizados. Al ver la luz azul que envolvía sus cuerpos y al maestro con su mano extendida hacia ellos, supieron que era su fin.

—Si quisera verlos muertos, nunca se habrían enterado de qué los mató. El honor que han demostrado tener les merece una muerte rápida y sin dolor.

Los perros no contestaron por la impresión de haber sido perdonados. ¿Honor? ¿De qué honor hablaba ese humano?

—Entonces, ¿para qué viniste?—preguntó finalmente el líder.

—Desde el principio lo supe... —comenzó—. Pero sólo hasta ahora lo confirmé. Unicamente lamento no haberlo hecho antes.

—¿De qué... estás hablando? —preguntó uno de los hermanos todavía más extrañado.

—Ustedes no son demonios normales... Nunca lo fueron. De no ser así, nunca se hubieran podido sobreponer al control de Seth.

—¿Qué... —preguntaron los tres completamente sin palabras.

—Abran los ojos. Todos los demonios que eran controlados por Seth no eran mas que máquinas de matar. —explicó el maestro—. Ustedes tenían autonomía e inteligecia, que Seth haya tenido que engañarlos y persuadirlos para que lo liberaran es la prueba de ello.

Los Hellhounds se quedaron impactados con todo lo que Shen estaba diciendo. Supieron al instante que estaba leyendo sus mentes, pues era imposible que supiera tanto.

—Esos tatuajes que tienen... —continuó—... ¿Nunca se preguntaron por qué ninguno de los Doce Apóstoles tenía algo así? No están ahí por casualidad; al igual que su incapacidad para estar separados no es obra de ningún azar. Incluso su nombre de los Tres Hellhounds acaba por cobrar sentido. No lo escogieron porque sí, en el fondo ustedes recordaban quién eran en realidad.

Casi incapaces de articular palabra alguna, aquellos perros solamente pudieron preguntar lo que todos querían saber.

—Pero... ¿Quién somos?... ¿Qué somos?...

Angel the Cat: Dioses y MonstruosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora