Parada: ¡Pequeña London!
- Por favor detén el auto.
- ¿Seguro que no quieres regresar?
No le respondo porque ya estoy saliendo de la camioneta a vomitar. Gracias al cielo no paso tanto tiempo con nauseas, son pocas las veces, pero cuando sucede son fuertes y todo el día. Aaron automáticamente busca en mi bolso la botella de agua y la de enjuague bucal, ahora no salgo sin ellos.
- ¿Quieres seguir?
- Si, ya tenemos todo listo, cuando lleguemos y sepa podre vomitar libremente. —reímos y subimos a la camioneta de nuevo.
- Esta tremendo hoy, ¿no?
- Sí, no está a favor de salir.
- Escríbele a London diciéndole que estamos por llegar.
Saco mi celular del bolso y le escribo.
"Cuñada atractiva llegando"
"Cuñada re atractiva recibiendo mensaje"
- ¿Crees que gritara mucho?
- Gritara, correrá, te alzara y pare de contar.
- Bueno es la tía, no se lo puedo negar.
Aaron estaciona la camioneta, bajamos todas las cosas que necesitaremos y entramos al edificio.
- Estoy nerviosa. —le digo en el ascensor.
- ¿Por qué? Yo estoy feliz de que sepa ya.
- Yo también, pero eso no me quita el nerviosismo. —me atrae a su cuerpo acariciándome la barriga y dándome un beso en la cabeza, recuesto mi cabeza en su pecho y suspiro.
Tengo un blusón lo suficientemente ancho para que no se note la barriga, un short y converse blancos. El ascensor se detiene en el piso y caminamos, Aaron toca el timbre y esperamos a que abra.
Una contenta London nos abre, abrazándonos.
- Mi humor está mejorando.
- Mm, a alguien la dejaron de buen humor por aquí. —hablaba con London ayer y me comento que Nathan se había quedado.
- ¿Por mí? Ya yo sabía que mi presencia te alegraba, pero no tanto.
- Ya quisieras tú, toda una vida aguantándote, es normal para mí verte.
Terminamos de entrar y la no tan pequeña loba de London sale corriendo a olfatearnos, deduzco que olemos a Coco porque menea su cola sin parar.
- Hoy no te traje compañía pequeña. —me agacho para acariciarla.
- ¿Dónde me dejaste a Coco? —achina sus ojos hacia mí y me percato de que la camisa se me ajusto por agacharme.
- Haciendo algún desastre en la casa. ¿Para qué es todo eso que nos mandaste a comprar?
- Ah sí, es una práctica, tengo que presentarla mañana, serán los primeros en probarlo.
- Me siento dichosa.
- Por cierto, ¿cuánto es la cuenta de todo?
- Las gracias. —Aaron revuelve su cabello.
- No, en serio. —busca su monedero. —los hice comprar todo para mi práctica.
- Mujer cocíname y listo. —le habla su hermano, ella coloca sus manos en la cadera y le habla.
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Dulce Infierno
Lãng mạnAda Woods esa mujer sin filtro que dice lo primero que le pase por la cabeza, es torpe como ella sola, habla hasta por los codos y está más dormida que despierta. Pero ante todo es fiel a su familia y a sus seres queridos. A sus 23 años se traslada...
