Capítulo 65.

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"Ada Woods"

No sé qué hacemos en el centro comercial. Vamos caminando tomados de la mano.

- ¿Buscas algo en específico?

- Si amor. Aquella tienda que esta allá. — me señala y caminamos hasta ella.

- ¿Estas embarazado? — bromeo cuando entramos a una tienda para bebés — porque si es así, déjame decirte que no es mío.

- ¿Y de quien más? Si tú eres la que abusa constantemente de mí.

- El pobre de Aaron que tiene relaciones por obligación.

- Tonta. — pellizca mi nariz.

Recorremos la tienda y el solo la observa, no aguanto más la intriga.

- Ya no puedo más. ¿Qué hacemos aquí? — el ve su reloj y sonríe.

- 3 minutos. No puedes pasar más de 5 minutos sin curiosear.

- No es mi culpa.

- Quiero comprarle algo a Amaya.

- ¿En serio? — no tiene por qué sorprenderme, así es Aaron, pero aun así me sorprende.

- Si, enserio. — me mira desde arriba.

- ¿Y se puedo saber por qué? O sea, no es que este mal ni nada, solo que no sé qué te llevo a eso.

- No sé. Me agradan los bebés, y Amaya se robó mi corazón. ¿Es que a ti no? — habla con entusiasmo.

- Sí. — digo aun sorprendida. — solo que no se me ocurrió comprarle algo.

- Es porque eres Fiona.

- Claro que no.

- Claro que sí.

- No. ¿Qué tienes pensado comprarle?

Aaron siempre piensa en los demás, su gesto me enternece.

- No sé, estoy viendo a ver que me recuerda a ella.

- Un babero para los buches sería una buena idea. — reímos.

- Y uno para ti, para cuando te tragues mi semen. — habla fuerte y sé que lo hizo apropósito.

No es primera vez que me hace pasar este tipo de pena. Una mujer embarazada que está a nuestra derecha me ve con los ojos bien abiertos.

«¿Y esta de donde cree que salió el bebé que tiene en la barriga?»

«¿Tu no y que no me ibas a hablar más?»

«No hablo contigo, hablo conmigo misma»

- Discúlpelo, es que esta ebrio. Bebió después de enterarse que tendremos trillizos, tiene un semen potente. — él sabe que puedo avergonzarlo el doble.

La mujer parece que se le saldrán los ojos. Aaron me arrastra a otra sección de la tienda.

- No te andes con jueguecitos Aaron Steve. —rio.

Aaron dijo que le compraría algo sencillo.

El significado de sencillo para él es:

· 2 vestidos.

· 3 pijamas.

· No sé cuántos cintillos.

· Una cocina de juguete. (Que todavía no sabe usar)

· Y unas zapatillas de bailarina.

Ordenó que envolvieran todo en papel de regalo y lo enviaran a casa de ellos.

- Juro que no te quiero imaginar cuando seas papá.

- Todavía no hemos comprado lo de los trillizos.

- Idiota. Pensé que la mujer en cualquier momento iba a sacar un envase de agua bendita y me bañaría en ella.

- Estaba que le preguntaba como concibió a ese bebé.

- Yo igual.

*

Llegamos al restaurant y ya está Anat con Alex y la bebé. Anat me saluda de lejos con entusiasmo, la verdad es que conectamos y nos llevamos bien.

- Esta niña amaneció más hermosa que ayer. — estrujo sus cachetotes.

Amaya cuando ve a Aaron se le iluminan los ojitos y estira sus brazos.

- ¡Hey! Hija me pondré celoso.

- Y yo. — observo lo contenta que esta cuando la carga.

Anat trató, de verdad que trató sentar a la pequeña en la sillita para bebés, pero fue en vano, así que Aaron tuvo que desayunar con ella en las piernas, y el gustoso la dejo.

- Le tenemos una noticia. — habla Ana con una sonrisa en sus ojos.

- Ilumíname. — le contesto.

- Nos mudamos a la ciudad.

- ¿En serio?

- Siiii. En el trabajo me trasladaron para allá, y un contacto de Alex tiene semanas insistiendo en que trabaje para él, pero no había aceptado por mí y la bebé, por más que le insistí. Pero todo se alineo a nuestro favor.

Nos cuenta más sobre la noticia, y no vivirán lejos de nosotros.

- Entonces tendremos a este pequeño monstruo cerca.

- A la hija de Aaron, porque ya eres más papá de ella que yo, me reemplazo. — Alex hace un puchero y Amaya frunce el ceño, finge llorar y ahí se lanza a los brazos de su papá. — increíble, tengo que llorar para tener la atención de mi hija.

- ¿Y Bruce? — pregunto.

- Perdiendo la cabeza. — ríe Alex.

- ¿Por qué?

- Anat le presento una amiga, y bueno, el hombre parece un perrito enamorado.

- No te lo creo. ¿Bruce?

- El mismo que dijo que eso era una ridiculez.

Salimos del restaurant y mientras los llevamos a su casa, a Amaya le dio un berrinche, le tuvimos que poner una película para bebés, en 10 minutos se durmió.

Nos despedimos y le prometo a Anat que le haré la decoración del apartamento, Alex casi me lo suplicó, dijo que si es por ella compra todo rosado.

Dulce Infierno Donde viven las historias. Descúbrelo ahora