-¡Isabella, baja a cenar!- llamó mi madre desde las escaleras.
-¡Voy en un momento!- respondí, volví a poner el móvil en mi oreja y una sonrisa apareció.- Tengo que irme ya- avisé.
- Lo sé...- escuché un suspiro de su parte- Bueno, paso mañana por ti y... Que sueñes conmigo- solté una carcajada.
- No deseo tener pesadillas- de pronto recordé ese mal sueño que, aún, no había podido contarle a Sander, aclaré mi garganta y volví a sonreír- Me gustaría hablar algo contigo mañana.
-¿Qué pasa?- dijo con la voz preocupada.
- Nada... Nada importante...- suspire-... Bien, ¿te veo mañana?.
- Si... Te amo, no lo olvides- sonrei y negué con mi cabeza.
- No lo olvido... También te amo, mucho.- la linea se quedó en silencio por unos segundos.
- Descansa Cariño.
- Tú igual- corté la linea y sonrei como una estúpida.
Jamas imaginé que estar enamorada te quemaría las neuronas hasta el punto de parecer una loca sonriendo todo el tiempo mientras las personas te miraban como si fueras un bicho raro.
Bajé hacia el comedor donde mi madre se encontraba terminando de poner la mesa, mi madre, al ver que tenia una sonrisa en mi cara, soltó una risita.
- Si no mal recuerdo, ese chico era un mal educado que te se exasperaba- soltó divertida.
- Bueno, el mundo es redondo, ¿no mamá?- solté una risa y mi madre me imitó.
- Ya lo creo que si- dijo terminado de cortar la carne en pequeños trozos- ¿Quieres ir a llamar a tu padre cariño?- mi sonrisa se borró poco a poco- ¿Si puedes, hija?- mi madre me miró con una sonrisa pero al ver mi expresión también dejo de sonreír- Hija...
- No...- interrumpi poniendo mi mano al frente- No más mamá- mi madre dejó lo que estaba haciendo para mirarme directamente.
- Bella, entiende que somos tus padres y nos preocupas. Tu padre tiene miedo de que esta decisión te ponga en más peligro del que ya estas.
- No... No trates de engañarme ni de engañarte, mamá- le dije con voz algo seria- Ambas sabemos que mi padre actúa de esa manera por mero orgullo, no porque tenga miedo... Y estaba bien, de todos modos quiera o no, ya tomé la decisión y...- miré mis manos-... Ya no hay vuelta atrás.
Mi madre se acercó y tomó mis manos con una cálida sonrisa.
- Sé que tienes razón, y sé que tienes la madures como para entenderlo. Solo te pido que hables con él, sabes que él te ama tanto como yo, Bella. Al menos no seas tú la orgullosa.
La miré suplicante mientras ella me sonreía, finalmente me rendí y asenti.
- Bien, pero no te prometo nada- ella asintió.
- Esta en su estudio.
Miré a mi madre y luego me dirigí hacia el estudio donde mi padre se encontraba, al llegar toqué dos veces y abrí la puerta.
Al verlo ahí, sentado en su escritorio sin ni siquiera levantar la mirada, con su bolígrafo en mano y su seño levemente fruncido. Llegué a la conclusión de que mi padre, en su tiempo, fue un apuesto chico, no es que hora no lo fuera. Su presencia estaba impregnada en cada cosa suya, los libros bien apilados y ordenados, la lampara de piso, que daba una tenue luz al lugar y que, combinaba con la decoración, su escritorio de madera negra combinaba con su silla de cuero del mismo color, y sus papeles ordenados en sus respectivas carpetas.
Mi padre, aún con sus casi cuarenta años, seguía siendo un apuesto Señor, que impregnaba seguridad y autoridad en si mismo, por donde quiera que fuera.
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Trato Echo
Genç KurguIsabella, es una chica de 17 años, cursa el undécimo año de secundaria. Es una chica inteligente, con una sonrisa en su cara la mayor parte del tiempo. Pero en ciertas cosas saca a relucir su orgullo y su prepotencia. Pero esos sentimientos de orgu...
