Nos detenemos en uno de tantos y ordenamos. Tardo más de dos minutos diciéndole a Aaron que no tiene por qué pagar, pero como siempre se sale con la suya. Damos la vuelta para sentarnos y Aaron toca mi nalga apretándola.
- Te dije que no te molestaras cuando lo hiciera.
Escucho como la cajera ríe y yo niego con la cabeza. Jamás pensé que Aaron fuese así, cualquiera que lo vea en su traje de empresario y con su cara de amargado, pensarían que es aburrido o frío. Pero no, resulta que sale con cosas peores que las mías, haciendo que siempre vivamos riéndonos, es más tierno y sentimental que yo, o por lo menos demuestra y expresa más de lo que yo lo hago, a veces siento que soy el hombre de la relación.
- Mañana comenzaras a trabajar de nuevo con tu sexy novia -subo y bajo las cejas rápido.
- Dios me llene de paciencia de ahora en adelante.
- Fácilmente me puedo quedar con Jorsh - veo mis uñas fingiendo que no me interesa.
- ¿Y no tenerte todo el día para mí?
- Tampoco es que podemos hacer mucho en la empresa. Te dije que quiero ser profesional y mientras más de tarden en enterase que estamos juntos mejor -rueda los ojos.
- ¿Entonces me estás privando de ti?
- Sólo en horario de trabajo -le respondo pícara.
- Esto no es horario de trabajo.
- ¿Y qué piensas hacer?
¿Cómo es que este hombre me calienta con una simple insinuación?
- Ahorita nada, pero cuando lleguemos a la casa, te pondré en mi cama, te quitaré ese jodido short con el que los hombres no han dejado de mirar tu buen trasero... en realidad te quitaré todo y pasaré está lengua -se acerca a mi oído y lame mi lóbulo -por ese tatuaje que tanto me descontrola.
«¡Mesero! Venga y eche un vaso de agua bien fría en esta mujer que aquí adentro está caliente» Cleopatra está sentada en traje de baño en una tumbona, con unos hombres a su lado abanicándola, mientras bebe limonada.
- Espero que no quede sólo en palabras señor Cromwell.
Aaron me derrite de todas las maneras.
- No.
Llega nuestra comida y comemos en silencio, pero no de esos incómodos.
Estábamos a punto de terminar cuando se acerca una niña con un globo.
- Señor... -lo toma por la manga de su camisa.
Aaron baja la mirada frunciendo el ceño, la niña debe tener 3 años.
- Dime corazón -le sonríe, y hasta la niña queda embobada.
- ¿Qué es eso en tus brazos? -señala sus tatuajes.
- Esto me lo hizo ella -me señala - con un bolígrafo.
- Que mala -abre la boca sorprendida.
- Es que estaba aburrida -hago un puchero y ella ríe.
- Si, debería bañarme bien ¿Verdad?
- Vedad y que lo haga ella, porque fue quien te dayo - me acusa con el dedo, quiso decir rayó, me causa gracia lo tierna que se escucha el que no sepa pronunciar la "r"
- Que inteligente eres -le revuelve el pequeño flequillo que ya le entra en sus ojos.
- Bueno me voy a dayar a mi hermanito, chau -agita su manito y se va saltando.
- ¿Te gustan los niños?
- La verdad es que me gustan más de lo que debería - se ríe - desde que nació London entendí que no son tan horribles como pensaba. Y no negaré que sueño con tener uno.
- Tienes pinta de que serás un papá consentidor. No me imagino si es niña, te dejarás meter el dedo por el trasero
- Si, siento que hará conmigo lo que quiera.
- ¿Cuantos quieres tener?
- La pareja. Un niño y una niña. Pero que sea lo que la vida quiera, siempre y cuando nazca completamente sano.
- En eso tienes razón.
- ¿Y tú? - sonrío con tristeza.
- Los que la vida tenga para mí. ¿Quieres helado? -cambio el tema.
- Lo preguntas porque tú quieres helado, no porque te interese que quiera - río a carcajadas.
- Tampoco así.
Creo que me pasé de glotona. Compré una barquilla con tres bolas de sabores diferentes.
Ahora estoy haciendo un desastre, se está derritiendo, por lo que tengo que lamer rápido.
- Recuérdame no comprarte barquillas en la calle.
- ¿Por qué?
- Porque todos los hombres están viendo como lames el helado.
Miro a mi derecha y si es cierto, hay dos hombres viéndome fijo.
- ¿Celoso?
- Soy hombre, sé lo que se están imaginando.
Meto mi dedo en el helado y se lo riego en la boca.
- Pero esta lengua sólo la pasaré en ti.
Descubrí que no tengo pudor cuando de Aaron se trata.
Se ríe de lado y me besa, pero un beso nada discreto para estar en público. Siento algo en mi vientre, y no es gracias al beso, así que contra mis fuerzas me separo de él.
- ¿Nos vamos? -el dolor se está intensificando.
- ¿Te quieres ir ya? -roza su nariz con la mía.
- No, pero me estoy sintiendo un poco mal.
- ¿Qué tienes? -se separa rápido y examina mi rostro.
- Sólo un poco de dolor de vientre.
- ¿Y eso?
- No sé.
- Bueno vámonos, yo manejo.
Caminamos a su jeep y me siento abrochando el cinturón.
- ¿La pasaste bien?
- ¿La pasaste bien tú? No sabía si te gustaría el lugar.
- ¿Por qué? ¿Piensas que soy un aburrido o estirado?
- Siempre usando mis palabras -reímos.
- Si, la pasé bien, gracias.
- Gracias a ti por ganar este peluche -lo abrazo y recuesto mi cabeza en él.
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Dulce Infierno
RomanceAda Woods esa mujer sin filtro que dice lo primero que le pase por la cabeza, es torpe como ella sola, habla hasta por los codos y está más dormida que despierta. Pero ante todo es fiel a su familia y a sus seres queridos. A sus 23 años se traslada...
