Capítulo 62.

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- ¿Quién cocino? -pregunta mi abuela cuando ya estamos todos sentados.
- ¿Por qué? -Le responde mamá.
- Porque está divino.
- Lo cocino Aaron. -responde mamá con orgullo.
- Divino como él. -escucho que Aaron se atraganta.
- Sigue. Dile lo que quieras, ya no te diré más nada. -me rindo.
- No te pongas celosa de esta vieja.
- ¿Y el abuelo?
- Aburrido como siempre.
- El abuelo no es aburrido, que tú quieras vivir tu vida al máximo es otra cosa.

De hecho el abuelo es la persona más divertida y dulce, el que lo conoce lo adora al instante.

- Para Navidad los quiero a todos juntos. -anuncia mamá.
- ¿Me quieres juntar con ese viejo?
- Si no tienes nada planeado, y quieres, serás bienvenido ese día Aaron.
- Aquí estará con gusto.

Automáticamente sonrío. Suena bien, una Navidad junto a Aaron, tendré que preguntarle si no tenía planeado nada, tampoco quiero que acepte por compromiso.

- Perfecto. Comenzaré a planear todo.
- Mamá, faltan dos semanas.
- Por eso tendrás que venir antes, necesitare ayuda. No tengo ningún problema de que invites a tu mamá, o a tu hermana Aaron.
- El grinch no puede estar en esta Navidad. -murmuro.
- Gracias, lo tomaré en cuenta.
- Serás mi regalo de Navidad.
- Bubu, no trates de robarme a mi novio.
- Respeta a tus mayores Ada, yo puedo hacer lo que quiera. -la abuela no tiene remedio. Sólo queda seguirle la corriente.
- Entonces te lo regalo. Eso sí, es exigente en el trabajo, no le gusta despertarse temprano y ronca, tu odias eso.
- ¿Y quién dijo que yo lo quiero para trabajar con él? O puede que sí, pero no en su oficina.
- Pero en la oficina se puede hacer muchas cosas abuela, no sólo trabajar. -Nos miramos, y sólo eso basta para que me entienda.

Nuestro objetivo: incomodar a Aaron.
El pobre se remueve en su asiento.

- Y con ese cuerpazo que tiene, tiene pinta de que te alza, te baja, te voltea, todo.
- ¿Sabes en donde es mejor usar ese cuerpazo? En el...
- ¡Basta las dos! Miren como tienen al pobre -habla mamá.

Lo miramos y tiene las palmas de su mano en la mesa, con los ojos bien abiertos. Las dos reímos a carcajadas.

- Ya, ya, es broma chiquitín. No te haré nada.
- Pero por si, pasará seguro a nuestra habitación. -palmeo su espalda.
- Y tu querido yerno -oh,oh, ahora es con Peter. -no te has estado portando mal en la oficina, ¿no? Echándole ojitos a las muchachitas.
- Para la única muchachita que tengo ojos es para Ada, y no del modo que preguntas.
- Buena respuesta, como siempre. Algún día, algún día conseguiré con que molestarte.
- Algún día. -Ríe con gracia. - cuéntame de Adrián hija, ¿no te ha molestado más?
- No, hasta los momentos no he tenido base para solicitar la renovación de la orden de alejamiento.
- Ese bastardo. Llegará el día en que me lo consiga, y lo juro por lo más sagrado que tengo, que es tu mamá...
- ¡Hey! Por mí no jures -bromea con la abuela.
- ...juro por ti entonces nieta. Juro por ti, que le arrancare las bolas y después el pene. Lo cocinare, y se lo daré de comer.
- No seas cochina Bubu.
- O mejor se lo doy a Aaron, con su cuerpo de escultura se encarga de él.
- Con gusto.

*
Estamos en la sala bebiendo vino y conversando cuando suena el timbre.

- Pequeña abre tú. De seguro es tu sorpresa. -la frunzo el ceño a mi mamá y me dirijo a la puerta.

Y que sorpresa. Está Alex, el guardaespaldas de mamá, tapa su rostro con el de su bebé y agita su manito saludándome.

- Que preciosuraaaaa. -Se la quitó de sus brazos - ¿Está preciosura la hiciste tú?
- Le doy el crédito a mi esposa -se hace a un lado y aparece ella, y sí que tiene todo el crédito.

«¿La estás viendo Ada? ¡Pero si se parece a mí!»

- Ada te presento a Anat, Anat ella es Ada, la hija de mi jefa. Y la pequeña Amaya.

Dulce Infierno Donde viven las historias. Descúbrelo ahora