Día 10: Cosecha lo que siembras

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«Douglas»

Era una mañana muy prometedora, sí señor. El clima parecía haber decidido no ser una putada hoy, mi cafetera no hizo por primera vez un café que supiera a tierra, vi a las chicas universitarias en apretados sostenes deportivos que mantenían esas deliciosas y redondas gracias del cielo en su lugar, subiendo y bajando levemente. Solo había una nube que malograba mi hermoso día: El saber que el chico nuevo de ojos raros y su amiguita vendrían a acosarme nuevamente y mandarme indirectas para que reincorporase a Lason al equipo. Un fastidio total.

Cuando paso por los pasillos, veo que mi ex QB* entra a su aula junto con su flacucho y alto novio, hago una mueca. Realmente es un buen chico y un gran atleta pero me resulta repulsivo hasta el vómito tener a una nenaza que le gusta chupar pollas como el líder del equipo.

No, para nada me arrepiento de sacar a esa atrocidad del campo.

Alejo todo pensamiento de culpa de mi mente y camino saboreando mi deliciosa dona hasta que llego a la sala de profesores.

Al entrar, veo que todos se han ido, como siempre. En mi caso es diferente, y es que ser el profesor de educación física tiene sus ventajas. Puedo llegar tan tarde como se me dé la gana, asisto a todos los partidos de football que hay, veo a hermosas porristas bailar y levantar las piernas a alturas que me hacen desear tener veinte de nuevo y recibo el crédito cuando el equipo gana. Es el trabajo perfecto.

Camino hacia mi escritorio y, terminándome la dona, me siento para encender mi computador y ver con cual grupo me toca enseñar hoy. Mi garganta se siente algo seca así que me paro para comprar una bebida de la máquina expendedora. Ingreso las monedas y, antes de presionar el botón del agua, me detengo y cambio de idea a una coke diet.

-Sigues siendo el mismo viejo Douglas que escoje siempre la peor decisión - dice una voz a mis espaldas. Me doy la vuelta de golpe al mismo tiempo que escucho caer la gaseosa.

- ¿Quién... - intento preguntar pero la visión frente a mí me deja sin habla -. Tú.

-Hola profe, ha pasado tiempo - saluda un arrogante Jeff Brown, el estudiante más complicado de toda mi carrera y el fan número uno de la comunidad LGTB.

- ¡Tú!

- ¡Yo! - se burla imitándome.

Un torbellino de recuerdos me ahoga como una ola con tan solo ver su rostro. Él y sus peleas con los de último curso, él queriendo ingresar al equipo de Lacrosse, el cara bonita de Wayne apoyándolo, él y su maricón novio, sus asquerosas demostraciones de afecto en la cafetería, el director defendiendo a esas abominaciones, su sonrisa socarrona cuando no me apoyaron los padres de familia para expulsar a ese par, la ira de tener que verlo por tres años más desde ese día y saber que besaba a ese chico solo para sacarme de quicio.

- ¿Qué diablos estás haciendo aquí? - exijo saber, sin dejarme intimidar. Y sintiendo cómo me hierve la sangre tan solo con verlo.

-Un pajarito me contó que estás volviendo a tus viejas mañas, profe, eso no es cool - dice caminando hacia mí con las manos en su espalda como si fuera un verdugo mirando a su víctima -. Y usted debe saber cómo de entrometido soy cuando se trata de igualdad y justicia.

-No tengo idea de lo que estás hablando - le digo retrocediendo, porque, pese a lucir delgado y frágil, sé por experiencia que sus puños pueden dejarte hospitalizado por meses como le pasó a Guns, mi mejor defensa*.

-Oh, yo creo que sí, profe - contesta sonriendo y metiendo su mano dentro de la máquina para recoger mi soda. Hijo de puta -. Hablemos de un chico llamado Todd Lason...












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