Día 19: El contraataque de la carnicera - Parte 1/2

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«G»


Hoy era el gran día y les juro que me orinaba de los nervios. Me sudaban las manos, mis piernas parecían hechas de goma. Me sentía como Yato* yendo a Kappaland* mezclado con el sentimiento de Otani* cuando vio que sus rivales en el basquetball median dos metros cada uno.

Kamisama esto no va a resultar.

Seguramente vomitaré enfrente de Stephan o me reiré como una hiena, o comeré como una cerda frente de él o se me romperán los estúpidamente altos tacones que me prestó Lottie, me caeré y se me verán las bragas.

¡Noooo!

Al pisar la escuela, siento que quiero irme. En estos momentos desearía ser uno de esos grandes magnates que pueden decirles a sus asistentes que cancelen tal cosa sin tener que dar la cara.

Por un breve instante estoy a punto de tener un ataque de pánico, pero el contacto de cierta mano sobre mi hombro aplaca todo reciente nervio. Sé quién es y no quiero verlo ahora.

Al tratar de quitármelo de encima, veo ese rostro ovalado y esos malditamente blancos ojos (aunque, en realidad sean celestes) acercándose a mi, tratando de hacer conversación.

— ¡Oh, no! Aléjate de mí — le empujo.

—Oh vamos, no me digas que aún sigues enfadada por lo de ayer — se queja descaradamente e impide que nos distanciemos.

— ¡Por supuesto que si! — le contesto y trato de zafarme de su agarre por segunda vez.

—No fue para tanto — afirma.

— ¡Sí lo fue!

—Pero fue algo menor — trata de excusarse.

— ¡Yoyo, te colaste en la casa de Lottie! — suelto sin saber qué más decirle para que entienda la gravedad de su «temerario» e increíblemente estúpido acto.

— ¡No contestabas tu teléfono!* — cita.

—No es momento para bromear Yoyo. Invadir una propiedad ajena es un delito.

—Pero no vas a decirle a Lottie que el «ladrón» — dice haciendo comillas con los dedos —... fui yo, ¿verdad?

—Claro que no pe-

No puedo decir nada más porque, de la nada, me abraza. Parece un gato queriendo mimos.

—Gracias G.

—Nunca vuelvas a hacer eso Y, no sé si eres un suertudo y por eso no te descubren pero tarde o temprano se te va a acabar la buena suerte.

—Shh no seas aguafiestas. Arruinas mi abrazo de reconciliación — murmura. No puedo evitar sonreír y le correspondo el abrazo rodeando su cintura.

—Ejem — tose alguien.

Los ojos se me abren como platos cuando veo la sonrisa piyina de Todd, junto a un malhumorado Max. ¿Por qué siempre para molesto?

—Y, tenemos que ir a historia — le hace recordar Max a mi BWF (Best Weird Friend).

De inmediato siento los brazos de Yoyo empujarme como si tuviera lepra o algo así. Lo miro raro y, sinceramente, algo dolida por el fuerte empujón.

—Ehh... Sí, vamos — le responde Yoyo al más alto del grupo y empiezan a caminar por los pasillos. Ni un «Nos vemos, G» o un «Te veo más tarde, G». Nada.

—Bien, eso fue grosero — comenta Todd expresando mis pensamientos.

—Y que lo digas, ¿qué tiene Max últimamente, Toddy? Siempre que lo veo está de mal humor — pregunto.

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