«T»
Al día siguiente, amanezco con un nudo en la garganta producto de los nervios que siento.
Hoy volvería a jugar.
A la hora de la salida, y confirmando lo que me habían dicho Gigi y los demás, Douglas se acercó a mí y me devolvió la camiseta que solía usar, con el número 18 y mi apellido en ella.
—Más vale que no me des problemas —había dicho él.
Esa tarde, al llegar a mi casa, lo primero que hice fue mostrarle a mi madre mi camiseta del equipo y el comunicado que confirmaba mi regreso, firmado por el director y el mismísimo Douglas. Ante tan buena noticia, ella empezó a preparar sus famosos Red Velvet.
Pero lo mejor de todo fue cuando pude decírselo a mi padre.
Cuando este llegó a casa, con su típico humor que derrochaba alegría por todas partes, se extrañó al ver a mi madre preparar los cupcakes ya que solo los hacía en ocasiones especiales, cuando había algo que celebrar.
Aun así, no preguntó nada y solo subió a su recámara.
—Dale tiempo — había dicho mi madre.
Le hice caso y no salí en su búsqueda, pero no dejaría — no quería — que no se enterase de esto. Así pues, cuando bajó por las escaleras con su pijama y bata de los domingos encima (la cual usaba todos los días así que el nombre le era inútil), decidí contarle la gran noticia.
—Papá —empecé tratando que el tono de mi voz sonara segura y "masculina". Esa última parte sabía que no era necesaria pero no importa cómo sonara mi voz antes, desde que se enteró que era gay, para él, mi voz siempre se escucharía afeminada.
— ¿Qué quieres? — preguntó mientras se sentaba en su sofá de cuero y la reclinaba un poco para luego encender su iPad. Todo esto sin mirarme, si quiera una vez, a los ojos.
—Voy a volver a jugar Lacrosse —le informo orgulloso y algo presuntuoso, a decir verdad, ya que mi padre había apostado a que ningún equipo de deportes me aceptaría por ser lo que soy y mucho menos el de Lacrosse.
Pude ver en sus ojos, los cuales heredé, abrirse de la sorpresa. La expresión en su rostro es insultante pero lo dejo pasar. Inmediatamente y antes de que reaccione para decir dios sabe qué, saco el comunicado de Douglas con la firma del director y se lo extiendo. Ante esto, él lo coge y empieza a leerlo, puedo apostar, tratando de hallar un fallo de impresión, una firma alterada, algo, lo que sea en vez de creerme. Así que, decido mostrarle también la camiseta con el número 18 y nuestro apellido en esta que tantas veces había visto antes, cuando iba a mis partidos.
—Te dije que no había terminado con el Lacrosse —le recordé.
Al instante, sentí el peso de mis palabras y lo que estas podían traerme.
Sentí miedo. Miedo a ser golpeado, miedo a tener que escaparme por la ventana y no poder regresar hasta el día siguiente, miedo a que mi cobardía lastimara a mi madre o mis hermanos. Pero, por primera vez en mucho tiempo, no me golpeó sino simplemente dijo:
—No lo arruines esta vez.
La felicidad que me invadió al oír esas palabras no creo que fuera normal y mucho menos que justificara la sonrisa que se formó en mi rostro, pero había pasado tanto tiempo desde que él me había alentado en algo que, simplemente, no pude evitarlo. Y sé que lo que dijo no fue precisamente motivador pero no era un insulto, no del todo, y, para mí, eso ya era suficiente.
Por ahora.
————*————
Me levanto de la cama y empiezo a tenderla. Escucho la voz de mi mamá diciéndome que baje a desayunar. Le contesto que iría en cinco minutos. Me cambio rápidamente, me lavo la cara y los dientes, "vacío el caño", me lavo las manos, reviso mi cabello un par de veces y bajo a desayunar. Todo en cuatro minutos y medio.
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Weirdos
Teen FictionG es una chica excepcionalmente simple. Le gusta las cosas dulces, ver tv, no salir de su habitación y perder el tiempo leyendo mangas. Lo cual ha estado haciendo durante casi toda su vida de secundaria...hasta que la venda cae de sus ojos y ve que...
