Cercanías de Guiza.
Las personas de la ciudad del Cairo habían sido despertadas antes de tiempo debido al inmenso estruendo producto de la batalla que se había librado en la cercana Giza, y que ellos habían identificado como una extraña serie de terremotos.
Pero eso no fue más que el inicio.
Toda la ciudad contempló aterrada el inmenso pilar luminoso que, acompañado de una onda expansiva que destruyó contados edificios, se alzaba hacia el cielo liberando una enorme nube negra que sumió el lugar en tinieblas a una velocidad inquietante.
El pánico y el caos se desataron por completo entre todos los pobladores.
Menos uno.
Un joven rubio de al menos veinte años se encontraba de pie sobre el tejado de su casa admirando el atemorizante fenómeno con extrema fasinación, y admirable temple.
Él acomodó sus redondas gafas mientras media sonrisa, de esas que uno hace para no llorar, se dibujaba en su rostro.
Comenzó a recordar aquella tranquila noche en la que, luego de un largo día de investigación, se sentó dentro de su tienda de campaña a analizar los resultados que la recién inventada máquina de ondas ultrasónicas de su jefe había arrojado, para acabar sorprendiéndose tanto que terminó mostrándole las lecturas de inmediato.
—Doctor, —comenzó a citarse a si mismo mientras la nube negra se expandía—, tiene que ver estas lecturas, son simplemente increíbles...
Un horrible sonido, que nadie en el mundo podría asociar a lo que era: una risa, retumbó por todo el ambiente desencadenando los gritos de miedo y dolor de todas las personas que huían despavoridas. Fue tan fuerte que hizo estallar las ventanas de los autos y casas, cosechando a muchos heridos.
Aquel joven ni se inmutó a pesar del sangrado que sus oídos comenzaron a sufrir.
—Doc, se lo dije, lo hice cientos de veces... Pero usted siempre fue un obstinado de primera... Algunas cosas es mejor que jamás sean descubiertas...
El asistente del Doctor Luna procedió a sentarse admirando el espectáculo de destrucción que se desarrollaba frente a sus ojos, mientras el ambiente se tornaba pesado, oscuro e inquietante, sintiéndose especial por haber sido, de alguna manera, el primero en saber que la humanidad no volvería a ser la misma luego de aquel descubrimiento.
Algún lugar del océano pacífico.
Una pequeña cabaña de madera de aspecto tan antiguo que parecía haberse congelado en el tiempo desde la edad media se alzaba solitaria en medio del vasto océano.
Sobre la puerta había un viejo letrero de madera, que, con una desgastada pintura negra, tenía dibujada la imagen de una mano en los huesos sujetando un tarro de cerveza; debajo, unas elegantes pero ya casi borradas letras indicaban el nombre del lugar y delataban su naturaleza: Dead's Drink.
El interior, que parecía sacado de una posada del medievo, estaba repleto de fantasmas con los más diversos aspectos que bromeaban, reían, bebían e incluso cantaban como si fuera lo más normal del mundo.
En el fondo, detrás de la barra y frente a un gran gabinete lleno de vinos que tal vez llevaban siglos añejándose, estaba el cantinero: Un fantasma con la apariencia de un esqueleto que, ataviado en un delantal, una vieja camisa y una boina marrón, frotaba un tarro de cristal con un raído trapo.
En ese momento, la noche, que en realidad ya era mañana de fiesta y bebida fue interrumpida por un ligero temblor que hizo estremecer el lugar, llenándolo del característico sonido que emite el vidrio al vibrar.
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Angel the Cat: Dioses y Monstruos
FantasíaDurante miles de años, la Tierra fue gobernada por los dioses, seres poderosos que dieron vida a todas las criaturas imaginables. Esto cambió cuando el ataque de un invencible monstruo obligó a los dioses a sacrificarse para poder sellarlo en el núc...
