Maratón 5/6.
El teléfono suena, su gran eco continua vibrando constantemente en mi mesita de noche causando furor a través de mis venas. No hice caso, lo único que hice fue frotar mi cara contra el material suave y frio de la almohada, suspirando lentamente.
Mi oscura habitación se llenó de un cómodo silencio una vez más.
No duro mucho tiempo.
Ese maldito tono resonó en el aire otra vez, la vibración taladro la superficie solida de la mesita, me quejo cubriendo mi rostro con la almohada.
« ¿Quién jode tan temprano?» Empiezo a dormir de nuevo.
- ¡Mierda mamá!
Me dijo que llegaría temprano. Me levanto y agarro el teléfono, efectivamente, las llamadas eran de ella, marco su número de vuelta mientras me cepillo.
- ¿Hija en dónde estás?
- En el aeropuerto esperándote —logro pronunciar con la boca llena de espuma por la pasta de dientes.
No debería mentirle.
- ¿Y por qué hablas así? —escupo y me enjuago.
- Masticaba algo. ¿En dónde estás tú?
- Ay reina, hay un atraso con las maletas, tendrás que esperar un tiempito más.
- Tranquila mami, estaré aquí.
- Te veo afuera —cuelga.
Respiro, me da tiempo de llegar y que no se dé cuenta que me quede dormida. Me ducho rápido y me visto con unos jean ajustados, un suéter y converse blancos. También aliste a coco, ayer contacte a una tienda y encargue una camisa que dice "Bienvenida abuela", anoche cuando llegue de la fiesta estaba el paquete en recepción.
En el camino me dispongo a recordar el día de ayer. Ese beso definitivamente me dejo noqueada, tal vez soy una estúpida por rechazarlo, pero ya pensare en que decisión tomar.
Después de unos minutos manejando, llego al aeropuerto y veo que mi mamá está afuera, oh oh.
No pierde de vista el auto mientras me estaciono cerca de la acera porque ya no tengo necesidad de ir a un estacionamiento. Bajo el vidrio y le muestro una sonrisa mostrando hasta mis muelas por la gracia que hice y donde acabo de ser descubierta. Me bajo con coco y me acerco a ella lentamente.
- Yo te parí acuérdate. Sabía que no estabas aquí — se lleva las manos a la cadera.
- Claro que si mamá, estaba dando una vuelta.
- Ada Isabell —me arrebata a coco de las manos — recoge la maleta.
- ¿Trajiste maleta? Solo serán dos días, además somos de la misma talla, puedes usar mi ropa —me ignora.
Monto la maleta en el maletero.
«Valga la redundancia»
Entro al auto y mamá está hablando por teléfono.
- Si amor estaré bien... lo sé, solo serán dos días... ¿seguridad para dos días? —me mira de reojos —hablamos ahora.
- Envíale saludos —nos ponemos en marcha.
- Ada te envía saludos...que el también hija...no yo te amo más —ruedo los ojos.
Después de otras líneas adolescentes cuelga.
- Pásame el salero en mi bolso.
- ¿Tienes un salero en tu bolso? —su cara es un poema.
Pero aun así la muy tonta busca en mi bolso.
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Dulce Infierno
Roman d'amourAda Woods esa mujer sin filtro que dice lo primero que le pase por la cabeza, es torpe como ella sola, habla hasta por los codos y está más dormida que despierta. Pero ante todo es fiel a su familia y a sus seres queridos. A sus 23 años se traslada...
