"G"
O...k
Si algo entiendo de mí misma en estos momentos, es que me he vuelto en una persona socialmente dependiente. ¿Qué me había pasado? Solía pasar AÑOS sin extrañar la compañía de nadie y ahora no puedo dejar de buscar a mis amigos. ¿Porque eso eran, no? O quizás deba simplemente decirles compañeros ya que ninguno se acordó de mi cumpleaños. Las chicas rechazaron mi pijamada y no me atreví a decirles que era por mi cumpleaños, ninguno de los chicos que dijo algo y eso no lo puedo creer. Porque significaría que Y no le dijo a nadie...o que se le olvidó, así como se olvidó de nuestros supuestos planes para hoy.
Debería alegrarme porque ahora tengo eso que me propuse, compañía, personas con quién pasar el tiempo y crear lindos recuerdos de mi época escolar pero...
Desilusionada, mucho más que cuando veo en línea si ya actualizaron un manga muy esperado y no es así, camino por el aparcamiento. Mi precioso y viejito Jeep me espera, se ve como una tierna abuelita que me mira con pena pero que aun así me ofrece un abrazo.
— Hola Petu, al parecer solo seremos tú, yo y Sachimo* — digo entrando y poniendo en posición la llave. Giro una, dos veces...nada.
Frunzo el ceño.
— No, no, no me hagas esto, por favor bebé — suplico volviendo a girar la llave unas cuatro veces más, pero Petunia parece no responder —. ¡NO!
¡¿Por qué?! ¡¿Por qué mi bebé se tiene que ir el día de mi cumpleaños?!
¿Cómo llegaré a casa?
El autobús ya se fue hace unos quince minutos, no conozco a nadie más. Si Yoyo se fue significa que su hermano también.
Me rindo al ver cómo mis opciones de van haciendo añicos uno a uno. Apoyo la frente contra el volante.
— Rayos — susurro y siento mis ojos picar. Me sorbo la nariz para evitar llorar pero no lo sentía justo, no hoy. Mis padres me habían dejado pasar este cumpleaños con mis amigos por la razón de finalmente tenerlos y ahora ninguno de ellos está conmigo.
No me doy cuenta de que he estado presionando la bocina con mi frente hasta que alguien toca mi ventana haciéndome saltar del susto.
— ¿Bowell? — dice Lucas, parado a mi lado.
—Lucas — logro decir, no me di cuenta de que mi garganta se había cerrado por el llanto.
— ¿Estás bien? — pregunta él y hace un gesto para que baje la ventana. Así lo hago.
—No, mi carro no responde — le soy honesta. No puedo pasar una oportunidad así, a menos que él viva cerca y se vaya a pie.
—Mi papá recién ha acabado de limpiar — cuenta él, aunque se ve que le cuesta un poco decir eso —, podemos llevarte si quieres.
—No sabes cuánto te lo agradezco — le digo conmovida, tanto que se me escapa una lagrimilla.
—Eh, no llores, no es para tanto — comenta él nervioso, de reojo veo como saca de su mochila una toallitas de papel. La acepto volviendo a llorar.
—No...Es que...mis amigos no están... — intento contar pero no puedo decir más de dos palabras sin llorar.
Para mí desconcierto, a Lucas se le sale una risita y abre mi puerta.
—Hey, está bien, de seguro hay una explicación. Vamos, ponle seguro a tu auto — me indica y asiento. Saco mi mochila y subo la ventana. En cuanto salgo de autor, activo el seguro. Tendría que avisarles a mis padres que mi auto pasó a mejor vida y que tendrían que remolcar a la pobre Petunia.
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Weirdos
Teen FictionG es una chica excepcionalmente simple. Le gusta las cosas dulces, ver tv, no salir de su habitación y perder el tiempo leyendo mangas. Lo cual ha estado haciendo durante casi toda su vida de secundaria...hasta que la venda cae de sus ojos y ve que...
