Cuando Elaine despertó supo que ya era tarde sin abrir los ojos. Su cama se notaba fría en el lado donde había dormido su hermano.
Normalmente era ella la que se levantaba mucho mas temprano y prácticamente tenía que echar a patadas a su hermano mayor del cuarto, ya que era un dormilón y se podía tirar horas y horas durmiendo.
Por eso, el hecho de que él se despertase antes significaba que esta vez era ella la que se le habían pegado las sábanas.
Se levantó como una zombi y se dio una ducha rápida para despejarse. Pero ahora que se había deshecho del atontamiento, las preocupaciones volvieron a aplastar su pecho.
Odiaba abstraerse a su pequeño y oscuro mundo de miseria, donde se ausentaba del resto del mundo y no lograba disfrutar de nada mas, porque todo en lo que podía pensar era en lo que se le veía encima.
Echó un ojeada y se sorprendió sosteniendo una taza de chocolate caliente ya vacía. Parpadeó varias veces hasta darse cuenta de que estaba en la cocina-comedor ¿Cómo había llegado allí y desayunado sin darse cuenta? La respuesta era pensar demasiado. Cuando se abstraía no se daba cuenta de lo que hacía. Al menos se había vestido correctamente y no iba desnuda por la mansión.
-¡Aaah!- gritó de repente alguien en su oído.
-¡Aaaaaah!- gritó ella asustada, soltando su taza sin querer.
Inevitablemente vio cómo el objeto caía al suelo y se rompía en pedazos.
-Ja, ja, ja, ja- se partió de risa su primo Alastor, apareciendo en su campo de visión- Hubiese dado lo que sea por ver tu cara.
Las mejillas de la muchacha enrojecieron del enfado.
-¿Eres imbécil o comes suelo?- le soltó casi gritando- ¿Por qué me diste ese susto?
Elaine se agachó y empezó a recoger el desastre, intentando contenerse para no golpearlo.
-Lo siento, prima. No pensé que fueses tan asustona.
La chica estaba apunto de responder pero alguien habló antes que ella.
- Alastor,- le llamó la madre de Elaine en tono gélido- no permitiré ese comportamiento tan primitivo en mi casa. Que sea la última vez. Si no, tendré que pedir a tus padres que se marchen contigo y no creo que les haga mucha gracia.
Alastor ahora mas blanco que la pared asintió de forma rígida mientras tragaba saliva y sin más salió por la puerta.
Elaine echó una ojeada al muchacho que huía con el rabo entre las piernas y después a su madre, arreglada como si fuera una modelo, con un bonito traje formal azul marino y unos tacones de infarto. La mujer se le acercó mirándola por encima del hombro, como siempre, como si sólo fuese una molestia para ella.
- ¿Qué crees qué estás haciendo?- le siseó con cara de desprecio.
La chica se irguió lentamente, como si su madre fuese una víbora que podía atacar en cualquier momento y por eso había que moverse muy lento.
- Recoger este desastre- se limitó a decirlo, tensa.
- ¿Y crees que es adecuado que alguien de tu posición se arrastre por los suelos como una vulgar sirvienta?
- Yo solo...
- Tú nada. Nunca aprendes ¿verdad? Fuera de mi vista antes de que me pongas en ridículo de otra forma.- terció despectivamente mientras sacudía su cabello hacia otro lado.
Elaine asintió con los ojos empañados y sin decir nada más salió de la cocina. Era siempre así. Cada vez que su madre volvía de donde fuese que iba, la ignoraba o la trataba con desprecio. Como si su sola existencia la avergonzase.
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La luz en mi noche
FantasíaElaine procede de uno de los linajes mas influyentes del mundo demoníaco, pero tras un evento traumático se ve obligada a escapar de su propia familia. Su destino se vuelve aún mas complicado cuando conoce a los hermanos Leblanc, dos chicos con aspe...
