Capítulo 02: Una noche inesperada.

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Capítulo 02: Una noche inesperada.

Marzo 14 de 1899

Hay una línea fina entre la vida y la muerte, es en ese punto donde está mi corazón latente. Sus latidos son tan lentos que cualquiera pensaría que estoy muerta... Aunque lo estoy. Pero entonces, no me explico qué sucedió hace unos días, por qué de pronto mi corazón se aceleró desbocado al ver a ese hombre, porque me sentí hundir cuando vi su rostro.

Todo es tan confuso.

— Ese hombre es un badulaque, me opondré a esa boda. — observo a mujeres y niños danzando en plena plaza riendo y cantando con las celebraciones de hoy en día. — Audrey, no me estás prestando atención.

Siento que alguien me sacude y es entonces que regreso mi atención a Sabina, mi buena y dramática amiga.

— Estás muy distraída Audrey, ¿Qué ha sucedido? — parpadeo un par de veces y sonrío.

— ¿Qué podría suceder Sabina? Sabes que los días en este pueblo son tan aburridos como lo es Irina. — ella suelta una risita y niega con la cabeza.

— A mí no me engañas. Te sucede algo, primero quisiste venir al pueblo, a plena luz del día y has estado mirando a cada persona que está en el camino.

— Estoy buscando a mi próxima víctima. — Sabina gruñe y entrecierra sus ojos.

Ella me conocía muy bien, mejor que cualquiera diría, y es que nuestra amistad iba más allá de los años. La he visto caerse rendida y levantarse, conozco sus mayores atrocidades, sus perversidades y aquella obsesión por enamorarse de verdad.

Así que nuestra amistad era fuerte, yo conocía todo de ella y ella todo de mí. Sin embargo, había algo dentro de mí que me impedía hablarle sobre aquel granjero que ahora trataba de buscar entre todas las personas.

— Aquí está bien. — ordena Sabina.

Los guardias nos ayudan a bajar del carruaje y ambas entramos al sastre.

— Princesa, duquesa. — el sastre se inclina y nosotras flexionamos las piernas sonriendo.

— Quisiera un nuevo vestido, será tema primaveral así que lo necesito con muchos bordados... — le doy las indicaciones de que es lo que quiero mientras él apunta cada cosa con su pluma.

— Permítame tomarle las medidas. — asiento dándole una mirada de advertencia a Sabina, ella observa fijamente al ayudante del sastre, un joven apuesto y rubio que ha quedado impresionado por su belleza.

Lo que no logro descifrar es si ella lo ve como su próximo amorío o como comida.

— ¿Lo quiere pomposo, con un enagua de crin de caballo y armazón metálico?

— No, no, deseo que sea sencillo y largo. Sin pomposidades. — El hombre asiente y se mete detrás de su estante.

Regreso mi atención a Sabina quien rápidamente ha entablado una conversación con el muchacho.

— Ustedes son real... mente... bellas. — titubea él. Sabina está por responder pero yo me adelanto.

— Lo somos. Está en nuestros genes ser bellas. — sonrío aún más, él mantiene la cabeza gacha sabe que es una falta de respeto mirarnos fijamente a los ojos.

— Nunca pensé hablar con alguien de la realeza de Bran. — suspira y pongo los ojos en blanco dándome aire con el abanico.

— Es porque no solemos visitar el pueblo tan seguido. La princesa tuvo la necesidad de venir hasta aquí. — Sabina enarca una ceja y rio para mis adentros.

El Despertar de AudreyHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora