Día 30: Día de revelaciones - Parte 1/2

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« Y »


El día termina, las clases concluyen, los estudiantes respiran la libertad luego de estar tanto tiempo con el trasero aplastado, todos se retiran felices a sus hogares y...yo sigo aquí limpiando.

Ok. Sé que dije que no me molestaría limpiar con Lucas porque, en serio, ese señor es genial y muy amable. Pero no calculé el tamaño del gimnasio. Dios, ahora sé por qué soy tan malo en el básquet. Este lugar es inmenso.

—Ya falta poco chico, solo nos queda revisar si hay envolturas en las bancas y terminamos.

—Pero no ha habido partidos oficiales desde antes de las vacaciones de invierno.

—Sí, pero nunca falta el que se salta las clases de física para comer — responde Lucas riendo y negando con la cabeza como si recordara algo que le hizo gracia.

Sonrío al verlo alegre y continúo trapeando.

Luego de diez minutos, finalmente terminamos. Con el piso, no te ilusiones Yoyo. Ahora solo quedan las envolturas.

Tal y como lo dijo Lucas, las personas se escapan a tragar chatarra. Había envolturas de todo tipo, Pringles, M&M's, Reese's, Skittles, Hershey's...Dios, ya me está entrando el hambre.

Con mis tripas retorciéndose cada vez que recogía la envoltura del algún dulce que me gustaba, terminé la labor. Lucas me felicitó y, luego de recoger los utensilios de limpieza, nos dirigimos hacia la salida.

Todo habría sido normal sino me hubiera encontrado a Luc con un envase de comida y su mochila en hombro.

—Papá ya terminaron las prácticas, ¿comemos la merien...

Luc se queda mudo al verme y creo que yo también pierdo la capacidad de hablar.

De ninguna manera... ¿¡Su padre!?

— ¿¡Qué estás haciendo aquí!?

—Luc, tranquilo hijo, el muchacho solo me ayudaba.

— ¡Sabía que no debía de haber confiado en ella! ¿¡Te lo dijo verdad, la pecosa te lo dijo!? — pregunta Luc caminando hacia mí, amenazante. Su enorme humanidad hace que me sienta como un ratón frente a un gato montés.

Instintivamente, levanto las manos en son de paz.

—Yo no sé nada, lo juro.

— ¡Mientes!

—No sé de qué estás hablando, en serio — insisto retrocediendo.

Si alguien me viera ahora, diría que soy un cobarde pero rayos si no es enorme este tipo.

— ¡Luc! — llama Lucas al menor o, debo decir, ¿lo reprende?

— ¡¿Papá, acaso no vez que se lo puede decir a...

— ¡Suficiente! — lo silencia Lucas padre a lo que el hijo se calla al segundo —. Este chico solo estaba ayudándome porque tenía un castigo que cumplir, no es su culpa. Y ya basta de querer ocultarlo a todos. Pensé que habíamos superado esa parte, hijo.

Luc no levanta la mirada del suelo. Solo asiente y responde claramente:

—Sí, señor.

—Bien. Déjame recoger mis cosas y nos vamos — le dice Lucas a su hijo —. Y gracias por ayudarme Zedd— agrega mirándome.

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