Capítulo 24.

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Maratón 2/6.

A la mierda ser un hombre adulto, eso ha hecho que suelte un pequeño gruñido, nunca nadie me había descontrolado con un simple toqueteo.

Pego mí frente a la suya, aun sin creer que ha dicho las palabras exactas.

- ¿Por qué me haces esto?

Estamos tan cerca, que juega con la tentación de besarla. Lo hubiese hecho si no es porque llega mi hermana junto al mocoso, tiene 21 años lo sé, pero sigue siendo un mocoso.

Nos separamos de manera para que no sospechen, me ha dejado colado y sé que ella ha quedo igual por la manera en que se bebe la copa de champagne. Rio porque he causado lo mismo que ella en mí.

- Hey hada madrina, con calma, tú y yo no nos llevamos con el alcohol.

Le dice su primo y le quita la copa antes de sentarse. Ada se había ofrecido a llevar a London a algún restaurant, pero ahora ha salido este del más allá a ofrecerse por Ada. Que la siga soñando, que está bien clarito. Siento un pellizco y es Ada quien lo ha hecho.

- Déjala ser Aaron — ¿quiere que ceda por segunda vez?

- Pero es una niña.

- Y mi primo un caballero — no creo que la deje si su primo fuera mala persona.

- ¿Quieres ir por una bebida? —cambio el tema antes de arrepentirme.

- Si, vamos.

Le tiendo la mano para que no tenga problemas en levantarse y la guio a la barra.

- ¿Qué quieres beber?

- Algo suave, ya escuchaste que no soy buena con el alcohol.

Me imagino que ebria habla más de lo normal, sería un peligro total darle alcohol de más a esta mujer. Pude notar que le gusto la champagne asi que le pido otra y un whisky para mí.

- Por los dos maravillosos días que te quedan por trabajar conmigo.

- Gracias al cielo —brindamos y bebemos de nuestras bebidas.

Veo como su garganta sube y baja mientras traga aquel líquido.

- ¿Tan malo es trabajar conmigo? —tengo que saber si en serio le incomoda algo.

- Yo diría más bien, que eres una mala distracción.

Como que por ahí va la cosa.

- Tú eres una muy buena distracción, como que le alargare ese viaje a Jorsh, para tenerte más tiempo en la oficina.

No se las alargare porque ya lo necesito en la empresa, pero podría trasladarla definitivamente a mi oficina, estaría encantado de ver su cuerpo todos los días.

- Hombre ¿Cómo estás?

Miro detrás de ella y viene caminando Leonel, el abogado de la otra sede, lo conozco desde hace un tiempo ya. Siempre charlamos sobre las locuras de casos que les toca defender. Lo saludo como siempre.

- Bien, te presento a Ada Woods trabaja conmigo.

Leonel se caracteriza por ser educado, y me extraña que esta vez no lo haya sido. Ve a Ada sin ninguna expresión en su rostro, hasta puedo jurar que ha cambiado de color.

- Un placer.

- Igual, los dejo hablando. Iré a tomar aire afuera.

Por otro lado, Ada cuando le presento a alguien siempre les regala una sonrisa. Y no veo el motivo para que se vaya, la veo partir mientras frunzo el ceño ante aquella presentación.

Dulce Infierno Donde viven las historias. Descúbrelo ahora