Día 3: Después de clases

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«G»  

Después de un inesperadamente divertido día, al fin he vuelto a casa. Hogar dulce hogar. A esta hora mi mamá ya regresó de su trabajo y mi papá probablemente esté en su oficina. No son nada del otro mundo, un simple contador y una diseñadora de interiores que se enamoraron y se casaron cuando estuvieron estables.

Lo bueno de mis padres es que no son esos maniáticos del trabajo que paran ausentes casi todo el día o incluso por días dejando a sus pobres hijos a cuidado de la vida o de extraños. No, ellos vienen a las cuatro o están aquí la mayoría del tiempo. Después de todo, un contador no tiene mucho ajetreo excepto en la época el año cuando se deben sacar los impuestos.

— ¡Ya llegué! — grito al entrar por el umbral de la puerta.

— ¡Hola linda! — saluda mi papá desde su oficina.

— ¿Y mamá? — pregunto dejando mi mochila en el sillón de la sala y caminando hacia la cocina a por agua tibia.

—Salió con la tu tía Stella — responde —. Están viendo ropa para el bebé.

— ¿Qué no había dado a luz en febrero? — inquiero extrañada.

¿Cuántos meses más le va a tomar a ese vaguito salir?

—No cariño, le programaron el parto para el 8 o 9 de abril — aclara —. ¿Cómo te fue hoy?

—Estuvo...divertido — respondo esquiva.

— ¿Algo nuevo? — pregunta intuitivo levantando la ceja.

—No, bueno, sí. Hice amigos — digo esto último en voz baja tratando de hacerlo pasar desapercibido. No lo logro.

Las cejas de mi padre se elevan al igual que las comisuras de sus labios en cámara lenta.

— ¿¡En serio!? ¿Cómo se llaman tus nuevas amigas? — se ve emocionado, incluso más que yo, tanto que ha dejado el papeleo de su escritorio y camina ahora hasta la cocina.

—Bueno hoy hablé con Charlotte y su amiga Sara... — comento —... y...con Yoyo — menciono entre dientes.

— ¿Y con quién?

—Y con Yoyo, Max y Todd — musito.

— ¿Tienes amigos hombres...como del sexo opuesto? — Pregunta sorprendido, tanto que insulta —. Espera, ¿dijiste Yoyo? ¿Qué clase de nombre es ese?

—Sí, papá. Tengo amigos hombres — informo —. Y Yoyo es un chico que conocí en el salón de castigos el lunes, ¿te acuerdas que te dije que Wayne me mandó al reclusorio sólo por llegar cinco minutos tarde?

Mi papá hace una mueca, pero asiente.

—A veces no me cae tu profesor.

—Es buena persona, solo que algo estricto — lo defiendo.

—Y entonces, ¿el tal Yoyo...— dice haciendo comillas al pronunciar el apodo de mi amigo —... y tú son cercanos?

—No de la manera que leo en tus ojos — bromeo haciendo que este suelte una pequeña risa —. Pero sí, siento que podemos llegar a ser buenos amigos. Es como el fastidioso hermano mayor que ustedes nunca me dieron.

El comentario hace que mi papá se carcajee por unos segundos antes de volver a negar con la cabeza sonriente.

— ¿Nunca nos vas a perdonar por eso, no?

—Nunca — respondo sacándole la lengua.

Durante los siguientes quince minutos paso lo que queda de la tarde conversando con mi papá sobre cómo conocí a Yoyo y la idea que tiene para derrocar a los populares. Él asiente cada vez que le comento algo sobre Y y los demás, se ríe al escuchar lo que hemos hecho y las tonterías de las que hablamos e incluso me dice que si necesito algo para el plan que no dude en pedirle ayuda.

WeirdosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora