Capítulo 23: Despertando a un demonio.
Sábado 09 de septiembre, 2017
Darien
No sé en qué estoy más perdido. Si en la profundidad de sus ojos, en la dulzura de su boca o simplemente en ese cuerpo maravilloso que se acopla al mío perfectamente.
No debería sentirse así, porque se siente irreal, como si nunca antes hubiese sabido lo que es estar con una mujer hasta ahora. Me cuesta tanto contenerme mientras escucho sus gemidos y sus jadeos, entro y salgo de ella siendo la sensación más placentera por la que he pasado alguna vez. Es la tercera vez que voy a venirme, y no se si no estar protegiéndome aumenta el deseo y la adrenalina en mi cuerpo, pero Audrey se siente fenomenal, tan estrecha y cálida por dentro, sus tetas rebotan y yo me hundo en ella mientras la mordisqueo y gruño de placer susurrando su nombre en leves gemidos cuando me corro.
Ella descansa su frente sobre mi hombro, estoy tan sudado, y ella tan maldita y sexualmente perfecta. No quiero abandonar su interior, pero debo hacerlo para limpiarme. La beso una última vez y la dejo descansar en la cama, tiene los labios tan rosados, esas hermosas pecas que se ven como manchitas en la oscuridad.
Cuando regreso del baño, Audrey está profundamente dormida, los labios levemente entreabiertos, sus parpados descansando. Me coloco un bóxer y me meto a la cama con ella. Se remueve y se acerca más a mí para abrazarme el torso desnudo. Mis dedos se entierran en las hebras de su cabello rubio y siento que estoy soñando.
Hace unas horas estaba confundido, no por lo que respecta a ella, si no, por mí mismo. No había querido decirle lo de la fiesta porque sabía lo que Brandon y todos los demás pensaban, y hacerles entender que quería empezar algo nuevo con Audrey era un poco difícil.
Lo último que imaginé fue que ella aparecería con Harry, el muy cabrón la invitó a salir por más que le advertí que no se le acercara. Harry puede ser muy insistente cuando le gusta una chica o cuando se propone algo y en este caso al parecer quiere y desea tanto a Audrey como yo a ella, la diferencia es que ella me corresponde a mí, solo a mí, y así quiero que sea.
Suspiro y cierro los ojos teniendo esa hermosa imagen en la cabeza, teniendo a Audrey en mis pensamientos.
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Una vez más, me encuentro en este extenso campo, las flores, el aire puro, todo se siente tan familiar que me sorprende no haber venido nunca. Mis sueños siempre resultan extraños, pero este lugar... Este lugar siempre está en mis sueños.
Escucho una risa, el sonido es particularmente conocido y sé cómo termina esto, siempre a la mujer de donde proviene aquella risa y nunca logro encontrarla.
— Darío. — pronuncia y por alguna extraña razón, sé que se trata de mí, que ella me está llamando. — A que no me encuentras.
— ¿Dónde estás? — grito mirando a todos lados y mis pies empiezan a moverse, a correr a toda velocidad como si levitara, sin pisar el suelo. — ¡Hey! — grito.
Su voz, yo reconozco esa voz, pero... ¿De dónde?
Entonces la veo, su silueta aparece y desaparece, su cabellera rubia se tamborilea con forme se esconde y voy tras ella, esta vez no puede desaparecer, esta vez debo encontrarla.
— Hey, espera. — intento.
— Ven por mi Darío. — suelta una risita contagiosa. Y esta vez lo hago más rápido, la velocidad que uso es sobrehumana, mis pies no se detienen y su olor, ese olor tan peculiar lo busco y me sirve de guía. Siento el pasto bajo mis pies y el fuerte viento corta mi piel, pero no sangra, sé que estoy cerca y escucho sus murmullos a corta distancia.
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El Despertar de Audrey
VampireHan pasado ciento dieciocho años, más de un siglo en el que permanecí dormida, sin sentir aquel dolor que me embargo por mucho tiempo, dejando que el tiempo transcurriera, que los años pasaran por encima de mi hasta el día de mi despertar. Pero n...
