Capítulo 6- Empezar de cero

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- Elaine...- le llamó una voz, pero la muchacha no pareció escucharlo- Elaine.

La chica estaba en su mundo cuando un codazo en el costado la sacó de su ensoñación. Ella dio un brinco algo asustada y miró a su alrededor.

Su compañera de pupitre la miraba con el ceño fruncido.

-¿Por qué has hecho eso?- le susurró Elaine mientras se frotaba dolorida.

-¿Y qué quieres que haga si no me escuchas?- la acusó también entre susurros su compañera. Después le sonrió- ¿Otra vez en tu mundo? Si no prestas atención al final la profesora se dará cuenta.

En ese momento Elaine se acordó de dónde estaban. Miró a la profesora, que seguía escribiendo cosas en la pizarra mientras el resto de la clase escribía con apremio.

Suspiró aliviada. Por suerte la maestra no se había dado cuenta. Estaba segura de que la mujer no tendría tanta paciencia, ya que aquella semana le había llamado la atención  por despistarse al menos 5 veces.

Era muy vergonzoso pues el resto de la clase centraba su atención en ella mientras la señorita Angèle la reprendía por su despiste.

No quería llamar la atención. Aunque eso era algo imposible ya que desde que llegó hacía tres meses no había hecho mas que despertar curiosidad en todos. Siempre había alguien observándola. Su compañera Marie le había dicho que era por su aspecto. Al parecer a los humanos les parecía guapa.

La verdad, ella se había visto mil veces en el espejo pero no se veía para tanto. 

Tenía el pelo blanco platino, largo hasta las caderas, sus ojos eran azul claro, con un lunar al lado de su ojo izquierdo, sus labios eran finos y su estatura no muy alta, al rededor del 1'56 cm. Muy a menudo aparentaba menos edad de la que tenía. Sus orejas, como todos los demonios eran algo picudas, como los de aquella raza en las historias de fantasía llamadas elfos que había leído alguna que otra vez. Aunque había tenido que usar un camuflaje para que parecieran humanas. 

Los humanos y sus extraños cánones de belleza.

- En serio deberías intentar poner más atención a las clases. Ya sé que son aburridas pero...

-No, no. En realidad me encantan, son fascinantes...- dijo Elaine con los iluminados.

Marie la miró como si hubiese perdido el juicio.

-¿Y si te gusta tanto por qué no prestas atención?

Elaine abrió la boca pero no supo que decir. No le podía explicar que su familia, una de las más importantes del mundo demoníaco había renegado de ella y que había huido de ellos porque eran unos psicópatas que precisamente mataban a humanos como ella.

- Señorita Marie, señorita Elaine ¿Quieren compartir algo con el resto de la clase?- alzó su voz la profesora, que se encontraba ahora frente a ellas con los brazos en jarras.

Las dos se sobresaltaron y mostraron una sonrisa nerviosa.

- N-nada profesora. Lo sentimos mucho- se disculpó Marie- No volverá  a pasar.

La mujer les lanzó una mirada de advertencia y siguió con la clase. Las dos soltaron un suspiro imperceptible y prestaron atención el resto de la clase.

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Unas horas más tarde Elaine salía del instituto distraída. Hacía mas de 3 meses que vivía sola. Al principio le había costado cambiar su estilo de vida, pero poco a poco se fue acostumbrando. Ni siquiera se encontraba en el mismo país. Tras pensarlo mucho, decidió vivir en París. Había oído que era un sitio precioso y la verdad es que no mentían. La ciudad tenía otro color, otro tipo de gente. Todo era distinto. Se notaba la diferencia entre Francia y Gran Bretaña ya que ella había vivido prácticamente toda su vida en una mansión apartada de todo en Escocia.

La luz en mi nocheHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora