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Me cuesta reconocer en donde estoy, hasta que pego mi rostro a la almohada aspirando el perfume de Aaron, me duele hasta el último cabello, anoche no sólo fue un round. A la hora de haberse dormido, me despertó recostándome su erección en el trasero y no me pude resistir. Nos dormimos; a las horas tuve un sueño húmedo con él, y si lo tengo al lado, ¿por qué no cumplir ese sueño? Lo desperté de lo más caliente, le bastó pestañear sólo dos veces para entender lo que pasaba.
Fue buena idea que no me dejara colocarme la pantis.
"Degenerada" Cleopatra está sentada leyendo la Biblia.
"¿La mojigata te dicen ahora?"
Aprovecho que estoy sola para levantarme e ir al baño. Me cepillo, hago mis necesidades porque estoy que reviento y me ducho. Me hago una coleta alta desordenada y salgo a acostarme de nuevo con otra camisa de Aaron. Enciendo la televisión para encontrar algo que ver, me da vergüenza salir sola para buscar a Aaron y encontrarme a alguien en esta facha.
Estoy con las piernas cruzadas casi durmiéndome de nuevo cuando escucho que abren la puerta.
¿Qué mejor vista que esta?
Tengo a Aaron al frente de mí con una bandeja y el desayuno en ella.
Llevo mis manos a mi nuca acomodándome más en la cama.
- Buenos días dormilona.
- Si, definitivamente te contratare.
- Aquí tienes el desayuno.
- ¿Tu o lo que llevas en la bandeja?
- Quien te ve, no pensaría lo insaciable que eres.
- Anoche descubrí, que cuando se trata de ti, claro que lo seré. Ahora ven, dame mi beso de buenos días, de buen provecho, y de buen domingo.
Se acerca y me da 4 besos.
- ¿Y el cuarto beso por qué?
- Por la buena noche que me diste —sonríe arrogante.
Nos sentamos en la cama y comenzamos a comer mientras hablamos.
- ¿Qué quieres hacer hoy?
He querido ir a un lugar desde que llegué a la ciudad y no he podido.
- Tu sólo déjamelo a mí.
- ¿Me tengo que preocupar?
- Yo nunca tengo malas ideas, por algo me propusiste trabajar contigo —le guiño el ojo exageradamente.
Me revuelve el cabello y se levanta con la bandeja.
- Vamos, yo lavo los platos.
- Tampoco es que tienes que hacer mucho con el lavavajillas.
- Lo sé, vi que tenías uno, por eso me ofrecí.
Bajo las escaleras ayudándolo con los cubiertos y platos, tengo que servirle la comida y el agua a Coco. Me frenó en seco cuando veo a Marta y London sentadas en la isla de la cocina.
- Vaya. Pero que buenos días, ¿no? — dice London burlona.
Sólo puedo pensar que debajo de esta camisa no tengo nada puesto.
- Buenos días pequeña London.
- ¿Cómo amanecieron?
- ¿No ves mi niña? Bien. Ni necesitaron de mi para el desayuno. Buenos días querida.
- Buenos días Marta —estoy rodeada de mujeres indiscretas, está es la historia de mi vida con Holly.
Voy a donde tengo el bolso de Coco y saco sus cosas.
- ¿Trajiste a Coco? —pregunta London con los ojos bien abiertos.
- Si, lo dejamos en el cuarto de arriba —responde su hermano.
Se baja y me quita el bolso de la mano, sube corriendo.
- Se me adelantó, voy con Coco. Por mi parte la cocina cerró, ya me di cuenta que no necesitan de mi ayuda, ustedes ven que hacen.
- Pobre de mí Coco.
Limpiamos todo y ordenamos la cocina, aunque tampoco fue mucho el desastre que hizo Aaron, es más ordenado que yo.
Subimos a vestirnos. En el baño saco mi estuche de maquillaje y los piercing de los pezones casi se me van por el lavamanos, me los quite porque está por venirme la menstruación y tengo los senos sensibles, Aaron aún no me los ha visto.
Termino de arreglarme y salgo a la habitación. Aaron como se vista luce apuesto.
- ¿Estoy bien para la ocasión? Pensándolo bien, siempre eres tu quien me lleva a citas.
- ¿Merezco una buena recompensa no?
- Y la tendrás —me toma por la cintura y me besa.
Me deja con las piernas temblando, y con ganas de más.
- Si seguimos así, haremos mi plan y no el tuyo.
- Vámonos, pienso lo mismo.
En el garaje Aaron se va a subir del lado del conductor.
- Hey, hey. ¿Qué crees que haces?
- Subirme a mi auto.
- No, no, no —extiendo mi mano para que me entregue las llaves — yo manejo.
- ¿Crees que manejaras mi camioneta?
- Tengo que manejar yo, tú no sabes a dónde vamos.
- Tú me guías entonces.
- Aaronnnn.
- ¿Y si le haces algo a mi auto? No.
- Amorrrrrr —uso la táctica del sobrenombre como manipulación y me guindo en su cuello haciéndole un pequeño puchero.
El mira detrás de mi espalda y suspira.
- ¿Cómo negarme si me dices así? —sonrió con suficiencia y lo beso.
- Vamos —me da una nalgada antes de subirme al volante —prometo que la pasaremos bien.
- Y no me creí ese amor —le muestro mi mejor sonrisa angelical.
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Dulce Infierno
RomantikAda Woods esa mujer sin filtro que dice lo primero que le pase por la cabeza, es torpe como ella sola, habla hasta por los codos y está más dormida que despierta. Pero ante todo es fiel a su familia y a sus seres queridos. A sus 23 años se traslada...
