Capítulo 57.

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- ¿Así es la cuestión entonces?

Estoy sentada y no dejo de mover mi pierna de arriba, abajo, mientras me muerdo la uña del pulgar.

- Entiende, no fui yo la de la idea.
- Pero la aceptaste.

Me siento como cuando era niña, donde mi mamá me sentaba a regañarme.

- Muy mal lo que me hiciste Ada.

Mi corazón se estruja.

5 segundos después suelta una carcajada y yo quedo confundida.

- ¿De que te ríes?
- Mira tu cara — sigue riendo y le lanzo un bolígrafo — ya, ya. No tengo ningún problema que trabajes con Aaron, yo ya soy jefe de este piso, tú allá arriba tendrás más oportunidades.
- Te odio Jorsh. Pensé que estabas molesto de verdad.
- Me duele, porque nunca había tenido una compañera tan buena en su trabajo, pero todo sea por el bien de la empresa.

Ya estoy en el trabajo, Aaron se inventó un cuento de que como no dormimos juntos anoche, tenía que venirme con el hoy, y la verdad es que con el no me hago de rogar. El subió directo a su oficina porque tenía una reunión, yo tengo que recoger mis cosas y llevarlas arriba.

Los dolores de vientre ya cesaron, sólo es el primer día, pero esta menstruación me llegó con depresión, anoche antes de dormirme vi una película y lloraba como una desquiciada sin sentido, por eso me creí lo de Jorsh.

- Esos no son juegos.
- Cuando te canses de ese bastardo, puedes hacer el cambio de regreso, no hay problema.

«¿Tu crees que te puedas cansar? Porque yo no» Ahí está Cleopatra, observando una foto de Aaron mientras suspira.

- Lo sé. Cuando no esté cargada de trabajo me tendrás por aquí molestándote.

No son muchas las cosas que tengo que recoger de mi oficina, ya que en la de Aaron tengo igual o hasta más materiales. Camino al ascensor con mi pequeña caja y Jorsh sale de su oficina.

- Ven y te ayudo con esa caja. ¿Ada, ya sólo te queda la mitad de canasta?

Me la obsequió cuando estaba por venirme la menstruación, tenía  ansiedad, y ni cuenta me di cuando me la comí.

- ¿Es para comérsela no?
- Eres una amenaza con el chocolate.

Entramos al ascensor privado y el marca el código, me da un abrazo y sale. No tengo porque estar nerviosa, ya he trabajado con Aaron, pero lo estoy. No se si es porque ahora tenemos lo nuestro definido, y tengo el temor de que algún problema en el trabajo nos afecte.

Llego al último piso y en recepción está Aaron con unos papeles en la mano hablando con Amanda, me ve y se le suaviza el rostro, yo le sonrío, se da cuenta de que Amanda lo está observando y vuelve a su faceta de empresario amargado.

- Buenos días — me anuncio.
- Buenos días — Amanda me ve de pie a cabeza y yo le sonrío.
-Ada se traslada a mi oficina, ahora será de ella también — veo como Amanda abre sus ojos, luego me da una sonrisa hipócrita.
- Felicitaciones.
- Gracias.
- Vamos a mi oficina.

Entramos, y apenas cierra la puerta me toma de la cintura dándome un beso.

- Hola a ti de nuevo.
- Bienvenida a mi oficina.
- Ya yo he estado aquí.
- Si, pero no como mi novia.
-¿Y qué tiene de diferencia?
- ¿Quieres saber?

Nos acercamos a su escritorio y deja mi pequeña caja ahí, se inclina y me arrincona colocando sus dos brazos al rededor de mi. Comienza con sus besos por el hombro, rueda la pequeña tira del vestido y yo carraspeo.

Dulce Infierno Donde viven las historias. Descúbrelo ahora