¿Se han despertado con una sensación en el estómago y no saben que es? Sabes que no es hambre, ni ganas de ir al baño. Alejo los malos pensamientos y estiro mi mano hacia el lado de Aaron, abro los ojos cuando no lo siento. No sé en qué momento se levantó y me dejó arropada.
Tomo mi celular y le envío un mensaje.
"¿Donde carajos estas?"
No pasan ni 5 segundos cuando veo que se abre la puerta del baño, es él, con la frente fruncida y mostrandome el mensaje que le envié.
- Hola precioso. -sonrío con inocencia.
- Estas demente, o eres demasiado floja para no revisar el baño antes de escribirme.
- Cállate y ven. -estiro mis brazos y él viene a mi sin pensarlo.
- Buenos días. ¿Como dormiste?
- Tuve pesadillas, no pude dormir del todo bien.
- ¿Y eso? -lo miro, es algo lógico.
- Soñé que me eras infiel.
- Eso sólo pasará en tus sueños.
- Más te vale Steve. Me arreglare, tenemos que ir a trabajar.
- Quedemonos aquí acostados.
- Jefe, que propuesta indecente es esa.
Son las 12 y todavía sigo con esta sensación en el estómago.
- ¿Iremos a almorzar juntos? -me acerco a su escritorio, no tengo casi apetito, pero supongo que el sí.
- Si amor, termino aquí y nos vamos.
- Esta bien. -me quedo como una tonta viéndolo, es ese efecto que causa en mi cada vez que me dice amor.
Me siento en sus piernas sin preguntar, él sólo sonríe y comienza a acariciar mi brazo, mientras que con el otro sigue trabajando. Tomo un bolígrafo y hago una raya en su mano, río por lo bajo y le hago otra.
- Ada.
- ¿Qué? -escondo el bolígrafo.
- Yo siento, no me rayes.
- Llorón. -suena su teléfono y me dice que conteste, que hable por él para que pueda terminar rápido. - ¿Aló?
- Si, por favor con el señor Cromwell.
- En estos momentos está ocupado, ¿quiere dejarle algún mensaje? -escucho como Aaron se ríe.
- Sí, dígale que el señor Wester está en la ciudad hoy, que desea aprovechar el día reuniéndose con el. -genial.
- El le escribirá en lo que pueda.
- Gracias.
- Con gusto.
- Te escuchas como una secretaria sexy. -besa mi cuello.
- Esta secretaria sexy está jodidamente enfadada.
- ¿Por qué? -recuesta su cabeza en mi.
- Me robaron a mi novio hoy de nuevo. Te llamó el señor Wester, que quiere aprovechar el tiempo de hoy aquí en la ciudad contigo. -giro mi rostro y veo su cara de culpa.
- Lo siento cariño, es un cliente importante.
- No importa, no es tu culpa. Pero no creas que me quedaré aquí. -no tengo hambre, pero tampoco me quedaré sola.
- Ya sabes...
- Siii, no saldré sin Bob. -rueda sus ojos.
"Nalguealo como Grey a Anastasia. Me gustaría ver eso" Cleopatra tiene una fusta en su mano.
Me muevo con la intención de levantarme y me aprieta más a él.
- ¿Piensas irte sin un beso de despedida?
- No. -Me cruzo de brazos - dámelo tú.
- Te. -me da un beso - doy. -otro beso, y así en cada palabra -todos.los.besos.que.quieras.
- Quiero mil besos.
- Eso tomará su tiempo. ¿En mi casa esta noche?
- Ya casi vivimos juntos, eso ni se pregunta.
- Entonces hoy en mi casa, no sé a qué hora llegue. -suspiro.
Hoy Bob no puede acompañarme a comer, sólo me lleva al mismo restaurant de siempre, promete venir por mi apenas se desocupe.
Sólo pido una ensalada. Cuando termino miro al frente y junto mis dos manos debajo de mi barbilla para hacerle monerías a una bebé que tengo al frente, la cual no ha dejado de mirarme y yo de sonreirle.
Voy al baño mientras pasan la tarjeta para pagar la cuenta, logro entrar después de una larga fila. Estoy de pie en el lavamanos y pienso en enviarle un mensaje a David, reviso el bolsillo de mi falda y no lo siento.
- ¡Mierda! Lo dejé en la mesa. -me lavo las manos deprisa y salgo.
Ahí está en la mesa, observo hacía los lados y no veo a Bob, así que decido salir y ahí está.
- ¿En dónde estabas? -río.
- En el baño papá. -me mira serio.
- No te puedes perder de vista, entré y no te vi.
- Si, si. Vayamos a la empresa, tengo bastante trabajo.
- Llego a la empresa y todavía tengo esta horrible sensación.
En la tarde Bob me avisa que está abajo esperándome. Me subo al auto y nos encaminamos a casa de Aaron, me informa que él ya está ahí desde hace un par de horas, y se me hace bastante extraño que no me haya avisado.
En la entrada veo un auto que no reconozco y una alarma en mí se enciende sin saber porqué.
Entro a la casa y todo está en orden, Marta no vendrá hoy. Subo las escaleras para ir a la habitación y no sé de qué manera reaccionar cuando veo lo que tengo al frente.
ESTÁS LEYENDO
Dulce Infierno
RomantikAda Woods esa mujer sin filtro que dice lo primero que le pase por la cabeza, es torpe como ella sola, habla hasta por los codos y está más dormida que despierta. Pero ante todo es fiel a su familia y a sus seres queridos. A sus 23 años se traslada...
